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Más homofobia en la Iglesia, el obispo de Tenerife

"Hay muchos tipos, no es sólo pegarle una paliza al chico gay de tu barrio, insultar a la chica lesbiana de tu clase, e incluso el asesinato, éstos son los casos más extremos".

19/04/2012 - Asociación LGBTI Algarabía |Tenerife  La homofobia es el odio, rechazo, miedo dirigido hacia las personas homosexuales, es decir, gais y lesbianas. No obstante, hay muchos tipos, no es sólo pegarle una paliza al chico gay de tu barrio, insultar a la chica lesbiana de tu clase, e incluso el asesinato, éstos son los casos más extremos y, por tanto, los más “visibles” o mejor identificables, sin embargo, la homofobia es mucho más compleja que todo eso, sería muy reduccionista intentar explicar la homofobia como meros casos de violencia física. No. La homofobia, salvo en los casos mencionados, pasa completamente inadvertida, invisible, casi normalizada, extendiendo sus raíces en todas las esferas sociales, en todos los niveles y estratos de nuestra sociedad, a través de periódicos, televisión, Internet o en tu propio colegio, en tu trabajo o en tu iglesia.

Un ejemplo de ello son las recientes declaraciones realizadas por el Obispo de Tenerife. Desde la Asociación LGBTI Algarabía, Colectivo de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans e Intersexuales, estamos hartas, cansadas e indignadas. Hartas de la homofobia histórica y recurrente del Obispo de Tenerife hacia nuestra dignidad (como ya hiciese en el 2007), cansadas de que se siga perpetuando desde la Iglesia Católica la discriminación y la exclusión hacia las personas homosexuales e indignadas con que, en pleno siglo XXI, este tipo de declaraciones, que atentan contra los Derechos Humanos de las personas, pasen sin pena ni gloria y no cuenten con el masivo rechazo y denuncia por parte de toda la sociedad en su conjunto, de los medios de comunicación y de tantos otros agentes sociales pues, recordemos, que tan culpable es quien lanza una piedra para hacer daño, como que quien lo ve y no dice ni hace nada para impedirlo.

Desde Algarabía nos gustaría explicarle al señor Bernardo Álvarez que la homosexualidad no es, ni una manera de ser, ni una manera de vivir. La homosexualidad es, tan sólo, una orientación sexual, tan válida, tan legítima y tan “normal” como lo es la bisexualidad (atracción por ambos sexos) o la heterosexualidad. Hay tantas formas de ser, de sentirse, de comportarse, de vivirse como homosexual como homosexuales hay en el mundo. Pero, antes que todo eso, antes que homosexuales, antes que gais y lesbianas, somos personas y, por tanto, somos diversas como cualquier otra. Y como tales, además de deberes (que de sobra conocemos), también tenemos derechos, entre ellos, el derecho a vivir con dignidad independientemente de nuestra orientación sexual.

A pesar de todo ello, si todos estos principios básicos sobre respeto hacia el prójimo (ese al que tanto la religión proclama) no van acompañados de un sistema educativo que contemple la diversidad afectivo-sexual como un hecho natural inherente al ser humano, que visibilice las distintas orientaciones sexuales existentes, que “normalice” la realidad homosexual y que nos dignifique como personas que somos, se quedarán en mero papel mojado. Pues no se trata de exaltar una orientación sexual sobre otra ni de valorar una forma de amar sobre otras, se trata de visibilizar las diferencias existentes entre los seres humanos dado que lo que no se ve, no se nombra y lo que no se nombra, no existe; se trata de aprender a valorar la riqueza presente en dicha diversidad y se trata de empezar a construir, entre todos y todas y para todos y todas, un mundo más libre, más diverso y más igualitario.

La iglesia sigue manteniendo el mensaje de que la sexualidad es pecaminosa fuera del matrimonio y de la reproducción, sigue intentando controlar nuestra sexualidad y aprovecha cualquier momento para atacar a las minorías sexuales, eso sí “CON EL MAYOR DE LOS RESPETOS”. Si nos respetasen como dicen, dejarían de una vez, ese discurso homófobo, que sigue generando crímenes de odio en muchos países y que se aleja mucho del sentir de la mayoría de los ciudadanos de España.

Por todo lo expresado, animamos al obispo de Tenerife a reflexionar sobre sus palabras, a ser un poco más coherente con la religión que dice profesar y a valorar la riqueza de nuestra diversidad como personas, pues, como diría Jesús: “Amaos los unos a los otros”. Desde Algarabía, así lo hacemos nosotros.


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