Frente a los nuevos fascismos, ecofeminismo

Los feminismos se están situando dentro del marco social como alternativa a los sistemas tradicionales que ha desarrollado el humanismo.

En muchas ocasiones, las personas que somos activistas LGTBI+ debatimos en profundidad sobre las relaciones entre los movimientos por la diversidad sexual y de género y los feminismos, sobre la interseccionalidad, sobre la defensa de los Derechos Humanos, la racialización de las comunidades, los márgenes sociales o la prostitución, cuestiones, todas ellas, que atienden a la crisis social en la que vivimos.

Sin embargo, en estos espacios es habitual olvidar otra de las grandes variables que nos atraviesa y que pone en cuestión nuestra sociedad en sí misma: la crisis ecológica. Corregir a la mayor brevedad esta desconexión es vital ya que ambas crisis (social y ecológica) están íntimamente ligadas y no es posible solucionar la primera sin entender, asumir y afrontar la segunda.

Primero debemos tener claro que ambas están profundamente interconectadas y son culpables del resurgimiento del fascismo. El agotamiento del sistema liberal, consecuencia directa de la sobreexplotación de recursos en un Planeta finito (hemos sobrepasado con creces los límites biofísicos del Planeta), están provocando que la rueda gire y que sea el fascismo el sistema que aparece como alternativa al fracaso liberal. Con un socialismo agotado desde hace décadas, parece que en la concepción humanista de nuestras sociedades occidentales no hay espacio para una cuarta vía. Sin embargo, afirmar que no hay más solución que liberalismo o fascismo es caer en un grave error.

Ya casi hemos recorrido dos décadas del siglo XXI y nos ha quedado claro que las preocupaciones y los retos a los que nos enfrentamos poco tienen que ver que las prioridades sociales del siglo XIX. En nuestro tiempo, la crisis ecológica, con el cambio climático como actor principal, se sitúa al frente de estos retos ya que, sus consecuencias, provocarán un cambio radical en nuestras civilizaciones. A esta nueva variable, se ha sumado una nueva esperanza: la universalización de la lucha feminista. Impulsada por grandes movimientos globales desde lo local, que se han acentuado de forma exponencial durante el último año, los feminismos se están situando dentro del marco social como alternativa a los sistemas tradicionales que ha desarrollado el humanismo.

Los movimientos por la diversidad sexual y de género, los movimientos LGTBI+, encontramos en muchos feminismos espacios comunes de trabajo y reivindicación por lo que debemos trabajar por situarlos como una alternativa real y efectiva al sistema actual. Ampliar el sujeto para universalizar una lucha por los Derechos Humanos frente a los nuevos fascismos es clave para concentrar todas las luchas bajo una misma bandera, una unión imprescindible para derrotar a la ultraderecha que, cada vez, va ganando más fuerza. Pero no incorporar la crisis ecológica sería un grave error ya que esta será la que defina el nuevo tablero de juego. No es lo mismo articular luchas en un contexto social de relativa calma que en un contexto de migraciones masivas por el acceso a los recursos básicos como el agua y los alimentos.

Por ello, debemos reivindicar el ecofeminismo como la cuarta vía, como la herramienta de lucha contra el fascismo y como la base para construir esa nueva civilización poscrisis ecológica. La base conceptual del ecofeminismo es un marco en el que todas nos debemos sentir cómodas porque en ella se recogen todas las demandas de los movimientos sociales. Es decir, construir un suelo social que asegure el respeto a los Derechos Humanos y el reconocimiento a la diversidad fijando un techo ecológico que considere los límites biofísicos del Planeta para construir sociedades sostenibles en el tiempo. Y todo este marco con el objetivo de erradicar el heteropatriarcado, origen tanto de la crisis social como de la crisis ecológica que padecemos.

El reto que tenemos por delante es inmenso, quizás el mayor al que nos enfrentamos como individuos y como especie. No debemos caer en los errores del pasado y tenemos que empezar a llamar a las cosas por su nombre. El resurgimiento del fascismo es un hecho que ya está aquí. La unión de luchas contra esta amenaza es necesaria. La crisis ecológica ha entrado en un punto de inflexión. O actuamos ahora y asentamos las bases de la transición en los próximos 10 años o nos enfrentaremos a un escenario imprevisible que pondrá en cuestión nuestra propia existencia. Tenemos poco tiempo pero tenemos la herramienta perfecta. Es hora de unirnos por un objetivo común. Frente a los nuevos fascismos: ecofeminismo.

Jon Ruiz de Infante es activista de EQUO Berdeak y de la Red EQUO LGTBI+

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