Heliogábalo, emperador y homosexual

Nombrado César con tan sólo 14 años, su reinado estuvo marcado por una revolución que acabó con los tabúes sexuales y por cambiar las costumbres religiosas. La oposición de sus enemigos y su carácter liberal urdió una leyenda que aún hoy crea debate.

HeliogábaloHablar de la homosexualidad en la Edad Antigua no es algo nuevo; ni siquiera entre los césares romanos. De hecho, es conocida la relación del famoso emperador Adriano con su esclavo Antinoo en Egipto, al que se divinizó tras su temprana muerte. Está claro que la sexualidad en el mundo antiguo, y más concretamente en Grecia y Roma, era considerada de una manera muy distinta a como la ve hoy en día por parte de la sociedad. Aquí, los términos homosexualidad o heterosexualidad no existían.

No obstante, se consideraba legalmente a la homosexualidad un comportamiento, como mínimo, inadecuado. Aunque en la práctica estas leyes no eran aplicadas y probablemente ni siquiera eran tomadas en serio. Se consideraba mucho más grave y trasgresor que una mujer fuera infiel a su marido (no hay que olvidar que la cultura romana era manifiestamente machista). Así pues no debe sorprendernos que los emperadores romanos mantuvieran relaciones homosexuales. Esto ocurre con Adriano, Calígula o Julio César, por poner unos ejemplos.

Uno de los emperadores más abiertamente homosexuales fue Heliogábalo. Se trata de un César que pertenece a la dinastía de los Severos. Tuvo un reinado bastante corto, cuatro años, entre el 218 y 222 d.C. hasta que fue asesinado por su guardia pretoriana tras una intriga palaciega.

Su reinado estuvo marcado por el aperturismo cultural y la renovación de las tradiciones romanas, en particular las religiosas. Esto le acarreó numerosos enemigos. Entre las medidas que tomó estuvo reemplazar al Dios Júpiter, cabeza del panteón romano, por un nuevo dios llamado Deus Sol Invictus, quien introducía nuevas costumbres procedentes del Mediterráneo Oriental. Se obligó a las élites romanas a participar en los ritos en honor a esta nueva deidad, lo que provocó un escándalo en la sociedad romana más conservadora.

En medio de esta oposición tradicionalista, la guardia pretoriana fue comprada por los senadores más influyentes. Su misma abuela urdió la trama. Así pues, con tan sólo 18 años, los legionarios le asesinaron. A partir de entonces la leyenda de Heliogábalo creció vilipendiada y exagerada por sus sucesores y opositores políticos, acusándole de excéntrico, decadente y fanático religioso.

Esta historiografía; mitad leyenda, mitad verdad; nos muestra al César Heliogábalo como un lascivo homosexual cuyo mayor placer era ser penetrado por hombres bien dotados. De hecho, esta obsesión sexual por el tamaño hizo que él mismo ordenara poner una terma (baño público) en el palacio para poder ver los atributos de los romanos que pasaran por allí. Lo mismo ocurría en otros baños públicos y eventos atléticos, donde sus agentes imperiales observaban y luego mandaban a palacio jóvenes que reunían los requisitos de tamaño exigidos por el emperador.

Todo ello se realizaba, evidentemente, con dinero público, siendo utilizado por muchos para ascender de manera rápida, consiguiendo así los honores del emperador en virtud a sus "favores" sexuales.

Otra de las críticas que se le hizo, haciendo alarde de su "depravación", era la de aparecer en público vestido de mujer. Lo que, como hemos dicho antes, en una sociedad tan machista como la romana resultaba tremendamente ofensivo. Se afirma que llegaba a exigir que se dirigiesen a él como "señora", e incluso convocó a los médicos más destacados del imperio para que le practicaran una operación de cambio de sexo. Aunque los resultados con esclavos y condenados no fueron nada halagüeños. Sin embargo, la realidad es que se casó cinco veces durante su reinado (con mujeres, claro) y se acostó con un gran número de prostitutas.

Entre los amantes masculinos más conocidos destaca Hierocles, el más famoso de sus aurigas (hombre que gobernaba a los caballos en las carreras de carros). La historia cuenta que le ofreció nombrarle emperador, pasando a ser él mismo "la emperatriz".

Todas estas fábulas, sean verdad o ficción, terminaron con el complot hacia su persona y su posterior asesinato. Su cuerpo inerte, así como el de su madre, fueron arrastrados por las calles de Roma y luego arrojados al río Tíber. Otros estrechos colaboradoras fueron asesinados en los días siguientes, como su amante Hierocles.

Tras morir, su primo, Alejandro Severo, le reemplazó como Emperador. Éste es conocido por ser un gobernante que retomó las tradiciones anteriores al reinado de Heliogábalo, decretando sobre él una damnatio memoriae, es decir, que su memoria pública fuese borrada de la historia de Roma por ser considerada ultrajante y vergonzosa.

 

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