Masculinidades alternativas, homofobia y privilegios

Este artículo va dirigido a todos aquellos hombres que hemos crecido bajo los mandatos de masculinidad normativa o dominante y que empezamos a darnos cuenta de que, más que aportarnos bienestar y autenticidad, esos mandatos han sido enajenantes y tóxicos para nosotros mismos y para las personas que nos rodean.

Para un cambio de creencias tan arraigadas en nuestros gestos y en nuestro –escaso– repertorio emocional sin duda hacen falta muchas aptitudes y determinación personal (en AHIGE nunca nos cansamos de repetir lo de "cada hombre una revolución pendiente"). Sin embargo, tal disposición personal es vana si no encontramos un 'nosotros' en el que sentirnos reconocidos y en el que poder desarrollarnos.

Los espacios no mixtos de crecimiento y desaprendizaje de género, los grupos de hombres, son un factor clave para la emergencia de lo que se ha venido a llamar ' masculinidades alternativas'. En dichos espacios los hombres podemos mostrar y vivenciar experiencias que nos están prohibidas desde la masculinidad hegemónica. La expresión no iracunda de emociones, la elaboración emocional de experiencias (personales, amorosas, familiares, laborales...), el contacto físico y afectivo entre hombres, la cooperación entre hombres, el descubrimiento de la empatía en la mirada mutua... Pero, si tan dichosos pueden llegar a ser estos espacios para nosotros (y las personas que nos rodean), ¿por qué es tan difícil encontrar 'grupos de hombres'?

Parte de la respuesta a esa pregunta la podemos encontrar en el mandato homofóbico de la masculinidad dominante: "Rechaza y combate en ti cualquier pensamiento, acción o sentimiento homosexual". Miles de fantasías brotan de nuestras mentes machistamente disciplinadas cuando pensamos en un grupo íntimo y no mixto de hombres que se niega a encontrarse bajo los códigos de honor y fraternidad (dicho de otra manera, bajo códigos de violencia y encubrimiento mutuo). 'Terroríficas' e íntimas dudas nos asaltan: "¿...y si hay algún homosexual en el grupo? ", "¿...y si me desmonto ante ellos?", "¿...y si descubro un homosexual dentro de mí?", "¿...y cómo se lo explico yo esto a los demás?". El imaginario colectivo siempre proyecta sobre un grupo de hombres disidente a las prácticas y mandatos patriarcales una sombra de homosexualidad explicita o latente.

Miedo a la pérdida de privilegios

Pero, además, para contestar a la pregunta de “¿por qué es tan difícil encontrar 'grupos de hombres'?”, la hipótesis que quiero lanzar en este artículo es que el mandato homofóbico no es el único impedimento para la creación de estos espacios, sino que, diría más, es la cortina de humo que esconde el gran motivo interno. Y es que aceptar repensarse y crecer desde una 'masculinidad alternativa' implica un cambio de lugar en lo personal, lo relacional y lo colectivo que se concreta en la renuncia y pérdida de los privilegios masculinos. Es el miedo a la pérdida de dichos privilegios lo que realmente nos paraliza.

Miedo a aceptar que ni hemos sabido querernos ni hemos sabido querer a lxs demás. Miedo a asumir que con los privilegios masculinos nos protegemos de la responsabilidad de todo este maltrato. Miedo a salir del primer plano (en el que nunca hemos estado). Miedo a asumir que nuestro supuesto papel central en la sociedad y en la familia lo hemos construido cotidianamente a costa de la opresión de las mujeres y la infancia.

Los privilegios son situaciones concretas de desigualdad (desiguales salarios, desiguales tareas, desiguales valoraciones, desiguales tratos...) que hemos heredado de nuestra cultura, de nuestro entorno y de nuestras familias y a los que podemos renunciar o no. El conflicto está en que renunciar a ellos, de alguna manera, supone una 'traición' a nuestra cultura, a nuestro entorno, a nuestra familia, que, a fin de cuentas, son los que nutren nuestra seguridad básica y nuestro sentimiento de pertenencia.

De esta manera, el miedo a la pérdida de privilegios no está sólo vinculado a la pérdida de beneficios sino también a la pérdida de una seguridad básica que es muy difícil de abarcar racionalmente.

Visto desde esta perspectiva, los grupos de hombres devienen un nuevo espacio cultural y relacional que garantiza un espacio de pertenencia y seguridad que permite salvar este miedo básico y seguir avanzando en ese abandono de privilegios.

Eso sí, retomando el inicio de este artículo, os advierto que para poder acceder a estos espacios de reunión de hombres disidentes es muy probable que se deba ser un poco... marica!!


Lluc Pagès es miembro de AHIGE, Asociación de Hombres por la igualdad de Género.

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