Informe sobre delitos de odio 2018

 “La Cara Oculta de la Violencia hacia el Colectivo LGTBI”, es el título del informe estatal donde se muestra la magnitud de la discriminación y el odio hacia el colectivo LGTBI recogidos en 2017 por entidades LGTBI a través de sus servicios y observatorios locales.

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La discriminación y violencia motivadas por prejuicios, los llamados delitos de odio, se han extendido y normalizado en nuestra sociedad. Si nos enfocamos a la orientación sexual e identidad de género, según el Informe Experiencias de personas LGBT como víctimas de la discriminación y
los delitos motivados por prejuicios en la UE y Croacia, de la European Union Agency for Fundamental Rights, elaborado en 2013, casi la mitad, 47 %, de las y los consultados señalaron que se habían sentido personalmente discriminados o acosados por motivo de su orientación sexual en el año anterior a la encuesta.


Por otro lado, según la misma fuente, sólo el 17 % de las y los encuestados denunció a la policía el incidente más reciente de violencia motivada por prejuicios que le hubiera ocurrido.
Según los informes del Ministerio del Interior, la orientación sexual y la identidad de género son algunos de los motivos que más delitos de odio provocan en nuestro país. Es el ítem que más aumentó en el informe de 2017, en concreto un 36%.


Para FELGTB supone una preocupación de primerísimo orden, no solo por la cantidad de víctimas que provoca, sino por lo que implica de disminución de la libertad de todo el colectivo, que amenazado del riesgo de violencia con el que se ve obligado a convivir se retrae -o es susceptible de retraerse- nuevamente a la falsa y muy dañina seguridad de la invisibilidad.

La importancia de los delitos de odio por LGTBifobia la dan tanto las cifras como lo que se esconde tras las cifras. Desde el 2014 desde el Observatorio Redes Contra el Odio, impulsado por FELGTB, se elaboran y/o publican los informes anuales: CON LA VOZ BIEN ALTA: Informe sobre delitos de odio e incidentes discriminatorios por Orientación sexual e identidad de género en España.

METODOLOGÍA


Cada año hasta 2016 hemos ido dando cuenta de un centenar de casos anuales, centrándonos no tanto en la recogida cuantitativa, sino en la cualitativa, procurando homogeneizar nuestra información lo máximo posible con la información recogida por diversas organizaciones en Europa.

En el año 2017, además de atender a estos criterios ampliamos las fuentes primarias de recogida de información gracias a la colaboración con el Observatori contra l’Homofobia de Catalunya, el observatorio pionero en España en esta materia y con quien se ha firmado un convenio para el intercambio de estrategias, buenas prácticas e información en materia de delitos de odio.

En segundo lugar, hemos incorporamos mediante un proceso interno sistematizado la recogida de la información de las entidades miembro de FELGTB que tienen programas, servicios u observatorios locales en materia de Delitos de Odio y que registran los casos que atienden. También hemos incluido el servicio de atención a víctimas delitos de Odio y discriminación de la Línea Arcoíris de FELGTB.

RESULTADOS

De los, al menos, 629 casos de delitos de odio e incidentes discriminatorios registrados por entidades LGTBI a lo largo de 2017, 332 casos, han sido analizados por nuestro Observatorio al contar con información suficiente para ello.

El 73% de las víctimas fueron hombres gais y el 21% mujeres lesbianas, siendo los dos subgrupos más representados en la muestra. Es necesario poner en marcha estrategias de acercamiento a la comunidad trans para recoger información sobre las violencias que les afectan de manera cotidiana y sistematizar la recogida de datos conforme a las variables: cisexual, transexual y no binario.

En este sentido, destaca que solo el 8% de las víctimas se nombran y/o son identificadas como personas trans y que de un porcentaje muy alto (45%) no se sabe si son cisexuales, trans o no binarias. El porcentaje de casos de personas bisexuales es muy bajo (2%). Esto vuelve a evidenciar una doble problemática, por un lado, la dificultad y desconfianza de las personas bisexuales para identificarse como tales a la hora de relatar las violencias y de hacer accesibles las herramientas de denuncia de su caso y por otro la asunción de homosexualidad de una buena parte de víctimas bisexuales de delitos de odio o incidentes discriminatorios LGTBIfóbicos.

El 4% de las víctimas que han sido identificadas como personas heterosexuales nos vuelve a mostrar cómo el prejuicio que motiva la violencia LGTBIfóbica no es sólo la orientación real, identidad de género, y/o expresión de género real, sino también la percibida por parte de los agresores. Por otro lado, son también muestra del “contagio” del estigma asociado a la homosexualidad, bisexualidad y transexualidad, ya que estas víctimas son con frecuencia personas que son parejas, familiares, amigos o acompañantes de personas LGTBI.

Más de la mitad (53%) de las víctimas pertenecen al rango de edad que está entre los 18 y 35 años. En contraposición en edad y en porcentaje están las personas mayores de 50 años que apenas llegan al 4% del total de las víctimas de las violencias LGTBIfóbicas. El elevado porcentaje de víctimas menores de edad (12%) debería hacer saltar las alarmas del sistema educativo, que no está ofreciendo suficiente protección al alumnado LGTBI.

El 71% de los casos tuvo lugar en una gran ciudad. Esta cifra viene a triplicar los casos que tiene lugar otros núcleos urbanos y rurales de menor población. Es necesario reflexionar en este sentido, por un lado hasta que punto para la víctima juega como factor de protección el hecho de desvelar una incidencia LGTBIfóbica el que esta tenga lugar en una localidad donde es más fácil conservar el anonimato, y por otro, el valor que tiene el número, cercanía y accesibilidad de recursos de atención y de apoyo.

Nuevamente nos asalta la pregunta de si esto responde a la realidad, si se trata de los grandes núcleos urbanos donde se producen la mayoría de los incidentes o si lo que sucede es que las víctimas de los otros ámbitos no tienen ni los recursos ni la posibilidad de visibilizarse como víctimas de la LGTBIfobia.

Cuando los incidentes se localizan en el entorno del hogar o cercano al hogar, los agresores son personas  conocidas por parte de las víctimas (generalmente familiares y/o vecinos). Como hemos apuntado, es importante analizar el daño tan específico que infringe una violencia procedente de los entornos más cercanos o incluso familiares, especialmente entre menores LGTBI. En casi la mitad de los casos analizados se registró la presencia de dos o más tipos de incidente. El más prevalente fue el acoso e intimidación (insultos y uso de lenguaje amenazante o abusivo), presente en el 57% de los casos. Se ha registrado 1 caso de agresión sexual y un 12% de agresiones físicas.


CONCLUSIONES


Toda estadística tiene una cifra oculta, pero en este caso, la importancia de esa cifra es trascendental para asistir y apoyar a cada una de las víctimas. Entre un 60% y 80% de las violencias LGTBIfóbicas no se denuncian, es decir, las estadísticas, únicamente, nos advierten de muchas menos víctimas de las que existen. Dejan fuera a un elevado porcentaje de personas que, por algún motivo, ni informan ni denuncian las violencias que sufren. En muchos casos sufren en silencio y soledad. 

Los motivos que pueden llevar a una persona víctima de las violencias LGTBIfóbicas a no buscar apoyo o información, a no contar lo que está viviendo o directamente a no denunciar pueden ser muy diferentes. Unos están imbricados en su libre decisión, pero otros pueden estar asociados a factores de vulnerabilidad y desprotección sobre los que es necesario incidir con políticas y medidas que la protejan, no solo a ella sino también a todas aquellas personas que, con su perfil, están expuestas de manera injustificada a las violencias homófobas, bífobas y tránsfobas.


¿Cuáles pueden ser esos motivos, esos sesgos que interfieren en los datos que describen el perfil de la víctima?


• La víctima no es visible en su entorno y tiene miedo a que se revele su identidad
• La víctima no identifica la violencia sufrida con el hecho de ser gay, lesbiana, bisexual o trans
• La víctima encuentra o percibe obstáculos para informar y/o denunciar las violencias
• La víctima es migrante y se encuentra en situación irregular
• La víctima es una persona mayor

Sin duda, las entidades LGTBI tenemos un papel importante en todo ese proceso de prevención, conocimiento, información, denuncia e investigación y apoyo a las víctimas. Sin embargo, este no es suficiente si desde las instituciones públicas no se hace un esfuerzo por requerir que las estadísticas vayan más allá de las conclusiones descriptivas que arrojan los datos cuantitativos, si no trasciende en un análisis profundo que hable del perfil de la víctima de la LGTBIfobia y de su biografía en relación con las violencias.

Es fundamental destacar la necesidad de unificar la legislación protectora del colectivo LGTBI, dotando de leyes similares a las ya existentes en 14 CCAA de todo el territorio español. También es imprescindible la implementación de esas leyes, el desarrollo de sus reglamentos, la información y formación que establecen las mismas. Desmontar los prejuicios históricos que están detrás de los incidentes aquí analizados no es una tarea fácil ni a corto plazo, y son necesarias todas las herramientas al alcance de una sociedad democrática para lograrlo.

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