Víctimas de la violencia que no se nombra

Hoy nos levantábamos con una noticia: “Una mujer asesina a su novia en Barcelona” y a pesar de haber salido en todos los medios generalistas no se ha oído la definición de “Violencia intragénero”.

Se habla de una relación de 15 años con violencia física y verbal evidente, por lo que se cuenta, de un miembro de la pareja a otro. Todos los vecinos parecen entender que era una relación de maltrato, oían las amenazas y vejaciones: “te voy a matar” o “eres una puta muy grande”, incluso se había interpuesto una denuncia por maltrato en el año 2012, pero aún así no se habla de violencia intragénero. Si esto hubiera ocurrido con una pareja heterosexual no se hubiera dudado en etiquetarla como “otra víctima de la violencia de género”. Pero el término violencia intragénero no se conoce.

La violencia intragénero es aquella que sucede en las parejas del mismo género por parte de un miembro de la pareja a otro, es decir por parte de una mujer a una mujer o de un hombre a un hombre. Igual que en la violencia de género el objetivo del que abusa es dominar y controlar a la víctima y los tipos de violencia son los mismos: psicológica, sexual y física.

¿Pero esto existe? podría preguntarse la mayor parte de lectores. La respuesta es sencilla: sí. En una encuesta realizada por COGAM (coordinada por Isabel González) con una muestra de más de 900 personas se han obtenido datos que parecen increíbles: el 30 % de los encuestados admiten haber pasado por una situación de violencia intragénero mientras que el 60% dice conocer a alguien que la ha sufrido. La mayoría de estudios en otros países avala lo mismo o más grave. La incidencia es parecida a la de la violencia de género.

Sin embargo no se la conoce, incluso el tratamiento de la noticia (y no hablemos de las personas que a título particular la están comentando) está plagado de mitos que han de ser eliminados:

Los tamaños físicos no tienen que ver con la violencia de pareja, se dice que la víctima era “chiquitita y delgada” mientras que la agresora es “mucho más grande”. Lo que importa es el poder que ejerce una parte sobre la otra, si una persona es capaz de destruir la autoestima de otra, hacer que se vea pequeña, inútil e indefensa, entonces se convertirá en una dinámica de maltrato de pareja independientemente de qué complexión física tengan sus miembros. Nunca se menciona la complexión física cuando hay noticias de violencia de género, y eso es lo correcto, en la violencia de las parejas no importa el tamaño de las personas sino su poder relativo.

Se remarca el uso de alcohol.

Efectivamente es uno de los factores que puede estar presente en una relación de maltrato de pareja, y hay numerosos estudios en la violencia de género que lo confirma, pero añadir este dato al artículo puede hacer creer a los lectores que la agresora era una desequilibrada o una alcohólica, como si este fuera el caso aislado de una “loca”, cuando esto es un fenómeno que ocurre en esta sociedad.

Solo porque dos personas sean del mismo género no quiere decir que tengan el mismo poder.

En la noticia se habla de peleas sin embargo lo que los vecinos afirman oír son amenazas recurrentes y diarias a una persona víctima de la violencia de su pareja, es decir, un maltrato con entidad.

En la violencia de género como en la intragénero influyen los patrones culturales de la sociedad.

En la violencia de género ya sabemos cómo influye la opresión patriarcal pero los patrones del heteropatriacardo también provocan por ejemplo que muchos hombres que sufren violencia intragénero no denuncien porque no se les ve como “víctimas”, o que no se considere una violación entre dos mujeres porque no hay un pene. Por otro lado la LGTBfobia hace que los recursos policiales, judiciales, etc se tomen estas situaciones como “una pelea” entre dos personas y no como una dinámica violenta que guarda las mismas características que la violencia de género y que es igual de dramática.

Pero no sólo influyen los patrones culturales, en todo maltrato de pareja hay dos grandes factores desencadenantes: los sociales (como por ejemplo el sistema heteropatriarcal en el que vivimos) y los psicológicos y/o individuales (como la baja autoestima, la manipulación psicológica, los patrones de apego, los celos, el alcohol, los trastornos de personalidad, etc). Por ello aunque la sociedad ha dado más poder a los hombres no todos ellos se han convertido en maltratadores de su pareja, igual que aunque dos personas tengan el mismo género no quiere decir que tengan el mismo poder. Que exista un maltrato dependerá de la dinámica que se establezca en la relación.

Víctimas completamente desprotegidas

Si hubiera una ley específica el caso de Pilar se podría haber evitado. Si al denunciar en el 2012 se hubiera puesto en marcha todo el protocolo que acompaña a la ley de violencia de género se le podría haber dado una orden de alejamiento y haberle facilitado recursos psicológicos, asesoría jurídica o algún otro tipo de ayuda. Sin embargo ese año volvió a casa con su pareja porque a día de hoy se consideran las lesiones y nada más, ni que la violencia sea recurrente, ni las secuelas psicológicas, ni los recursos que tiene para salir de la dinámica violenta.

Si tu pareja te ha roto la puerta porque te quería matar y tienes la “suerte” de que sea de tu mismo género entonces la multarán con el valor de la puerta, no habrá más repercusión porque se valora como un delito de lesiones o un delito contra la propiedad (dependiendo lo que haya dañado, y según lo grave que sea el daño así de grave será la multa o la pena) y si no dispones de tu propia red de apoyo o de tus propios medios volverás a casa con tu agresor. Con lo que no te compensa denunciar ya que podrías cabrear más a tu pareja y desencadenar lo que ha pasado en este caso. De hecho, se menciona en la noticia que justo horas antes Pilar acudió a la policía pero no pudo obtener un resultado porque no se pudo poner en marcha el mismo protocolo que con una víctima de violencia de género: no se pudieron llevar a Ana detenida hasta que saliera un juicio rápido, ni le dieron una orden de alejamiento, ni se le ofreció ninguna otra herramienta. Por ello Pilar hoy está muerta.

Yo Lidia Mendieta, psicóloga del Servicio de Atención de Violencia Intragénero (SAVI) y miembro de la mesa de trabajo de Violencia intragénero formada por diversas entidades públicas y privadas exijo junto con Isabel González, psicóloga de la Asesoría de violencia en pareja LGTB de COGAM y miembro también de la mesa de trabajo de violencia intragénero, que esto cambie, que se contemplen a estas víctimas, que se las proteja y apoye, nos sumamos a todas la entidades LGTB+ que piden que estas medidas sean tomadas y seguiremos luchando para que casos como el de Pilar no vuelvan a ocurrir.


Lidia Mendieta Marín
Psicóloga especialista en violencia intragénero, psicóloga del Servicio de Atención de Violencia Intragénero (SAVI) y miembro de la mesa de trabajo de Violencia intragénero formada por diversas entidades públicas y privadas (COGAM, FELTGB, el Punto de Atención a Transexuales y Homosexuales de la Comunidad de Madrid...).

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