Futuro 10.0, un paseo de teatro puro por el siglo XXIII

Este show es un compendio de cinco pequeñas obras que fueron representadas por separado en el novedoso proyecto 'Microteatro por dinero'.

03/02/2012 - Paz Quintero | Madrid Cáscara Amarga fue anoche invitado de excepción en el estreno de la obra Futuro 10.0, espectáculo dirigido por Chos y que podéis ver en Garaje Lumière, Madrid. Este show es un compendio de cinco pequeñas obras que fueron representadas por separado en el novedoso proyecto Microteatro por dinero, con un resultado excelente. Ahora lo podemos disfrutar como un espectáculo completo con un nexo de unión: ¿cómo será nuestro futuro?

El show arranca con la bienvenida de 28-02-76-P, una maestra de ceremonias ciberpunk, interpretada por la carismática Cristina Serrato encargada de dirigirnos en ese paseo futurista por lo que podría ser (y ojalá no sea) nuestro siglo XXIII. La actriz se ganó al público desde el minuto uno, haciéndole partícipe de sus bromas y cómplice de aquellos consejos que su personaje trata de dar para evitar que volvamos a cometer los errores que cambiarán nuestra historia.

Primera parada. Magisterio 10.0. Asistimos al proceso de selección “cotidiano” de los profesores del futuro. En una competición rocambolesca (y cargada referencias pop), dos postulantes chapadas a la antigua competirán con una aspirante hecha en la era moderna, ésa en la que los libros han pasado a la historia y todo se almacena a golpe de click. Tres sillas, tres actrices y una pistola. Humor a raudales servido de la mano de las geniales Luria López, Rocío Marín y Virginia Riezo.

El sexo, ese tema que a todos interesa, tiene también su espacio en el futuro. Las relaciones se han hecho completamente cibernéticas en Sexo 10.0. Todos hemos sido alienados hasta el punto de no saber si somos robots o humanos. Pero seguimos buscando ese resquicio de cariño, de ternura, de compañía y de calor que jamás obtendremos de los circuitos de un teclado de ordenador. Las entrañables Adriana Torrebejano y Silvia Alonso, a quienes conocemos por sus roles en la serie de televisión Tierra de Lobos, consiguen que nos riamos de los tópicos y nos demuestran que la necesidad de amar y ser amados seguirá existiendo a pesar del tiempo. En sus personajes, casi autómatas, surgirá la chispa del amor, hasta el punto de querer romper las barreras impuestas por la sociedad de la época. Valientemente decidirán abandonar su anonimato virtual para poder sentir por primera vez la emoción del contacto real.

Para nuestra sorpresa, también encontraremos un hueco para la crítica directa de nuestro presente. El siglo XXI no se olvida tan fácilmente… Mauricio Bautista y Berta Hernández están presentes para recordárnoslo con muchísima ironía, a través de un vuelo touroperado a Pasado 10.0. He de destacar la gran actuación de ambos actores durante su intervención, que provocaron sonoras carcajadas entre los espectadores gracias al dominio de los tiempos de la comedia. Sin duda, ellos nos dejan bien claro que los sentimientos más primarios son inmunes al paso de los siglos.

La sorpresa de la noche fue para mí 18 c – 18 d. El texto más duro y demoledor de todos. Una pequeña pieza que golpea en la boca del estómago, por esos impresionantes Iván Gallego e Inma Cuevas, a quien ya había visto en obras como Mi primera vez. Recuerdo haberme reído durante todo el espectáculo y haberme emocionado con este parón en seco que es asistir a la vida cotidiana de un cementerio. Los parlamentos que ambos me sonsacaron preguntas incómodas y pensamientos que, personalmente, me pusieron los vellos de punta. La risa inocente, dulce y melancólica de la chica que nos acompaña bajo la lápida, una lápida que todos llegamos a sentir como nuestra con el transcurrir de los minutos, no os dejará indiferentes.

Con Trabajo 10.0 se cierra esta visión tan peculiar del porvenir. De nuevo una comedia tremenda. Raquel Pérez y Teresa Rivera nos van preparando para el modo de vida que nos espera: la comida prefabricada que comeremos, las consecuencias de la carrera nuclear y los nuevos valores, esos que nos inculcarán las ideologías totalitarias y fanáticas. A destacar la coreografía tremenda que todos los actores del reparto hacen a la vez y que, directamente me hizo llorar de la risa.

Todo esto en una hora y cuarto que se pasa volando y termina con buena música. La música que amamos y conocemos todos. La intemporal Madonna.
Para los que quieran saber lo que les depara el siglo próximo, no pueden perderse una obra que no necesita de grandes escenarios y complicadas escenografías. Futuro 10.0 es teatro puro.

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