‘Azul y no tan rosa’, el renacer del cine venezolano

La película venezolana que se está convirtiendo en todo un éxito.

azul-y-no-tan-rosa12/12/2012 - Alberto Fuentes-Lojo Una de las mentes más privilegiadas de la historia, Albert Einstein, una vez dijo que  “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Pues bien, sin ánimo de contrariar a un genio como nuestro amigo Albert, podemos decir que en su cita se ha dejado al motor del mundo, aquel sentimiento que mueve a las personas: el amor. El amor es infinito porque no tiene límites, porque no atiende a razones y es irrefrenable.

Todo en la última, y a su vez primera, película del director Miguel Ferrari, gira alrededor de este axioma. En el film Azul y no tan rosa se nos cuenta el drama de Diego, un fotógrafo homosexual que ve cómo su vida da un vuelco con la brutal paliza que le propinan a su novio Fabrizio y con la aparición de su hijo Armando, del que hacía años que no sabía de él. En este drama con tintes cómicos la intención del director es hacer ver que el amor es como una paleta cromática, en la que hay todo tipo de matices y contrastes de bella factura. El espectador saldrá de la sala con la complaciente sensación de que cada uno es dueño de su vida, que ama y hace lo que le venga en gana, sin tener que ser discriminado por ello.

Aplicándose el cuento, Ferrari no delimita el público de su exitoso largometraje. No quiere enfocar su historia, única y exclusivamente, hacia el colectivo gay, sino que se dirige a todo el público en general transmitiendo un mensaje de aceptación y tolerancia. La temática del film también desemboca en otras vertientes, tales como la familia, la transexualidad o la amistad.

La película le puede gustar al que siente predilección por el color azul, tanto o más, como al que la tiene por el rosa. Porque para gustos, los colores.