Pablo Simonetti: "En Chile ahora vamos más rápidos en materia LGTB"

Jardín, la última novela del escritor chileno muestra a una viuda de 76 años que se enfrenta a la decisión de vender su casa, el hogar que compartió durante 40 años junto a su esposo, y su jardín, su principal motivo de orgullo.

¿Cómo un día decides ponerte a escribir sobre herencias?

pablo simonettiUn día me llamó un amigo, que tiene un taller en la misma calle en que yo había vivido, y me dijo que estaban derribando la casa de mi infancia. Y la verdad es que me quedé muy impresionado. Entre que la tenía olvidada, y más que me hubiera gustado tenerla, me impactó. Esa noche otro amigo me comentó que fue a ver una representación del Jardín de los Cerezos de Chéjov y me estuvo contando la obra, que venía muy al caso con las herencias. Al día siguiente tuve una pelea, no muy fuerte pero sí muy rabiosa, con mi hermano. Esas tres cosas se reunieron para hacer la trama de la obra. Y además, esa cabeza de lanza está aderezada con la venta de la casa de mi madre.

¿Una novela de autoficción?

Sí, se podría decir que sí. Hay una frase de la escritora Eudora Welty que me gusta mucho: “me gusta confrontar una experiencia y transformarla en arte”. Es lo que he intentado hacer en esta novela.

¿A todas las familias les ocurre lo mismo con las herencias?

Hay situaciones distintas. Pero en algún punto siempre se encuentra con algún estigma que entorpece las relaciones familiares. Tenemos una sensación de indepencia mayor que cuando estamos inmersos en el núcleo familiar.

¿Cuál de todos los personajes es el que más dista de tu comportamiento?

Lo que más me ha costado de la novela es intentar no estereotipar a los personajes.

¿Quién ha sido tu musa para escribir a Luisa, la dueña del jardín?

Mi madre. Era una mujer que adoraba su jardín. Ella escribió muchos libros de paisajismo. El núcleo, la membrana del personaje y todo él es mi madre. Ella era muy fuerte y a la vez, como Luisa, externalizaba los problemas y se volvía demasiado frágil.

¿Qué hubiera sido del espíritu de Luisa sin su jardín?

Ese es el punto de la novela. Es la identidad del personaje. Sin ese jardín, el personaje no sería ella.

Para ti, ¿qué es más importante como escritor, la herencia material o la sentimental?

Sin ninguna duda, los valores, la memoria.

En la novela hay muchos enfrentamientos entre los personajes. ¿Eres de los que calla para no vivir situaciones incómodas, o por el contrario te enfrentas a ellas?

La negación lleva a la negación. Creo que las familias deben conocer sus pecados. No dejarse llevar por ellos ni actuar con penitencia, pero sí saber de qué está hecha su naturaleza. En ciertas familias el pecado se les carga a ciertos miembros solamente. Estas personas, a la vista de los demás, son muy incómodos porque no quieren aceptarles como viven.

Una vez acabada esta novela, ¿ya preparando la siguiente?

Sí. Estoy preparando “otra” sobre herencia. Podríamos decir herencia e identidad.

Has escrito, con mucho éxito, relatos homosexuales. Seguro que algún lector echa de menos algún relato de ese género. ¿Para cuándo otra novela gay?

Soy gay y en ese sentido mi identidad se introduce en las novelas, pero no vivo una vida gay. Uno es más de una cosa y me parece estupendo que esa complejidad identitaria esté representada en alguna de mis novelas. [Risas] En Jardín, por ejemplo, hay azaleas, plantas gays, pero también hay arbustos y árboles. Tiene que haber de todo.

¿Cómo está la situación en Chile en el aspecto LGTB?

Ha cambiado mucho. El actual gobierno se lo ha tomado muy en serio. Tenemos una unión civil, entre personas del mismo sexo, estupenda. Visas para los que están casados con chilenos. Fueron tres años bastante lentos pero ahora vamos rápidos.

El pueblo de a pie, ¿cómo se lo ha tomado?

Crecen todos los años. El mayor prejuicio esta anclado en tema de los hijos. Muchos piensan que "si la naturaleza no les da hijos, por algo será". Aun se piensa mucho que el niño nace de la unión entre hombre y mujer. La respuesta que siempre doy es clara: "Y los niños que son abandonados, ¿qué?". A los niños hay que darles amor. O la reproducción asistida. Se quedan pensado, pero aún les cuesta aceptarlo.

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