Se acaba el plazo para compensar a las víctimas LGTB del franquismo

Mientras se acaba el plazo para pedir las indemnizaciones para la población LGTB reclusa, muchos de aquellos llamados "presos sociales" siguen presionando para que se reconozca todo lo sucedido durante el régimen de Franco.

27/12/2013 - Eduardo Nabal | Opinión Aunque como decía el director Javier Larrauri, en cualquier momento podemos ser testigos de otro tiempo maldito marcado por la alianza de la derecha española y los sectores más conservadores de la jerarquía eclesiástica, muchos de los presos que sobrevivieron al franquismo ven por fin, parcialmente, reconocida su historia poco contada. No obstante, no ha habido una renovación suficiente de aquellas estructuras sociopolíticas que condujeron a la población LGTB a la cárcel o al manicomio y no hay una clara legislación ni antidiscriminatoria ni sobre la memoria histórica, esa memoría de la dictadura franquista que hasta Argentina pide que se investigue. Pero a este gobierno no le interesa hacer memoria.

Las lobotomías de López Ibor, las terapias brutales de gente como Vallejo Nájera, la censura, el exilio, los matrimonios forzosos, los abusos en colegios de curas y monjas, los encuentros clandestinos... fueron acabando a finales de los setenta, pero la ideología y los que lo promovieron (o sus dicípulos) siguen ostentando el poder aliados con una iglesia que, a pesar de las bondades dichas por el Papa Francisco, sigue condenado a las personas LGTB y a las mujeres en general a depender de sus leyes no escritas y de sus ideas sectarias.

La reforma de la ley del aborto de Gallardón, las declaraciones del ministro del Interior, el cierre de los programas de prevención y reproducción asistida, la censura sutil pero en aumento y la eliminación de la diversidad sexual en las aulas a través de la extinta educación para la ciudadanía en los programas académicos son preocupantes pasos atrás que hacen necesario que las jóvenes generaciones, sea cual sea su orientación sexual, conozcan lo que la dictadura franquista y la moral dominante hicieron con los disidentes sexuales o de género.

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