La Ley de la (des)igualdad LGTBI

No todas las puñaladas duelen lo mismo. Las que nos da un enemigo, esperadas y esperables, generan en nosotros una respuesta y el dolor nos enrabia y da fuerzas. Por el contrario, cuando el cuchillo viene de un brazo -supuestamente- amigo es difícil reaccionar. La deslealtad nos deja desconcertados, inertes y sangrantes en la traición. Eso es lo que he sentido ante el recién presentado Proyecto de ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales, promovido por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB).

Soy hombre, soy gay y, hasta ahora, creía que una Ley sobre No Discriminación e Igualdad LGTBI incluiría a mi familia y me incluiría a mí. Estaba equivocado. Tremendamente equivocado.

He leído. Leído y releído, tratando de entender cómo se puede empezar hablando de igualdad, y muy bien, para acabar afirmando que no tod*s somos iguales, que siempre ha habido y habrá clases.

Clases. De eso, en el colectivo LGTB+ sabemos bastante. Lo vivimos en carne propia con demasiada frecuencia. Pero que sea la Federación, esa que se llena la boca diciendo que defiende a tod*s, quien apueste por clasificar a las personas en dos estratos, con derechos diferentes, es inasumible.

La ley comienza desarrollando conceptos e ideas por los que mucha gente ha luchado durante largos años. El sabor a libertad parece estar en el articulado y, cuando se llega al Capítulo III, la sensación de reconocimiento de la igualdad es abrumadora.

CAPITULO III.- Medidas en el ámbito de la salud
Artículo 13 - Todas las personas tienen derecho al más alto nivel de disfrute de la salud física y mental, incluida la salud sexual y reproductiva, sin discriminación alguna por razón de orientación sexual, expresión o identidad de género.

¡Todas las personas! Se sienten ganas de brincar de felicidad. De reír y gritar de puro gozo. Por fin, por ley, se reconoce el derecho al más alto nivel de salud, incluidos derechos sexuales y reproductivos. ¡De todas las personas!

Pero solo es un espejismo.

Emocionado, el lector avanza por los siguientes artículos notando como, poco a poco, un regusto amargo se va instalando en la boca, como un pellizco va retorciendo el estomago. Lo leído, lo entendido, no es real. Los gais no aparecemos en las “Medidas en el ámbito de la salud”. No contamos. No existimos. Encerrados en un armario legal, la norma nos anula. En los artículos siguientes, cada colectivo LGTB+ tiene su propio apartado. Cada uno. Excepto los gais. Se vuelve a leer. Seguro que se ha entendido mal. Se toman notas para estar seguro y

Artículo 18.-. Atención sanitaria a mujeres lesbianas y bisexuales

Artículo 20.- Principios rectores de la atención sanitaria a las personas transexuales y transgénero.

Artículo 21.- Atención sanitaria integral a personas intersexuales.

No hay error. Definitivamente no estamos. De nosotros, los gais, se ha olvidado la Ley de igualdad. De pronto, el artículo 13 cobra otra dimensión: sin discriminación alguna por razón de orientación sexual, expresión o identidad de género. Nada dice de “por sexo”. Se puede discriminar en razón del sexo. Y se hace. Nosotros, los gais, si se aprueba esta aberración, no tendremos derechos reproductivos. Quedaremos castrados por imperativo legal.

Por si hay dudas, el artículo 19 abunda en la idea. No, no me había olvidado de ese artículo. Lo he saltado adrede porque su texto es especialmente duro. Una bofetada en pleno rostro al más elemental concepto de Igualdad.

Artículo 19.- Derechos sexuales y reproductivos:

1…

2. Todas las personas con capacidad de gestar tendrán garantizado el acceso a las técnicas de reproducción asistida en los centros hospitalarios públicos del Estado español con unidad de reproducción humana,…

Exclusión. Por ley. Quienes carecemos de la capacidad de gestar deberemos buscarnos la vida por nuestros medios y tratar de encontrar soluciones médicas privadas, y donde sea, para tener acceso a técnicas de reproducción asistida. En realidad lo que se viene a decir es más ignominioso: Los gais –o las mujeres trans, o muchos hombres trans, o…– no tenéis, por ley, derechos reproductivos.

Segregaciones plasmadas en leyes se encuentran por todo el mundo. Siempre ha habido, y parece que así seguirá, personas de primera y de segunda clase. Blancos frente a negros y otros; arios frente a judíos y otros; heterosexuales frente a homosexuales y otros. Ahora, a este listado, se añaden personas con capacidad de gestar frente a maricones y otros.

Es vergonzoso. Inmoral. Amén de olvidar el Artículo 14 de la Constitución:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

“Cualquier otra condición o circunstancia personal”. Como pueda ser la capacidad o no de gestar. Que no puede ser usada para discriminar derechos, libertades o prestaciones sanitarias.

Al parecer, a la FELGTB y a sus valedores, los hombres homosexuales, o las mujeres transexuales o…, solo le interesamos por nuestro dinero. Para pagar impuestos que financien tratamientos reproductivos de otr*s. Al igual que el esclavo negro trabajaba para beneficio del señor, nosotros, parias de la naturaleza, ciudadanos de segunda, maricones, travestidos y otras gentes de mal vivir, hemos de rendir tributo para mantener otros privilegios.

Y sé, positivamente, lo sé, que las personas que tienen capacidad de gestar no se ven a sí mismas como clase superior. Sé que se ven iguales a mí, iguales a los y las demás. Que esta ley les indigna tanto o más que a mí. Quien categoriza no son las personas LGTB+, sino una ley propuesta por una Federación que ha decidido que la equidad no es algo que haya que defender.

Con todo, lo que más duele -duele mucho- es la discriminación de niños y niñas en las familias LGTB+.

Dice el

Artículo 26. Protección de niños y niñas en familias LGTBI.

1. Se fomentará el respeto y la protección de los niños y las niñas que vivan en el seno de una familia LGTBI, ya sea por nacimiento, o por cualquier otro origen.

2. Los niños y niñas que nazcan en el seno de una pareja de mujeres, podrán ser inscritas en el Registro Civil desde el centro hospitalario, en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales.

Que nazcan en el seno de una pareja de mujeres. Y ¿los que nazcan en el seno de una pareja de hombres? ¿O en una familia transexual? ¿O...? ¿Para ellas y ellos no hace falta asegurar que sean inscritos en el Registro Civil correspondiente? ¿No tienen derechos constitucionales como menores y españoles de origen? ¿Existen niños y niñas de segunda por Ley?

Si el punto 1 de este artículo es para todos los niños y las niñas que vivan en el seno de una familia LGTBI, sobra el punto 2. Si se pone “2”, y se especifica un colectivo determinado, es porque se están concediendo privilegios de los que se excluye a los otros. Y no nos engañemos: el punto 1 es para los niños y las niñas que vivan en el seno de una familia LGTBI, no para los que nazcan en el seno de una familia LGTBI. El punto 2 marca la zona de inflexión y señala quien, siendo un niño, siendo una niña, es una persona de clase social superior o inferior.

Reitero, soy plenamente consciente del apoyo de las personas LGTB+ con capacidad de gestar a las personas que no tenemos esa capacidad. Sé que el problema no son ellas. El problema es una clase dirigente que ha decidido levantar un muro de la vergüenza que separe personas.

Gracias a todas y a todos los que, desde tantos rincones de España, lucháis por la Igualdad Real. Gracias a vosotras mujeres y hombres, cis y trans, que consideráis que la desigualdad nunca es justificable. Gracias como padre, como gay, como persona.

Y caiga todo el oprobio, toda la vergüenza, sobre una ley que viene a consagrar un principio que ya es tradición en España: que ni todas las españolas ni todos los españoles somos iguales.


Pedro Fuentes es presidente de la asociación Son Nuestros Hijos.

Proyecto de ley presentado

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