'Tomboy', por fin en las carteleras

Tomboy, de la realizadora francesa Celine Sciamma, es una delicada y hermosa historia sobre la infancia y la familia, sobre el despertar de la inocencia y sobre la vida cotidiana de Laura una preadolescente que se siente un chico y se comporta como tal.

tomboy portada03/05/2013 - Eduardo Nabal Con el precedente de la argentina El último verano de la Boyita, el filme de Céline Sciamma- premiado en numerosos festivales- aborda con sencillez y sin aspavientos el tema de la identidad sexual y, también, de las contradicciones de los círculos en los que se mueve con desarmante soltura. La familia de la joven y vivaz protagonista parece asimilar sin problemas su comportamiento, pero cuando otra chica se enamora de él comienzan las trabas y los equívocos, mezclando el drama intimista y la comedia de costumbres. Un asunto tratado con una naturalidad propia del mejor cine francés, a la vez realista y poético.

La película de Sciamma evita el morbo o el tremendismo y se vale más de los silencios, los gestos y los ruidos del exterior, así como de los pequeños movimientos de los personajes, para narrarnos -con economía de medios y escenarios- el traslado de una familia a una nueva vivienda y el traslado de Laura de un género a otro, un gesto natural que acaba encontrándose con cierto rechazo social aunque la protagonista, desde su animosidad y valentía, no parece asustarse ante las presiones finales y la desconfianza suscitada. 

tomboyTomboy es un filme honesto y optimista que muestra cómo, muchas veces, los prejuicios están más en las mentalidades de los adultos o en las divisiones sociales que en la mirada intensa, inocente y lúcida de los niños o las niñas. Aproximándose a los personajes a través de planos cortos alternados con su evolución en un entorno rural –que tiene algo de idílico– Sciamma no necesita de grandes discursos para hacer que su maravilloso cuento de hadas nos parezca increíblemente cercano y vital, más allá de los alardes "kitch" de Ma vie en Rose de Alain Berlinier o de filmes mucho más duros como Boys don´t cry de Kimberley Pierce. Tomboy, el último y mejor filme de su realizadora, contado con mano firme y a la vez pulso sensible, es la historia de una familia, un vecindario, unos nuevos amigos y las relaciones fraternales y paterno-filiales marcadas por el amor y la entrega.

El brote de intolerancia no consigue hacer desparecer al protagonista ya que la directora cree firmemente en la autenticidad de su personaje y lo sitúa con vitalidad en su rol de "tomboy" (marimacho en inglés) por encima de cualquier prejuicio, moralina o moraleja. Una película fresca, inmediata, sensitiva y recomendable para todos los públicos, más allá de los patrones culturales heredados. Una lección de gran cine envuelta en un envase argumental aparentemente pequeño.

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