"Las personas no solo somos nuestras tendencias sexuales"

Eva Isanta acaba de recibir el premio al 'Día internacional del teatro' por su papel en Atrapados, obra que se puede ver todos los jueves y viernes en el teatro Alfil de Madrid.

Eva Isanta 2En Atrapados, solo sois tres personajes en el escenario. ¿Hay que tener mucha química para que las cosas salgan bien, o es más difícil trabajar cuando hay más reparto de por medio?

La química unipersonal de actor a actor es importantísima. Tenemos la suerte de que los tres tenemos muy buena química. Ten en cuenta que hemos trabajado mucho los personajes. Alejandro, el director de la obra, nos permitió crearlos. Eso creo que nos permitió crear un vínculo de comunión que se nota en el escenario.

Los papeles que haces en la serie La que se avecina y en la obra Atrapados, cada una en su estilo e historia, giran en torno a una hipoteca y un desahucio. ¿Crees que los bancos deberían mirar cada caso personal e individualmente en este tipo de historias?

Sí. Ocurre una cosa con los bancos, están muy deshumanizados. Antes el tendero, el pescadero, el cajero del banco, todos conocían las situación de cada uno, eso hacía de nexo social y cada uno conocía la historia de cada persona. Ahora ya no. Ahora la estrategia de los bancos es cambiar a los empleados, para que no tengan ningún tipo de empatía y no se puedan implicar emocionalmente. Antes el banco te miraba, te estudiaba, se fiaba. Para mí es una deshumanización terrible.

¿Te gustan los proyectos pequeños?

No se tratan de pequeños. Se trata de interesantes y ofertas. La gente joven me ofrece muchos proyectos. ¿Por qué? Creo que ellos piensan que puedo encajar con el registro que están buscando. Lo que cuenta para mí son los proyectos humanos y personalizados. Me encanta eso. Soy una enamorada de mi trabajo. A todo digo sí.

Has participado en distintas charlas y cursos como profesora. ¿Te gustaría ser docente de arte dramático?

Veamos. Esto fue un proyecto de la casa del actor para integración de niños a través de las artes. Siempre ha sido para niños y adolescentes. Y las conferencias, “Verano de guion”, estaban enfocadas desde el punto de vista de cómo una actriz ve el guion cuando llega a sus manos. Para los guionistas también es interesante contrastar cómo lo vemos, cómo lo elaboramos, cómo lo sentimos. No me considero una persona capacitada para dar clases a profesionales.

¿Intentas cambiar del guion o eres fiel al libreto?

Intento ser fiel a los textos. Para que un autor ponga una palabra, ha tenido que darle muchas vueltas. Ten en cuenta que no se entrega un borrador, se entrega algo escrito, reescrito, pensado y elaborado. Pienso que se merece un respeto. Solo soy el intérprete del texto, solo soy un medio.

Has trabajado en series que han marcado un antes y un después en la televisión de España, tales como Farmacia de guardia, la primera serie de sitcom en nuestro país, Aquí no hay quien viva y la actual La que se avecina. ¿Volverías a alguna de las dos primeras?

Claro. A mí estás series me han dado mucho. Me han permitido ser conocida para el público. Y a nivel personal me han dado mucho. Y profesional, qué te voy a contar. Fue lo primero que hice en televisión. Con Mercero aprendí mucho.

En la serie Aquí no hay quien viva, tu personaje era el de Bea, una lesbiana que decide tener un hijo con Mauri, papel interpretado por Luis Merlo, que es homosexual. ¿Cómo crees que hubiese crecido ese niño en la vida real?

Sinceramente, muy feliz. Las personas no son sus tendencias sexuales. Somos un compendio de más cosas. Tanto Mauri como Bea tenían muy asumida su homosexualidad. No tenían ese conflicto. Tenían muy asumido lo que eran. Eran personajes muy buenos, con muchos valores y mucha alegría de vivir. Eso es lo más imparte para un niño, el sentirse querido y ver a sus padres equilibrados. Da igual la condición sexual que tengan.

¿Te costó meterte en la piel de una lesbiana?

En absoluto. Además, la que hacía de mi novia en la serie, Vanesa Romero, es muy amiga mía. Entre las dos nos lo montábamos de una manera chula. Ya te digo, no tuve ningún reparo.

¿Volverías a hacer de lesbiana en otra serie, cine o teatro?

Si el personaje lo merece, sin problemas.

Y de Bea, una madre lesbiana que vive en el centro, das el salto a Maite, conocida como “la cuqui”, una madre de familia que vive en una urbanización de extrarradio. Salvando las distancias, ¿con qué papel te defines más?

Si te digo la verdad, con ninguna. Todos los personajes de los que estamos hablando, lógicamente tienen mi voz, mi alma, pero fríamente, con ninguno.

Pero Maite tiene que querer mucho a Amador para aguantarle...

Creo que el amor de estos dos corresponde al dicho de “ni contigo ni sin ti”. Es como el peso de la costumbre del cariño y de la necesidad. En esta última temporada les unía la necesidad, no solo la económica, que es vital, sino como referente. Ellos en el pasado se querían mucho y eran felices, un matrimonio ejemplar.

¿Ira Maite a la cárcel?

No te voy a contar nada. Solo te diré que a partir de ese punto se inician las tramas.

¿Es duro grabar la serie y compaginarlo con teatro?

En mi caso me tengo que acostumbrar a volver a madrugar. Ayer, sin ir más lejos, función de noche y que te recojan a las cinco para grabar. ¡Yo, que necesito un par de horas para ser persona! Eso cuesta. Pero me acostumbro enseguida.

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