La trastienda del porno amateur

  • El documental 'Hot Girls Wanted' muestra sin tapujos la industria del 'reality porn' que utiliza jovencitas ávidas de fama y dinero.
  • A muchas de ellas les ofrecerán 100 dólares extra si ruedan escenas sin condón y más de 40 aceptarán tomando la pastilla del día después.

porn amateurEn la actualidad, las páginas porno de Internet reciben más visitas que Twitter, Netflix y Amazon juntas. Otro aspecto importante: el 30 % de los datos que se transfieren por la red son de carácter pornográfico.

Es indudable que la demanda crece y los contenidos deben renovarse continuamente, de ahí que los rostros y cuerpos que se exhiben sean reemplazados cada poco tiempo.

El documental “Hot Girls Wanted”, producido por Rashida Jones y dirigido por Ronna Gradus y Jill Bauer, se estrenó en el pasado Festival de Sundance y no dejó indiferente a nadie. Habla de la industria del “reality porn”, una auténtica trituradora de carne fresca, sobre todo chicas entre 18 y 21 años que solo buscan fama, dinero fácil y miles de seguidores en Twitter, que no quieren saber nada de trabajos que hacen otras chicas de su edad por seis dólares la hora.

Riley Reynolds es el encargado de recoger a las chicas nuevas en el aeropuerto de Miami, trabaja para “Hussie Models”, la agencia encargada de aportar caras nuevas a las productoras de cine porno. El procedimiento de captación es muy sencillo. En Internet pone un anuncio donde ofrece vuelos gratis a Miami a chicas guapas que deseen trabajar en el cine para adultos.

El proceso de selección se basa exclusivamente en las fotos que deben adjuntar las candidatas y que respondan al perfil de “vecinita” tan perseguido por este tipo de cine, es decir, rostro angelical, culo firme y buenos pechos. A las seis horas de colocar el anuncio tendrá cuatro o cinco respuestas de chicas que acaban de terminar el instituto deseosas de volar a la costa Este y comenzar lo que en principio creen que será una carrera exitosa en el cine porno.

La realidad de un “reality porn”

Reynolds asegura que no hay ni trampa ni cartón. Él acoge a las chicas en una casa grande, con cinco habitaciones, jardín y piscina y ellas le pagan el alquiler, los gastos y un 10 % de sus ganancias, a cambio de trabajar en varias películas. El resultado siempre es el mismo. En un período de seis meses como máximo, la mayoría de estas chicas se marchará con 30.000 dólares en el bolsillo y una experiencia que no olvidarán.

¿Qué ocurre con su supuesta carrera en el cine porno?

¿Qué ocurre con su supuesta carrera en el cine porno? Durante los primeros meses explotarán su faceta de colegiala inexperta, virgen, o niña tonta hasta que su rostro ya sea conocido y llegue el momento de renovarlo. Si desean continuar en la industria y ganar más dinero, tendrán que rodar escenas mucho más fuertes: asfixia, bondage, bukkakes, tragarse su propio vómito tras una felación, etc. A muchas de ellas les ofrecerán 100 dólares extra si ruedan escenas sin condón y más de 40 aceptarán tomando la pastilla del día después.

Normalmente, según lo que nos muestra el film, las chicas llegan con muchas ganas de conquistar la fama, aunque la mayoría volverán a su ciudad de origen con una opinión muy distinta. Una de las chicas, al poco de llegar a Miami, se ríe de lo duro que trabajaron sus padres, reniega de la universidad y adora su nueva vida porque va a fiestas increíbles y monta en coches de lujo. Sin embargo tres meses después reconocerá que siempre rueda la misma escena y que solo importa “que tengas un culo, tetas y vagina”.

Críticas al documental

Después del estreno fueron muchas las voces críticas del documental que afirmaban ser demasiado condescendiente y con una excesiva satanización de la industria del porno, cuando en realidad las chicas saben perfectamente a lo que se exponen. Las directoras defienden el film como una obra contra la desprotección laboral y no contra la industria pornográfica e inciden en que la legalidad dentro de la profesión no se aplica de igual forma en los contenidos dirigidos a la red.

“En EE UU siempre hay una chica que cumple 18 años y quiere ser famosa”

Gradus y Bauer han hecho un perfil sociológico de estas chicas pertenecientes a la Generación XXX que nunca han conocido una vida sin Internet, han crecido expuestas al contenido sexual hardcore y han visto cómo Kim Kardashian se hizo famosa por filtrar una cinta porno propia, o cómo Miley Cyrus pasó de ser un ídolo infantil a un icono sexual. Según las directoras, esto alimenta la fantasía de estas chicas que relacionan la fama con el hecho de disponer de una cinta porno como si fuera su book de presentación.

Después de la experiencia, muchas chicas reconocen que si hubieran tenido dos años más no hubieran tomado la decisión de embarcarse en la aventura del porno. Quizá por eso la industria se fija solo en chicas entre 18 y 21 años. Reynolds, que se define ante la cámara como “el típico loser de instituto al que hacían bullying y ahora es un triunfador”, dice una frase esclarecedora sobre la industria pornográfica: “En EE UU siempre hay una chica que cumple 18 años y quiere ser famosa”, y lo cierto es que desde el estreno del documental, Riley tuvo que habilitar una segunda casa para alojar a las chicas nuevas que querían triunfar en el negocio.
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