Los neomachismos

En los últimos años asistimos a un nuevo fortalecimiento de una serie de discursos machistas que relativizan y avalan de forma explícita o sutil las desigualdades de género y la violencia hacia las mujeres y las sexualidades no normativas.

Los nuevos machistas aprovechan la situación para perpetuar sus visiones de la sociedad, esa que aboga por que las mujeres avancen en sus derechos, pero que no toquen los verdaderos resortes del poder, esos que siempre nos han pertenecido por el mero hecho de nacer hombres.

Pero tales discursos no son tan nuevos, sino que son el resultado de la actualización, a través de modos y canales distintos, de una lógica patriarcal de dominación y explotación más que consolidada en el tiempo. Una lógica que sigue operando a través de canales clásicos a los que ahora hay que sumar los nuevos medios en el terreno de lo virtual (blogs, redes sociales, plataformas, foros).

Estos nuevos discursos sociales del machismo son en cierta medida una reacción al establecimiento y desarrollo de las políticas de igualdad (ley de aborto, ley de violencia de género). Pero sobre todo constituyen toda una respuesta social a un cambio en las relaciones de género que, gracias a los movimientos feministas, principalmente, ha conllevado mayores cuotas de igualdad y libertad para las mujeres.

Los discursos neomachistas tienen en común una minimización de la importancia de la violencia masculina y de la desigualdad estructural entre hombres y mujeres, una crítica constante a las políticas de igualdad institucionales y un importante cuestionamiento de la actitud de muchas mujeres y feministas a las que se responsabiliza de la reacción agresiva de los varones. Además, consideran que el contexto es fuertemente favorable a las mujeres y llegan a percibir al hombre como una víctima de los excesos femeninos y de la lucha por la libertad de las mujeres.

Después de muchas décadas de lucha contra la violencia machista, parece que los derechos de las mujeres se vuelven contra ellas mismas.

Desde que la lucha contra la violencia se ha institucionalizado, el foco se ha ido desplazando hacia la violencia más extrema, la agresión física (y, por encima, el asesinato).

En este enfoque miope, el contexto de discriminación sexista se diluye, no se entiende. Y se quedan fuera otras violencias machistas más invisibles y habituales que se dan en el contexto de la pareja, pero también en la calle, en el trabajo y en las redes sociales.

Hoy en día pocos se proclaman abiertamente como “machistas”, pero hay otras formas un poco más sutiles de serlo. Algunas de ellas consisten en colocar a los hombres la etiqueta de “víctimas”, porque ya se sabe que las víctimas suscitan siempre más simpatías que los privilegiados. Para eso tienen que sembrar la duda sobre los abrumadores datos de violencia en la pareja; para eso tienen que inventarse el llamado “Síndrome de Alienación Parental”, Además, también, para eso tienen que insultar a las mujeres feministas llamándolas “nazis”, etc. Sus posicionamientos rezuman misoginia. Estamos ante nuevas formas de machismo, lo que desde los movimientos por la igualdad llamamos “neomachismo”. Aunque algunos se proclaman a sí mismos como “partidarios de la igualdad real”, intentan mantener los privilegios bajo nuevas formas.

El neomachismo intenta confundir, para poder mantener mejor sus nuevas posiciones, encaminadas, como siempre, a cuestionar los derechos de las mujeres, su autonomía y la independencia ganada.

Ninguno de ellos dice que esté en contra de la igualdad sino que, por el contrario, afirman que son las mujeres las que están haciendo una sociedad con graves problemas de convivencia como consecuencia directa de su necesidad de ser libres e iguales. Nunca entendieron ni entenderán que sin igualdad la libertad no existe, y que aquélla o es real o no es igualdad, y la democracia las exige ambas.

Txema Olleta es miembro de AHIGE, Asociación de Hombres por la Igualdad de Género.

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