Pan y Rosas: el partido de nuestras vidas

Voy sentado en un tren junto a mi amigo César. Regresamos de un torneo de baloncesto en Málaga. No hemos ganado ni un partido y aunque hubiera habido cien partidos más, tampoco habríamos ganado ninguno. Cuando metemos las canastas fáciles es porque ya está todo repartido y cuando la cosa se pone interesante, fallamos todo lo que tiramos.

Con este rapapolvo de vuelta, andamos apuntándonos al siguiente torneo, esta vez en Lisboa en un par de meses. Allá iremos César y yo, con la alegría de cada competición a la que nunca miramos con miedo, lo único que hemos perdido de verdad. Nuestro equipo y nosotros lo queremos todo, incluido, mira tú, el derecho a perder todos los partidos. Menos el de nuestra vida, a éste no le vamos a perder la cara nunca.

Porque somos nietos de Sylvia Rivera y de Marsha Johnson, que lanzaron sus vidas por las nuestras en los disturbios de Stonewall en 1968. Porque somos hijos del primer Wimbledon bollero de Navratilova una década después. Y hermanos, como somos, de Amelie Mauresmo, Ian Thorpe, Orlando Cruz, Keegan Hirst, Tom Daley y Víctor Gutiérrez. Somos familia diversa, manada mestiza, legión imparable.

Las y los deportistas LGTBI caminamos hoy por todo el planeta reclamando el día, la noche, la ley y la vida. Lo queremos todo, tenemos derecho a todo: queremos el pan y también las rosas. Es nuestra vida la que está en juego.

Hoy 17 de mayo de 2017, cuando se cumplen 27 años de la despatologización de la homosexualidad de los manuales médicos, reclamamos alto y claro que las canchas, los estadios, las piscinas... también son nuestras. Mujeres y hombres homosexuales (y quienes no caben en esas categorías) hemos habitado el Deporte desde que este existe, y ya no vamos a hacerlo más escondidos y sin plenitud. Cuidar nuestra salud no es sólo cuidar nuestro cuerpo, es también cuidar nuestro corazón.

Condenamos y nos desgarra cada caso que conocemos de LGBTIfobia en el deporte. Y son muchos. Y somos nosotros, nuestros rivales, nuestras amigas, nuestros amantes, nuestros árbitros: todos jugamos juntos para que ninguna de nuestras vidas sea robada, despreciada o negada.

Sabemos que somos resistencia al machismo y la homofobia, y cada partido que jugamos les hacemos retroceder. Competimos dentro y cooperamos fuera; somos red de aliento y abrazo, porque tenemos claro que bajar la guardia nos aleja de nuestros hermanos y madres, y asfixia a las generaciones venideras. No nos conformamos con este hoy, queremos siempre un mañana.

Este 17 de mayo GMadrid Sports renueva sus votos: por las y los deportistas LGBTI que dan sus primeros pasos, por las que vendrán, nuestros hijos y nuestras nietas. Por todas las que se quedaron en el camino, las que asfixiaron, humillaron, escondieron y mataron.
Por un mundo presente y futuro sin armarios, con salud, vida y libertad.
Por el pan y las rosas.

Juan Conde es socio de GMadrid Sports

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