La novela gráfica que rinde tributo a la primera generación que luchó contra el sida

'Trapicheos en la Segunda Avenida' plasma la primera época de esta batalla emprendida por los «marginados sociales».

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Dos Bigotes publica por primera vez en castellano la novela gráfica Trapicheos en la Segunda Avenida, un sincero y conmovedor tributo a la primera generación que hizo frente al sida, escrita por Joyce Brabner e ilustrada por el laureado dibujante Mark Zingarelli.

Premiada en los Lambda Literary Awards 2015, cuenta la historia real de un grupo de artistas y activistas que vivieron en Nueva York a principios de los años ochenta y que se colocaron en primera línea de la lucha contra el sida al partir hacia la frontera mexicana decididos a salvar a sus amigos mediante el contrabando de un medicamento experimental ilegal en Estados Unidos.

Muchos veían morir a sus amigos a causa de «la plaga»

Trapicheos en la Segunda Avenida plasma la primera época de esta batalla emprendida por los «marginados sociales»; una «pandilla de inadaptados» que no dudaron en cuidarse entre ellos mientras parte de la comunidad médica, la Iglesia y el gobierno les daba la espalda.

No hace tanto de esto. Por entonces corrían rumores sobre erróneas formas de contagio y todos miraban hacia los homosexuales; los diagnósticos resultaban dudosos y los primeros fármacos inservibles. Muchos veían morir a sus amigos a causa de «la plaga», que se transformó en una segunda condena social sumada a la orientación sexual de la mayor parte de los primeros infectados.

Esta es la historia que precede a los lazos rojos y a las numerosas manifestaciones; un testimonio relatado desde la intimidad de un grupo de amigos que, en su afán de dar con la cura de la enfermedad, no vacilaron en llegar a un trato con la mafia, en disfrazarse para maquillar su identidad, en subirse a una furgoneta digna de El Equipo A y partir así hacia la frontera mexicana. Se sucederían varias excursiones hasta que, por fin, en 1987 la investigación médica comenzó a dar un giro, ya que, según una de las protagonistas de la novela, empezaron a darse cuenta de que no se trataba «solo de una enfermedad de maricas».

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