Marc Serena: "Hay países africanos que aún tienen los exámenes anales en las comisarías"

El periodista viajó durante siete meses de norte a sur del continente africano para retratar de manera meticulosa a las personas más desamparadas de África: gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales.

marc serena 3Marc Serena trabaja como periodista en distintos medios de comunicación. A los veinticinco años retrató su generación en el libro La vuelta a los 25 y el blog de la aventura fue considerado por Lonely Planet como el mejor del mundo en lengua no inglesa. Ha visitado unos setenta países y la revista Viajar lo considera uno de los grandes viajeros españoles del siglo XXI.

Escrito como un reportaje, en Esto no es africano se alternan capítulos amargos con otros alegres, como los que nos trasladan al ambiente de libertad de los cabaret de música raï de Argelia o el entusiasmo de las bodas clandestinas que se celebran en Costa de Marfil.

Quince protagonistas que se deben enfrentar al gobierno, la policía, los jueces, los medios de comunicación y la familia, que consideran que su manera de amar es una "perversión occidental".

Esta es la crónica de la lucha por la libertad de gente rica y pobre, profundamente religiosa y agnóstica, de enormes metrópolis y de tribus remotas. Un viaje por quince países para entender el porqué de una de las agresiones a los derechos humanos más sistemática, y a la vez más silenciada, de las que existen. "Esto no es africano" dicen desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo cuando se habla de los amores que no son entre un hombre y una mujer.

¿Cómo surge la idea de hacer este libro?

Al hacer otro libro, La vuelta a los 25, que me llevó a viajar por el mundo, me di cuenta que una de las injusticias que hay en este mundo es sufrir por amor. Pero no sufrir como se entiende aquí, si no penas de prisión, extorsiones, violaciones y todas la humillaciones que te puedas imaginar. Me pareció una injusticia terrible, una cosa sistemática y poco conocida. Quería saber más. Quería leer y documentarme, pero me di cuenta que prácticamente no había ninguna referencia. De hecho, antes de este libro, no hay prácticamente nada en esta materia en librerías LGTB, a pesar que África es el segundo continente más poblado del mundo. Vi un mapa del mundo de la ILGA, donde se reflejaba que por ley se persigue a los homosexuales, hombres o mujeres, en ochenta países, y donde se hace con más frecuencia es en África.

He pasado tres años viajando y preparando este libro, y pensé que ahora era el momento. También es verdad que ahora el grado de homofobia es brutal. Desde aquí hay más percepción. Antes únicamente salía en medios LGTB. Ahora es noticia cualquier medio.

En el libro englobas gays, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales. En África se engloba todo en el mismo saco...

Realmente no me siento cómodo cuando se habla de minorías sexuales. Parece que los gays y lesbianas son solo cuatro. Cuando unes a gays, lesbianas, trans, al final unos pocos hacen mucho. Realmente son cosas distintas. Dentro de la intersexualidad hay como mil cosas distintas. Ahora se quiere añadir esa I a la LGTB. Se unan o no, la persecución es la misma.

¿Qué diferencia hay? En el caso de la intersexualidad, la familia muchas veces apoya a estas personas. Cuando nacen ya ven que en el desarrollo de su sexo masculino o femenino hay algo que no se imaginaban. En ese momento los padres lo asimilan y ya está. Luego vienen los problemas de mayores. En el libro hablo en concreto de una chica intersexual. Está aislada. No se atreve a hablarlo con nadie. No tiene sexo, pero allí es muy importante casarse y tener hijos.

En conclusión, los intersexuales nacen, y los homosexuales y lesbianas se hacen. Es lo que piensan. 

¿Por qué crees que hay tanto tabú en referencia al sexo?

Hay explicaciones distintas. África fue colonizada religiosamente. Fíjate qué casualidad, porque las religiones africanas hablan del pasado de los ancestros mientras que la cristiana y el islam de lo que habrá después. Un cambio brutal. Hay muchos antropólogos que piensan que el desnudo no era tabú hasta que el cristianismo introdujo la idea de pecado en el desnudo.

Ahora mismo en África hay un islam muy reaccionario y represivo que se ha adueñado del continente y hay una parte de la religión cristiana muy machista y patriarcal. Al final, ambos bandos se lanzan mensajes de odio. Es un cóctel terrible. Así han acabado con las distintas maneras de ser y amar que había.

marc serena 2Según cuentas en tu libro, en África a los homoxeuales se les tacha de personas demoníacas poseídas por el diablo. ¿Es una licencia poética o la realidad de lo que se vive allí?

No hay un debate. No hay información clara y concisa. Hay muchos fantasmas flotando. Hay muchas mentiras y aún más tabúes. Muchos piensan que es una perversión diabólica de los blancos y que hay homosexuales porque han ido los blancos a las escuelas y han sexualizado u homosexualizado a los niños. Pero desgraciadamente no pueden salir a la palestra a desmentir esas infamias. Allí, el mero hecho de defender una teoría real, ya te condena a ser gay o lesbiana, y eso significa la cárcel.

Hay países del continente africano que aún tienen los exámenes anales en las comisarías. Eso es muy traumático y degradante. En Egipto, por ejemplo, no hay leyes que persigan la homosexualidad, pero sí hay gente encarcelada por ello. ¿Por qué? Sencillo. Allí mismo se les hace un examen anal acientífico y sin base alguna. Conclusión: la policía les exige que declaren su pecado y que acepten su culpa. Con esto simplemente se les condena por prostitución. En Marruecos, en la Sede Nacional de los Derechos Humanos, les he preguntado qué hacía su gobierno con las personas LGTB. Un funcionario de la sede me comentó que no tenían un censo de las personas LGTB como tales y de las que se prostituyen. Confunden trabajo sexual y sexualidad. Y no es lo mismo. Que esto pase en Marruecos, que esta tan cerca y ve TVE, es lamentable.

Cuando están controlados todos los medios de comunicación y existen leyes que legitiman la violencia, hay una parte de la sociedad que está arrollando a la otra.

De todos los personajes de tu libro, ¿Cuál es el que más te ha impactado?

Tchinda, en Cabo Verde. Salió hasta en los medios de comunicación. Es una chica que contó su historia. Tuvo tanta trascendencia que ahora allí a las personas trans se las denomina "Tchinda". Creo que ha conseguido que a las personas transexuales se les respete mucho más que en España. Fue la que más me marcó. Ahora trabaja de camarera en un bar que montó. Una mujer muy de barrio con un valor increíble.

¿Se es tolerante con los turistas occidentales LGTB cogidos de la mano paseando por la ciudades?

Depende del país. Hay muchas discotecas gays privadas. Muchas veces es una cuestión de dinero. Las personas que están hoy en día en prisión por ser LGTB en África han tenido la mala suerte de haber sido acusadas. Son gente que no tienen recursos para un abogado que pueda defenderles. Y cuando digo defender, me refiero a dar dinero al policía o al juez de turno. Por eso han sido condenados.

Además, una persona blanca se acepta mucho más, por aquello de ser de otro mundo. Nos ven como muy lejanos. Pasa como aquí. La típica madre que comenta: "Yo no tengo problemas, no soy homófoba", pero si su hijo o alguien de su entorno lo es, tratan de esconderlo.

¿En que país de los que has visitado has visto más represión?

Más que represión, me preocupan los países dónde no he visto una lucha para cambiar esta situación. En Uganda, por ejemplo, donde querían instaurar la pena de muerte para estos casos, hay muchos activistas que están trabajando muy duro.

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