La gestación subrogada y algunas ¿feministas?

Que defender esta técnica de reproducción asistida iba a ser tarea difícil lo sabemos desde que, hace dos años, pusimos en marcha nuestro proyecto. La gestación subrogada ha sido tratada con muy poco respeto, y con mucha menos objetividad, en nuestro país, tanto como para conseguir disfrazar un acto de amor y generosidad de algo abominable. Durante años, los detractores de esta técnica de reproducción humana asistida han campado a sus anchas en los medios convirtiendo a los padres de intención en compradores de niños y a las gestantes en mujeres muertas de hambre y sin criterio ni capacidad de decisión alguna, en mujeres carentes de generosidad o solidaridad que se veían obligadas a “alquilar su vientre” para hacer felices a las parejas ricas de los países más privilegiados del mundo. Mientras tanto, los padres disimulaban como que no iba con ellos y se ahorraban problemas, y las gestantes (siempre residentes en otros países) no se enteraban de tales injurias, afortunadamente.

Y así ha sido hasta el año 2008, momento en el que nace la Asociación Son Nuestros Hijos y sus miembros dan la cara para hablar de sus familias, de sus hijos, de sus derechos. Llevamos seis años escuchando a familias formadas por gestación subrogada en la televisión, leyendo sus historias en la prensa, y seguimos encontrándonos los mismos argumentos rancios que se esgrimían en contra de esta técnica en el año 1989, con los mismos colectivos de rancia ideología manifestándose en contra de los derechos de los demás…

Casi al momento de nacer la Asociación a la que represento, una persona que se ha convertido en un magnífico compañero de viaje nos advirtió de que una parte del feminismo se había posicionado en contra de la gestación subrogada. Yo nunca he sido una activista pero sí me considero feminista (entendiendo el feminismo como lo describe la RAE: “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”) en el sentido de que me gusta defender y respetar los derechos de las mujeres. En realidad, me gusta defender y respetar los derechos de todos y todas y sueño con un mundo en el que lo único que se imponga sea el respeto a los demás: a su forma de ser, de vestir, a su orientación sexual, a su sexualidad, a su ideología, a sus creencias... a su vida. Creo que ahí está el quid para una convivencia en paz. Si todos nos respetamos, la balanza estará siempre equilibrada en el sentido de que todos entenderemos que nuestra libertad y nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás. Esa es y ha sido mi filosofía de vida. Por eso, pensar que alguna persona con ideología feminista pudiera estar en contra de que se regulase la gestación subrogada para que otras personas (mujeres y hombres) pudiesen ejercer su derecho a crear una familia con plena garantía jurídica para todas las partes (especialmente para la mujer que pudiera gestar en su lugar) me descolocó. Me negué a creerlo. Y me enfadé mucho la primera vez que me encontré con declaraciones en contra hechas por una feminista (en este caso, Beatriz Gimeno) a las que, por supuesto, contesté.

En mi afán por encajar tal posición en el feminismo que describe la RAE, he dedicado mucho tiempo a tratar de encontrar alguna conexión entre una cosa y otra. Y, después de darle muchas vueltas, he llegado a una conclusión: Ese mal llamado feminismo que practican algunas personas equivale al más puro machismo (según la RAE: actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres) sólo que, en este caso, es un “machismo” ejercido por mujeres contra mujeres. ¿Habéis oído hablar del “hembrismo”? (no está registrado en el diccionario de la RAE pero habrá que ir pensando en hacerlo...).

Creo que es importante, para que esta gente nos entienda, que conozcan un poco quienes somos: De las catorce personas que pusimos en marcha este proyecto, sólo hay dos que no han sido padres (porque no les ha dado la gana). Los demás, mujeres y hombres, hemos sido padres y madres de manera natural, todos tenemos hijos biológicos y alguno tiene, además, hijos adoptivos. Marta, que es nuestra presidenta, también es madre, aunque ha sufrido la tragedia de perder a su hija cuando le faltaba una semana para nacer. A su hija, su útero y, con él, la posibilidad de volver a quedarse embarazada y parir a sus propios hijos. Pero, en contra de lo que alguno o alguna pudiera pensar, la idea de poner en marcha esta reivindicación social no ha sido suya, ha sido de los demás, porque todos y todas entendemos que es momento de abordar este asunto, porque la gestación subrogada es una técnica de reproducción asistida más y la única opción de ser padres para muchas personas y porque, con una buena regulación, se garantiza el más absoluto respeto a los derechos y a la dignidad de todas las partes que intervienen en ella. Y eso es lo que queremos y lo que defendemos.

Entre los que dirigimos este proyecto estamos cinco mujeres, cuatro de las cuales seríamos gestantes para otras personas, algunas sólo para familiares o amigos, otras también para desconocidos. La única que no lo sería, Marta, es porque no puede. Es decir, cinco mujeres de las cinco que somos lo vemos como algo absolutamente aceptable, y seguro, seguro, que no somos las únicas españolas que pensamos así. Y no, esta actitud no tiene nada que ver con problemas económicos. Podemos decir que nuestra situación socio-económica es buena, muy buena teniendo en cuenta la que está cayendo. Y he de añadir que nunca, jamás, ninguno de nosotros defendería una ley que no garantizase de manera clara los derechos de las mujeres que se puedan ofrecer a gestar a los hijos de otras personas. Nunca. Podéis comprobarlo en el texto de la Ley de Gestación Subrogada que proponemos.

Como en muchas otras cuestiones, la solución a una demanda cada vez más extendida entre la población no es prohibir. La solución es regular los derechos y las libertades para que todos, sin excepción, podamos disfrutar de los nuestros. No menoscabar los derechos de unos o unas para salvaguardar los de otros u otras en base a unos argumentos que no se sostienen y que de ser acogidos nos llevarían a prohibir, por ejemplo, el matrimonio (porque todavía hay mujeres a las que obligan a casarse o que se ven obligadas a casarse, o a aguantar casadas, para garantizarse su sustento), el aborto (porque, sí, hay mujeres que se ven obligadas a abortar), la convivencia afectiva (porque hay mujeres y hombres que son víctimas de violencia dentro de la pareja y no se sienten capaces de salir de ella),... Y, si la objeción a la legalización de la gestación subrogada es la compensación económica, que estará fijada por el Ministerio de Sanidad como ocurre con las donaciones de gametos, habría que prohibir también las donaciones de sangre (hace poco salía en prensa que habían aumentado porque gente que no tenía para comer acudía a donar para tomarse un café caliente y un sandwich), las de esperma (se compensan con entre 50 y 70 euros, suficiente para una noche de juerga de un chaval de 20 años), las de óvulos (se compensan con entre 700 y 900 euros, una cantidad nada despreciable para una chica de veinte años que estudia fuera de casa o que se quiere comprar ropa o cuya familia los necesita para comer), los estudios de medicamentos en fase experimental con humanos (se compensan con cantidades, algunas bien jugosas, que varían en función de la duración y los riesgos que conllevan)...

Todas las mujeres, como hemos defendido a ultranza hace bien poco, tenemos derecho a decidir (ya sabéis a qué me refiero, "nosotras parimos, nosotras decidimos"): a decidir sobre nuestra vida y sobre nuestro cuerpo, lo que incluye decidir si queremos gestar al hijo de otras personas o no.

Yo quiero poder decidir con libertad. Quien me niegue ese derecho estará haciéndome esclava de sus creencias que, en este particular, no son las mías. Quien me niegue ese derecho no debe llamarse feminista.

Nos gustaría, a mí y a todos los que formamos parte de este equipo, que estas personas reconsiderasen su postura, sin abandonar la defensa de aquellas mujeres que verdaderamente no quieren ser gestantes pero sin olvidar que hay muchas mujeres que sí quieren serlo (para sus hermanas o hermanos, para sus amigas o amigos, para alguien desconocido a quien puedan conocer un día y que les parezca que se lo merecen,… para quien a ellas les dé la real gana) porque la Asociación por la Gestación subrogada en España ha redactado una proposición de Ley perfecta, en cuya elaboración han participado distintos colectivos (expertos en derecho y reproducción asistida, padres por gestación subrogada, hombres y mujeres que no necesitan acudir a esta técnica, hombres y mujeres que sí la necesitan, etc.), que garantiza que ninguna mujer será gestante por necesidad económica y que siempre tomará su decisión de forma libre, voluntaria, consciente e informada.

Aurora González Ginzo es secretaria de la Asociación por la Gestación Subrogada en España

¿Te interesa el contenido?

  

Cáscara amarga no se hace responsable de las opiniones de los firmantes en la sección Opinión de este periódico.