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Relato erótico: Morbo y desenfreno con un bisex (II)

Morbo y desenfreno con un bisex (I)

beso gay 2La casa era enorme y la cama aún más. Nunca había visto una cama como aquella. Yo creo que cabían diez personas perfectamente. Estaba tan alucinado que cuando me quise dar cuenta tenía a mi lado, desnudos, a Luis y la rubia metiéndose mano como animales. Marco, que así se llamaba “el mío”, estaba solo con el calzoncillo, encendiendo unas velas. Sólo se escuchaban los gemidos y las lenguas de los otros dos que se estaban devorando. De repente se apagó la luz y me sentí solo. Pero por poco tiempo. Enseguida noté las manos de Marco en mi pecho y sus labios deslizándose por mi cuello.

Noté un hormigueo en mi pene que fue en aumento a medida que se iban intensificando los besos y las caricias por todas las partes de mi cuerpo. Como era el único que aún tenía ropa, Marco se dedicó a quitármela cuidadosamente mientras me obsequiaba con cálidos besos y recorría su lengua por los lugares más insospechados. De repente, llegó a mi cintura y de un latigazo me arrancó a la vez pantalón y calzoncillo y dejó al aire mi pértiga que estaba palpitando después de tanto estímulo. Me hubiera gustado observar bien su cara cuando la vio. Debía estar relamiéndose. Sin esperar un solo instante la atacó con ferocidad y noté como entraba en su boca hasta el fondo.

Gemí intensamente y noté un silencio de varias décimas de segundo, como si todos los presentes dijeran al unísono: “Vaya, al fin despertó este…”. Me llevó a la cama y me lanzó con furia mientras seguía succionándome sin piedad. A escasos centímetros a mi derecha se estaba, derramando las cataratas del Niágara a juzgar por la intensidad de los jadeos y los movimientos ondulantes del colchón. Me dio por palpar a ver qué encontraba y me topé con piel palpitando, con saliva y sudor que me excitaron aún más.

¿Quién era? ¿Él o ella? Qué mas da. Seguí tocando y tocando hasta que de improviso me encontré con la polla de Luis. Me quedé bloqueado. Nunca había tenido el más mínimo roce con él pero tampoco me puse a pensar. La rubia se había hecho con ella en su boca y sólo me dejó una pequeña porción junto a sus huevos. Se los estrujé bien y le escuché aullar de placer. Mientras, Marcao, después de dejármela bien dura se subió encima de mí y la introdujo bien adentro. Empezó a subir y a bajar poseído por la lujuria y yo me armonicé con sus movimientos como si fuéramos una pieza de ingeniería cachonda.

Mi mano derecha se deslizaba de un lado a otro tocando culos, pechos, piernas y penes. Empezamos a gritar los cuatro en una especie de sinfonía del placer dirigida por un director en pelotas y con el pene bien erecto que hacía las veces de batuta. Oía gritar a Marco como si fuera a romperse en dos. Notaba cómo le atravesaba en cada movimiento y cómo sus nalgas golpeaban mis testículos con fiereza. Con mi mano izquierda le cogí su polla, durísima y erguida como una lanza y empecé a pajearle a toda velocidad. Eso no hizo más que aumentar sus gemidos y elevar el compás de sus movimientos. Con mi mano derecha introduje mis dedos en un agujero cautivo, no me preguntéis cuál, y me dediqué a explorarlo y a comprobar hasta dónde podía llegar.

Así permanecimos un tiempo indeterminado esperando que uno de los cuatro explotara en mil pedazos, o quizá los cuatro a la vez. En la penumbra de las velas observaba a Luis retorcerse de placer mientras probaba todo tipo de posturas con la rubia y encima de mí podía notar la respiración de Marco totalmente descontrolada con su sudor corriendo por su pecho. No estoy acostumbrado a este tipo de escenas. De repente tomé conciencia de que estaba en el templo del morbo y noté mi magma blanca ascendiendo lentamente. En mi delirio, escuché descorchar las botellas de champán de los demás, uno por uno, como si celebráramos el inicio de un año intenso de placer y lujuria.

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