Andrés Latorre: "La represión de la sexualidad de los sacerdotes explica la homofobia de la Iglesia"

La editorial Faximil books presenta su primer ensayo, un texto con el que viajar a través de la historia y descubrir las distintas formas de relaciones, parejas y nuevos núcleos familiares cargados de unión y división.

andres latorreLa familia es uno de los pilares importantes en la vida de la mayoría de las personas ¿de dónde nace la necesidad de abordar esta temática en su primer ensayo?

La primera razón es exactamente esa: la gran trascendencia de la familia en la vida de la mayoría de las personas. Dicho esto, los profundos cambios que ha sufrido el panorama familiar español en los últimos treinta años, con la aparición de nuevas realidades familiares y la aceptación de situaciones, hasta hace relativamente poco, perseguidas y discriminadas, me parecen un campo de estudio apasionante.

Mi propia situación familiar no ha sido ajena a este interés. Llevo compartiendo la vida con el que hoy es mi marido casi cuarenta años, pero hasta la ley de Zapatero de matrimonio igualitario que nos permitió casarnos, oficialmente éramos sólo unos amigos que compartíamos domicilio sin ningún tipo de derechos ni protección.

En sus reflexiones apreciamos similitudes con la vida animal ¿cree usted que la vida animal está presente en nuestra sociedad actual? ¿En qué medida?

Los seres humanos somos seres racionales, pero al fin y al cabo, animales. Nuestro cerebro se ha desarrollado evolutivamente partiendo del cerebro de nuestros antepasados homínidos, que no debió ser muy diferente del cerebro de los simios actuales.

El mundo de los sentimientos y las emociones está esencialmente regido por nuestro paleocórtex, que es bastante parecido al de nuestros parientes mamíferos. Quizá esa sea la razón por la que los seres humanos tenemos, a veces, comportamientos tan irracionales. El miedo a la diversidad, el temor al otro, al que es diferente tienen mucho que ver con la parte más arcaica y animal de nuestro cerebro.

Existen épocas de la historia de la civilización en las cuales las relaciones homosexuales, bisexuales y lésbicas estaban bien consideradas, ¿qué ha pasado para que en la actualidad tengamos que reivindicar respeto y tolerancia?

Ha pasado que el cristianismo impuso, tras su triunfo en el Bajo Imperio Romano, el antisexualismo feroz de la religión judaica. El cristianismo aceptó y difundió a sangre y a fuego la versión judaica de una sexualidad exclusivamente encaminada a la reproducción. Este hecho y, más tarde, la imposición del celibato obligatorio para los sacerdotes, hicieron el resto.

En occidente, la moral sexual, la han dictado durante siglos sacerdotes que tenían negado el acceso a una sexualidad normal. La frustración y la represión de su propia sexualidad explican en gran medida la patológica homofobia de la Iglesia Católica.

¿Qué espera conseguir con este primer ensayo?

La divulgación de determinados aspectos sobre la sexualidad, las relaciones familiares, su evolución, etcétera, que para la ciencia parecen bastante incontrovertibles pero que, para ciertos sectores sociales, son inasumibles por razones infundadas y prejuiciosas.

contra la familia tradicionalCuando escribía Contra la familia (tradicional): la familia a través de la historia y en la actualidad, ¿para qué tipo de público pensaba dirigirse?

Para el público más amplio posible, pues es una obra de divulgación. Por eso, el primer mandamiento que me impuse fue que pudiera ser accesible a casi cualquier persona interesada en el tema, independientemente de su grado de formación. He pretendido que la obra fuera amena y entretenida sin dejar de ser rigurosa.

Su trayectoria profesional ha sido en el campo de la docencia, ¿qué asignatura pendiente tienen las familias contemporáneas? ¿A quién le daría una buena lección?

Los padres deberían aceptar que sus hijos han venido al mundo para tener una vida autónoma e independiente y no para remediar sus frustraciones ni sus necesidades afectivas. Los hijos deberían ser conscientes, así mismo, de que sus padres tienen vida propia, que no existen en función de ellos y que son algo más que siervos permanentes. En cuanto a las relaciones de pareja, lo transcendental sería que se asumiera que el amor no debe quedar reducido, como en tantos casos ocurre, a un mero sentimiento de posesión. “Nadie es de nadie”.

La lección se la daría, urgentemente, a nuestras actuales autoridades educativas y especialmente, a nuestro inefable ministro Wert. No necesitan una buena lección, ¡necesitan un curso completo! Nunca pensé que vería en el Ministerio a personas tan ineptas y reaccionarias.

Como profesor en las aulas, donde se funden educación y familia, ¿ha sido su aula una fuente de inspiración para comenzar a escribir?

El aula ha sido la principal fuente de inspiración y, más que el aula, los centros educativos de educación secundaria en los que he trabajado y en los que he desarrollado funciones directivas, que me han hecho estar muy en contacto con las familias y con sus problemáticas. Los centros educativos, especialmente los públicos, son una atalaya privilegiada para observar y conocer la sociedad en que vivimos.

¿Qué ha significado esta transición de lector a escritor?

El lector es espectador, el escritor actor. Digamos que, como rol, el lector es más pasivo y el escritor más activo. La lectura acompaña, la escritura es un vicio solitario. La lectura es un hecho íntimo, la escritura convierte nuestros pensamientos y opiniones en algo público, que cualquiera puede conocer. Uno tiene la sensación cuando escribe que está desnudando su interior.

Tras la presentación de Contra la familia (tradicional)... ¿Hacia dónde dirige su inspiración? 

Me interesa mucho el mundo de la sexualidad que, por prejuicios ideológicos y religiosos, ha tardado tanto en entrar en el mundo académico, universitario e intelectual. Será por eso que queda mucho por estudiar, analizar, observar, comprender y divulgar en este campo del conocimiento. 

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