psicologia gay gabriel j martin grande

Chantajistas emocionales y compañía

Nos enfurece, estamos hartos de que nos haga sentir culpables y, sin embargo, nos cuesta un horror ser capaces de decir “no” a un chantajista emocional. ¿Por qué? ¿Qué nos hace tan vulnerables a un personaje así?

¿Qué es un chantajista emocional? Pues el que hace chantaje emocional (obvio) así que comenzaremos por aclarar qué es el chantaje emocional (mejor, ¿verdad?). Bien, se trata de una situación que alguien provoca (el chantajista) y que consiste en hacer una petición directa o indirectamente a alguien (la víctima) a la vez que genera un malestar en esa persona de forma que la víctima sólo puede escapar de ese malestar accediendo a la petición del chantajista.

Unos ejemplos: estabas en casa (de crío) y tu madre te pedía que hicieras algo. Le contestabas que lo harías más tarde y ella empezaba a gritarte cosas como “¡Claro! ¿Cómo no? ¡Si aquí la única que hace las cosas soy yo, que soy vuestra esclava! ¡Que me tenéis como la sirvienta!”. En ese momento tú te sientes culpable porque tu madre (a la que quieres… a pesar de que se le va la pinza cuando se pone a gritar barbaridades como ésas) expresa un daño que, al menos supuestamente, le has causado tú. ¿De qué forma puedes huir de tu sentimiento de culpabilidad? Pues haciendo lo que ella te pide que hagas. Así, ella ha conseguido su objetivo por medio de emplear medios emocionales contigo y, como son emociones negativas, lo llamamos chantaje emocional.

Algo parecido puedes decir del tipo que, tras vuestra primera cita, te dice algo así como “ahora harás lo que todos, desaparecer y no volver a quedar”. Te está haciendo sentir culpable, te ha dicho que eres “como todos” y ese “como todos” suele tener una connotación negativa así que, para salir de ese sentimiento de culpabilidad que te causa su “ahora harás lo…”, la única opción que te queda es acceder… ¡y volver a quedar!

¿Por qué?

¿El chantaje emocional es típico de maricas malas o cualquiera de nosotros podía ser un chantajista emocional sin darse cuenta? Pues un poco de todo. Al fin y al cabo, a nosotros nos han entrenado en eso del chantaje emocional desde pequeñitos cuando, por ejemplo, notábamos (o veíamos claramente) que nuestra homosexualidad generaba malestar en las personas que queríamos (tu padre diciendo, “vale que seas gay, pero intenta que no se te note, que no quiero que me llamen la atención”). Y, claro, cuando ves muchas veces una forma de actuar, tus dos alternativas más frecuentes son imitarla (sin ser consciente) o hacerte muy vulnerable a esa conducta.

Si lo vemos desde el punto de vista de la asertividad, las personas homosexuales hemos sido entrenados para ser sumisos (desde pequeños nos veíamos obligados a ocultar o disimular nuestra homosexualidad). En comunicación humana se habla mucho de la asertividad, que sería el punto de equilibrio entre la agresividad (imponerse a los demás) y la sumisión (dejar que los demás se te impongan). Existe un subtipo más, conocido como “pasivo-agresivo”, que se caracteriza por imponerse a los demás mediante vías indirectas, sin confrontarse directamente. El chantajista emocional sería el típico caso de persona con comunicación pasivo-agresiva quien, como el sumiso, se define por ser una persona con la autoestima muy baja.

Una persona con la autoestima baja es una persona que no se sentirá capaz de defender su opinión. Tampoco se sentirá merecedora de que los demás hagan cosas por él o ella. Sin embargo, en el caso del chantajista emocional, no se deprimirá o se aislará socialmente, sino que recurrirá a argucias para conseguir los objetivos que no se siente capaz de conseguir directamente.

¿Cómo relacionarte con un chantajista emocional?

Lo primero que debes saber es que, si te enfrentas a él, igual hasta le haces un favor porque podría ser que este chico haya aprendido a hacer chantaje emocional porque se lo han hecho a él durante toda su vida (y lo imita sin ser consciente de ello). Suelo recomendar la técnica del “yo soy invulnerable, cielo” que consiste en decirle al chantajista que sabes que está tratando de chantajearte y que no piensas caer (“cariño, esto es chantaje emocional y conmigo no funciona, pretendes hacerme sentir culpable para que termine accediendo a tu petición de…”). Con esto logras dos objetivos estratégicos importantes. En primer lugar, le desarmas. Si su estrategia es chantajearte y el chantaje emocional no te afecta, no tiene nada que hacer contigo, está perdido. Pero no sólo eso, además te sitúas un paso por delante al redefinir la situación. Al decirle que su verdadera intención es que accedas a su petición, le obligas a centrarse sobre algo que –en principio– no se sentía capaz de pedir y llevas la situación a tu terreno convirtiéndola en otra en la que se discutirá sobre si quieres, o no,  acceder a sus deseos. Estos consejos pueden serte útiles:

  • Sé muy asertivo, emplea frases como: “tienes derecho a pedirme que haga algo por ti, pero no tienes derecho a hacerme sentir mal para lograrlo” o “comprenderás que yo también tengo derecho a no acceder a tu petición”.
  • Avísale de que, si no desiste de su actitud, te distanciarás de él/ella.
  • Si sabes que eres vulnerable a la culpa o a la vergüenza (algo muy frecuente en personas homosexuales debido al trato recibido), no esperes a encontrarte en una situación así. Trabaja estos sentimientos y aprende a dejarlos atrás.

 

Gabriel J. Martín es psicólogo, especializado en psicología del hombre gay

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