"No hay ni un solo máster de estudios LGBT"

El activista y sociólogo gay Javier Sáez ha traducido al castellano el ensayo queer No al futuro, polémico e iconoclasta libro del profesor Lee Edelman sobre el futuro de los movimientos LGTB.

 

javier saezHas traducido ensayos básicos de la teoría queer de todo el mundo desde Monique Wittig a Judith Hallbestram además de aportar tu propia cosecha teórica y activista (Teoría queer y psicoanálisis, Por el culo). ¿No es agotador trabajar en temas que, a pesar del éxito logrado en ocasiones, dan poco dinero y no siempre llegan a toda la gente, más aún en estos tiempos? ¿Compensa el esfuerzo?

Sin duda compensa el esfuerzo. La traducción es algo necesario cultural y políticamente, permite que los textos lleguen a muchas personas que de otro modo no tendrían posibilidad de acceder a su contenido. Es una forma de democratizar el conocimiento y la acción política. Estos libros que he traducido, Butler, Wittig, ahora el de Edelman, son herramientas de debate, de análisis y de cambio social importantes. Por otra parte el propio ejercicio de traducción es un reto apasionante, es siempre una aventura jugar con el lenguaje, y a veces hay que ser bastante creativo.

Lee Edelman es un teórico queer bastante iconoclasta con el que compartes un punto en común que caracteriza a la teoría queer pero que todavía es visto con muy malos ojos cuando no ignorancia supina: la herencia y la crítica del psicoanálisis y sus diferentes vertientes. ¿Cómo ves tú el legado del psicoanálisis en la teoría feminista contemporánea en autoras como Butler, De Lauretis, etcétera?

Creo que el legado del psicoanálisis es innegable, al menos en estas dos autoras. Butler utiliza a menudo los textos de Lacan como herramienta de subversión del sujeto, y se reapropia de enfoques analíticos para sus propios objetivos. De Lauretis es muy freudiana, aprovecha parte de la obra de Freud sobre el deseo para hacer una resignificación lesbiana del mismo, y en su último libro explora la pulsión de muerte freudiana de forma muy subversiva. La visión contemporánea del sujeto, del deseo, de las ciencias humanas, del sexo, serían impensables sin la obra de Freud, que yo considero bastante subversivo, a pesar de que tenga a veces posiciones bastante machistas. Pero para ser un señor vienés de clase media de finales del XIX lo que plantea es sorprendente. Para mí el psicoanálisis es como un puente. No hay que quedarse en él, pero hay que pasar por él para llegar a otros sitios.

Edelman utiliza a Hitchcock y algunas obras clásicas de la literatura en lengua inglesa para una visión si no negativa cuando menos altamente crítica del mundo y las instituciones heterocentradas. ¿Ves negativismo en su discurso o al contrario una revisión profunda y ya urgente de algunos de los cánones de la cultura occidental?

Creo que Edelman plantea un negativismo político, como forma de resistencia al poder. Decir no a ese señuelo de la esperanza en el futuro, al proyecto social que siempre promete un bien, decir "no al futuro" porque es el cebo que nos tiende el poder y que nos hace perder la libertad. Para él lo queer puede significar una posición política y ética de resistencia, de decir "no" a todo eso y de negarse a aceptar las identificaciones, los ideales que te propone el sistema. En ese sentido el libro es muy subversivo, no propone nuevos ideales o una esperanza o un proyecto de futuro. Le interesa más el goce.

La recientemente fallecida Eve Kosofsky Sedgwick tuvo problemas en la academia por la publicación de un artículo titulado Jane Austen y la niña masturbadora. ¿Sabes algo de la acogida de los libros de Edelman en el ámbito en que trabaja como docente?

Sus libros han tenido un notable impacto en activistas y en académicas queer. De Lauretis lo cita mucho en sus últimos trabajos, Judith Hallbestram y Leo Bersani también. Para grupos activistas se ha abierto el debate de cómo articular esa ética antisocial, sin caer en una especie de pesimismo o inacción, o en una vertiente autodestructiva, de muerte, que es donde nos ubicaba el cine históricamente (el gay que acababa muerto o suicidado). Para otros grupos lgtb supone un discurso demasiado radical, contra la normalidad. Por eso mismo me gusta este libro, es incómodo y no da soluciones de manual de autoayuda.

Recuerdo una frase de Paco Vidarte: “Ni lo queer nació en la academia ni entrará nunca en ella de forma pacífica”. No obstante, hay cada vez más gente interesada por lo queer en distintos campos culturales. ¿Cómo ves esta evolución aquí y ahora?

Paco era un hombre brillante y honesto, supo ver pronto los peligros de una asimilación académica o museística de lo queer, y hablamos mucho de esos peligros, por eso cerramos el curso de la UNED sobre teoría queer, nos estábamos convirtiendo en una especie de gurús de lo queer. En mi opinión ahora hay dos derivas: una activista y política que utiliza las herramientas queer en luchas sociales concretas; y otra deriva queer chic, de personas que utilizan lo queer como carrera individual, explotando su atractivo para buscarse una forma de vida, alejada de los movimientos sociales. En mi caso acabé un poco cansado de ese elitismo queer, por eso el libro que escribí con Sejo Carrascosa sobre el culo fue un intento de volver a problemas reales, a la discriminación de los pasivos, con un lenguaje llano y claro no hecho para especialistas.

¿Crees que la producción teórica va acompañada de una invitación a la acción? Hay aquí libros como Intersecciones, El eje del mal… o Transfeminismos que dan claves para un nuevo activismo alejado de viejos dogmas, pero, en ocasiones, se tiende a cierto elitismo intelectual, o al menos eso se oye en boca de muchos. ¿Crees que es una cuestión de pereza mental o hay algo de verdad en eso?

Creo que hay algo de verdad, y algo de mentira. Por un lado creo que es legítimo que haya textos elaborados y de alto nivel intelectual; lo contrario es paternalista, es pensar que la gente es tonta y no es capaz de entender un texto elaborado. A veces hay que esforzarse, hay ideas que son complejas y exigen tiempo y un lenguaje especializado. Por otro lado es verdad que a veces desde lo queer caemos en una excesiva pedantería; incluso cuando no es necesario complicamos la sintaxis o el vocabulario. Pero los libros que mencionas son bastante orientados a la acción, hacen críticas sociales claras y bastante útiles. Tienen cierto nivel, pero son comprensibles.

A pesar del conservadurismo en las Universidades anglosajonas, encontramos muchos trabajos de crítica de la cultura y teoría queer (Bersani, Braidotti, D.A. Miller, Thomas Waugh, Lauretis, Butler…) que van entrando tímidamente en algunos programas académicos. ¿Crees que aquí sucede lo mismo o se sigue considerando una excentricidad?

Aquí esos enfoques son muy minoritarios y mal vistos por la academia, que sigue siendo muy machista y heterocentrada. No hay ni un solo máster de estudios LGBT, y menos aún queer. Lo que sí hay es más producción de libros de temática queer, pero son experiencias individuales, hechas con mucho esfuerzo y porque hay editoriales como Egales que se arriesgan y apoyan estos proyectos.

El discurso activista de los noventa en torno a las políticas del cuerpo surgió de experiencias políticas muchas veces callejeras o enfrentadas a las instituciones más conservadoras. ¿En tu opinión sucede también al contrario: que la gente que lee libros como el de Edelman tiene armas para transformar la realidad o se limita a la pasión por la reflexión y la teoría?

Supongo que habrá personas que van a disfrutar sólo de una forma intelectual (sobre todo los psicoanalistas), otras que lo usarán como estrategia política, y otras harán ambas cosas. Yo creo que es una buena arma para cambiar la realidad o al menos para resistir al poder.

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