'Keep the lights on', la pelicula gay del verano

Keep the lights on, a punto de ser estrenada en nuestras carteleras, es una historia de amor, sexo, drogas y desamor protagonizada por dos jóvenes neoyorkinos vinculados al mundo del arte y las leyes que ven como el paso del tiempo deteriora su intensa y dolorida relación.

16/07/2013 - Eduardo Nabal A diferencia de Weekend –con la que tiene poco o nada tiene que ver pero con la que va a ser inevitablemente comparada– Keep the lights on es una película incómoda. Incomoda porque nos habla del deterioro de los lazos afectivos y también de la vida de dos personas nada comunes ni, a pesar de las apariencias, estables ni adaptaoas al entorno. Keep the lights on se ha alzado con el prestigioso premio Teddy en el festival de Berlín y su mezcla de erotismo sin tapujos y sensibilidad, de dureza y ternura han cautivado al público internacional.

El último y mejor filme de Ira Sachs es una historia sobre el paso del tiempo y la pareja como trampa o tabla de salvación. Como en su anterior filme Sachs muestra como el amor no ofrece seguridad y como la vida conyugal puede ser tan compleja como la soledad. También nos habla sin tópicos de las parejas abiertas, los encuentros casuales, la doble vida o el VIH. Basada en la autobiografía del director Portrait of an Addict as a Young Man es una odisea urbanita acompañada de una melancolica y desgarrada partitura experimental del fallecido Arthur Rusell. El desamor y la dependencia entre dos hombres de caracteres diferentes pero un tanto enfrentados a sí mismos y a la distancia entre sus aspiraciones y sus verdaderos logros. La otra gran protagonista del filme es la ciudad de Nueva York, fotografiada con esos tonos serios y algo melancólicos de Shame de Steve McQueen y el deambular de los personajes en busca de experiencias nuevas y oportunidades perdidas acompañados de la cámara alternativamente invisible y crispada de Sachs. 

El gran mérito del filme es la descarnada sinceridad que pone en boca de los diálogos inteligentes entre la pareja protagonista que muchas veces no se corresponden con sus acciones impulsivas o sus reacciones contradictorias. Keep the lights on incluye el tema de las drogas con naturalidad en la vida de estos dos urbanitas sin remedio unidos por la pasión y una íntima comunicación –mostrada con impúdica cercanía– y separados por el paso de las décadas que convierten su idilio en un peculiar campo de batalla. Keep the lights on se atreve a mostrar la crueldad y el desamparo que también pueden habitar en las relaciones humanas entre dos personas del mismo sexo.

La narrativa es ágil, el tono tal vez algo frío, pero la conmovedora interpretación de Thure Lindhardt como el aparentemente frágil y aniñado Erik, realizador de documentales, y de Zacahry Botth como Paul, un joven abogado en el armario y con una fuerte adicción a las drogas, nos acaban situando en un terreno de complejidad emocional y distanciamiento progresivo que, con mirada incisiva, acaba mostrando la dureza de la vida urbana moderna y la erosión del paso del tiempo sobre su turbulenta convivencia.

Un filme duro, polémico y tierno a la vez, donde no falta el humor, la sensualidad y el desparpajo pero que deja una honda sensación de tristeza, una tristeza mucho más seca y polvorienta que la de la refinada Weekend, situándose en un terreno universal acerca de la dificultad de comunicación entre los seres humanos y la dificultad por enfrentarse a sus propias contradicciones existenciales. Una de las grandes películas estadounidenses del año que no llegará a todas las carteleras ni a todas las ciudades porque, en muchos lugares, las luces no se mantienen encendidas.

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