50 años de luchas, desafíos y conquistas: manifiesto del Orgullo LGTBI de Andalucía

Las 18 entidades organizadoras de la Manifestación del Orgullo LGTBI Andalucía que se celebrará en Sevilla el 29 de junio exigen al gobierno de la Junta de Andalucía que que cumpla con la Ley LGTBI constituyendo el Consejo andaluz previsto.

El 28 de junio de 2019 se conmemora el cincuentenario de los disturbios de Stonewall, en Nueva York, que dio paso al “Gay Power” y a la lucha “gay” primero y finalmente LGTBI, que se visualiza en el Orgullo LGTBI.

Aquel miércoles de 1969, un grupo de clientes del bar de ambiente Stonewall Inn, hartos de sufrir los abusos y la arbitrariedad de la policía neoyorquina, en connivencia con la propiedad del establecimiento, dijeron basta. Mujeres trans como la afroamericana Marsha P. Jonhson y la latina Sylvia Rivera, junto con otras personas del colectivo LGTBI, se enfrentaron a la policía y se produjeron disturbios por el barrio aquella noche.

Al año siguiente, se celebró una marcha conmemorativa que recorrió cincuenta y un manzanas de la ciudad de Nueva York, desde Christopher Street hasta Central Park, lo que dio lugar a las manifestaciones del Orgullo. Dos años después de los disturbios de Stonewall ya se celebraban por ciudades de todo Estados Unidos y Europa.

España se sumó en 1977 con la primera manifestación de Barcelona, y en 1978 con las de Barcelona, Madrid, Sevilla y Tenerife, lo que supuso para nuestro país incorporarse a la lucha mundial por los derechos de los gais, lesbianas, bisexuales, trans e intersex. 

Han sido 50 años de avances fundamentales, y gracias a la lucha de decenas de miles de activistas y personas comprometidas con la causa LGTBI, hemos alcanzado un marco normativo que asegura el respeto legal a la diversidad afectiva-sexual y de género.

Estos logros han sido posible gracias a las caras más visibles del activismo LGTBI internacional y español, pero también gracias a la labor constante de activistas de nuestros pueblos y ciudades, que con su acción y/o con su visibilidad han permitido que en todos los rincones de nuestra geografía haya llegado la exigencia de la normalización la diversidad género-afectiva como un valor de convivencia y derechos humanos.

A todas y a todos ellos, nuestro reconocimiento y gratitud. Pero estos avances legales y sociales no pueden ocultar que aún queda un camino que recorrer importante. La permanencia de roles cisheteromachistas, la violencia LGTBIfóbica, las discriminaciones dentro del colectivo o la aparición de nuevas realidades género-afectivas, supone un desafío constante para nuestras sociedades y las propias personas LGTBI.

Además, la existencia de una agenda mundial de la ultraderecha conservadora, tanto de raíz cristiana (evangélicos, católicos y ortodoxos) como islámica, que han hecho suya gobiernos como los de Estados Unidos, Rusia, Brasil, Indonesia o Nigeria, está contagiando a formaciones políticas de nuestro país y empieza a cuestionarse públicamente los avances alcanzados.

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