Miguel Ángel Silvestre y Álex González, tipos duros en el nuevo filme de Carlos Bardem

Álex González y Miguel Ángel Silvestre se meten en la piel de dos ultraderechistas en una historia de amor y violencia basada el "Alacrán enamorado" de Carlos Bardem.

07/04/2013 - Alexa López Carlos Bardem, interpreta al personaje de Carlomonte y es también el autor de la novela "Alacrán enamorado", que ha dado origen a la película, se acerca con su cuerpo rotundo hasta el realizador, Santiago A. Zannou; saluda con su mano enorme y dura, y presenta también al protagonista: "Ese que está ahí haciendo flexiones es Álex González. Antes de empezar a rodar, Álex González coge una comba y comienza a brincar. Zannou vuelve a sentarse dando una palmada. Otro sorbo a la coca-cola, otro pitilo y exclama: "¡Hoy estamos a tope!" según publica El País.

Carlomonte es un boxeador retirado y que ha caído en el alcoholismo, un juguete roto del boxeo. Ronda los 50 años, supera los 100 kilos, tiene cara de indio y su voz surge de lo más hondo "Bueno, Rocky, sorpréndeme. A ver qué sabes hacer. ¡Cierra los codos! Vale, vale, vale... Sombrear no sabes". A los pies del cuadrilátero, se dirige a un tipo fibroso llamado Julián, de 27 años, rapado como un neonazi, porque se trata de un neonazi. Liviano, rápido y venenoso como un alacrán. 

Ahora sabemos que aquello más que un rodaje fue un campo de batalla. A unas semanas del estreno Álex González trataba de explicarlo "Para todos, creo, ha sido una peli importante. Nos jugábamos mucho. Todos estábamos muy nerviosos y la verdad que... eh... ¿Cómo contar esto?". Miguel Ángel Silvestre, que se ha metido en la piel del diablo, un neofascista hiper musculado, despiadado en sus palizas, con voz ronca y patillas gruesas, se ríe a su lado: "¡Un paseo en barca, vamos!". González añade: "Fíjate, lo veo ahora: el método de Santiago tiene que ver con tenernos a todos sin pisar en terreno firme. Durante un año y medio, desde el casting, no he pisado terreno firme. Nunca".

El origen de Alacrán enamorado se remonta a 2007, durante la presentación de la novela del mismo nombre de Carlos Bardem en la librería madrileña Ocho y Medio. Álex González, a quien conocía de verlo a menudo en el gimnasio Barceló, donde ambos practican boxeo, acudió a la cita. Y el autor le dedicó el libro con estas palabras: "Con mucho cariño, mírate el personaje de Julián". Un tiempo después el maestro le pide al alumno que se quite la camiseta en la calle y le graba con el móvil sombreando, es decir, moviéndose a solas y lanzando los puños al aire, peleando consigo mismo, y se lo envía a Santiago A. Zannou.

Al cuerpo de Alacrán enamorado empezó a darle forma en 2003. Época de inmigración en España y de brotes racistas. El autor dice que suele escribir desde la mayéutica socrática, haciéndose preguntas. "¿Por qué hay gente que vive para la violencia y por qué hay otros que la sufren?", fueron sus primeros pasos. Luego llegaron "unos hologramas muy claros: unskinhead y al lado una inmigrante". El protagonista, Julián, es "un recipiente, un personaje que se llena de odio. Y cuando odias, no hay sitio para nada más. He conocido a muchos julianes a los que el boxeo les mejora. Les da una disciplina. Carlos Bardem en el filme es el entrenador que ve en su pupilo (Álex González) el luchador que él pudo llegar a ser. Javier Bardem interpreta a un intelectual siniestro que riega con violencia el cerebro diminuto de un grupo de jóvenes facciosos. Miguel Ángel Silvestre se convierte en la sombra oscura del protagonista. El neonazi que ve cómo su "hermano" abandona la jauría y lo deja solo.

Miguel Ángel Silvestre se arriesga con un papel "de auténtico cabronazo en el que no besa a ninguna chica" deja de ser en esta película el famoso "duque" que lo llevó a la fama. En cambio afirma que este personaje es del que más orgulloso está.

La preparación fue dura. Silvestre se desmayó de dolor por un desgarro en una pierna después de una carrera para dar una paliza a un inmigrante; dice que acabó somatizando tanta violencia contenida y que eso le hizo "perder el control". A González le dieron dos lipotimias y le apareció una erupción en la cara. Ambos guardan cicatrices en los nudillos. "La visceralidad está muy bien como resultado, pero el proceso tiene un problema: las hostias eran reales", comenta Alex.

Una historia violenta para denunciar la violencia. Los "fascismos cotidianos", en palabras de Bardem, tan fáciles de inocular en tiempos de crisis. "Una fábula" sobre la superación. Lo dice un tipo que ha sufrido en sus carnes esa mirada xenófoba. Y que salió del barrio de Carabanchel para jugárselo todo al cine.

 

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