El difícil cambio de género en el documento de identidad panameño

Aunque en su documento de identidad se llama Ramiro González, hoy Candy González, no puede solicitar el cambio de género en su documento de identidad porque no se ha realizado una cirugía de reconstrucción genital, requisito que exige la ley local.

chef trasex panamáCandy González es chef en una empresa de catering 11/11/2012 - Nélida González De etnia guna, González cuenta que asistió a decenas de entrevistas laborales donde era discriminada porque sus datos en el documento de identidad no coincidían con su apariencia física.

Una discriminación para nada nueva en la vida de Candy, quien debía "disfrazarse" de hombre para asistir a clases a la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía. "Me cambiaba de ropa al llegar a la casa", comenta mientras recuerda que las autoridades educativas le negaron la posibilidad de vestirse como chica para la foto de graduación grupal.

Hasta la fecha, seis transexuales en Panamá que sí cumplieron con el requisito exigido en Panamá han logrado cambiar sus datos en sus documentos, explica Sharon Sinclaire, directora nacional de este organismo público. Sinclaire añade que la legislación vigente al respecto se aplica para los errores al momento de consignar el sexo en las inscripciones de nacimiento o en el parte clínico, no siendo creadas expresamente para los casos de transexualidad.

"La legislación internacional afirma que todas las personas con independencia de su orientación sexual o identidad de género tienen el derecho al pleno disfrute de todos los derechos humanos. Por tanto, la aplicación de estos debería tener en cuenta las situaciones y experiencias específicas de personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género", justifica.

Los casos en los que ha intervenido el Registro Civil son de varones de nacimiento que han solicitado el cambio en sus datos. Sin embargo, aunque las mujeres de nacimiento también tienen el mismo derecho, ninguna lo ha pedido.

Discriminación

Abraham Díaz es psicólogo clínico y en los últimos tres años ha trabajado en terapias grupales con unas 150 personas transexuales nacionales. Para Díaz es importante aclarar los términos. "Trasvesti es la persona que viste ropas de otro sexo para satisfacer un deseo erótico o fetichista. Sin embargo, esta persona se acepta e identifica con la anatomía con la que nació". En cambio, el transexual es aquella persona que tiene un desacuerdo entre el sexo que indica su anatomía y aquel con el que se siente mentalmente identificado.

En el mundo, estudios de diversas universidades europeas señalan que aproximadamente una de cada 13.000 personas nacidas con órganos sexuales masculinos pudiera ser transexual; una tasa que, en el caso de las nacidas con órganos femeninos, es de aproximadamente una de cada 30.000.

"Ellas son las más discriminadas de la comunidad", dice Agustín Clément, activista de los derechos humanos de los colectivos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. "Al ser excluidos de la educación terminan en las calles. Son rechazados por su propia familia y tienen menos oportunidades", agrega.

Según un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México, la presión psicológica por el rechazo social experimentado por los transexuales es tanta que uno de cada dos que no recibe terapia psicológica termina suicidándose, en tanto que del 50% restante, al menos la mitad habrá intentado acabar con su vida antes de cumplir los 20 años.

Protocolo de la operación

Debido a que es una cirugía que no se realiza para mejorar la salud física de las personas, ninguna empresa de seguros cubre los honorarios de una operación de reconstrucción genital.

De acuerdo con el psicólogo clínico Abraham Díaz, Colombia es el país más cercano a Panamá en donde se hace este tipo de operaciones. El costo se estima en unos 10.000 dólares. Explica que los médicos de Tailandia "son los únicos en el mundo" que garantizan que los pacientes podrán sentir placer sexual tras la intervención. En este país del sureste asiático una operación de este tipo tiene un costo aproximado de 28.000 dólares.

Si se trata de personas nacidas como varones, la operación consiste en la amputación de los órganos sexuales masculinos y en la construcción de una especie de vagina. Si es un paciente del género femenino, se realiza la amputación de ambas mamas. En ambos casos se requiere de una extensa terapia hormonal pre y posoperatoria, y la certificación de un psicólogo o psiquiatra. Además de este protocolo, para hacer la operación los candidatos deben haber vivido al menos dos años como el género al que quieren cambiar. Sin embargo, Díaz aclara que no todos los transexuales quieren operarse, bien sea porque tienen miedo o porque no desean dejar de sentir sus genitales.

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