Cartas Sodomíticas II

Carta segunda, donde se cuenta el descubrimiento de la Tierra de Chueca y sus símbolos, y las leyes que en el Reino de España tocan al pueblo sodomita.

Sabed, mi señor, Baal os guarde, que mucho he caminado por la capital de este Reino en estos días, y son muchas y muy notables las cosas que he aprendido en ellos. Si terminaba mi anterior carta haciéndoos saber que había enviado a Melquisedec a una notable zona de esta ciudad donde comienzo mi embajada, tengo hoy el gusto de contaros que he pasado ya no pocas tardes en ella.

Se trata de un pequeño barrio, muy céntrico, que aunque oficialmente recibe el nombre de Justicia, pues aquí se encuentra el ministerio que de esa materia se encarga, es conocido popularmente como de Chueca, por ser así llamada su plaza principal. Sabed, además, que es en este espacio donde se mueven con mayor libertad, y a veces también residen, esas personas que denominan lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, y con ellas y ellos se asocia toda la actividad que aquí se desarrolla. Como os dije que centraría mis investigaciones en esas gentes particulares, quiero contaros las muchas y diferentes cosas que sobre ellas vengo aprendiendo.

Siguiendo las indicaciones de Melquisedec quise introducirme en una de las distintas tabernas que aquí se abren a todo público, en una no poco indecorosa mezcla de sexos, y observar cuanto pudiera de los usos y costumbres de quienes allí se daban cita.

He visto así muchos y muy curiosos grupos de personas que pasan las tardes bebiendo repugnantes brebajes, entre los que destacan un líquido amarillento y espumoso que llaman cerveza y otro amargo y negruzco, que a veces combinan con leche, que tiene el nombre de café.

Son pocos los que piden vino, e intuyo que esto se debe a que los que aquí sirven son de poca calidad si los comparamos con los que nos ofrecen nuestras viñas sodomitas; pero son en cambio numerosos quienes beben ciertos interesantes líquidos de todos los colores y repletos de burbujas. Me he aficionado a uno de ellos, fresco, negruzco y que parece poseer algunas propiedades que fomentan la atención. Trataré de haceros llegar una remesa de este agradable refresco de cola, que es éste su nombre, pues puede resultar de gran utilidad para nuestros propósitos y propiciar que nuestras soldadas resulten, por más despiertas, más eficientes en sus tareas.

Llamó poderosamente mi atención la decoración de toda esa zona. Tiendas, viviendas y calles se ofrecían engalanados con grandes telas de los colores que ofrece el arcoíris. Cuando pregunté a uno de los sirvientes de la taberna me contó que seguía todo de esa manera porque recientemente habían celebrado el ritual del Orgullo que os conté en mi anterior carta, y sucede que son precisamente esos tintes los que dichas personas LGTB reconocen como su bandera.

No supo el camarero explicarme el porqué de la identificación, y deberé investigar sobre ello, pero fue tanta la importancia que le dio a este símbolo que, si bien reconozco que la minoría que más se nos asemeja en esta tierra está bien predispuesta para formar algún tipo de comunidad de influencia, se sorprendería de los verdaderos símbolos de nuestra cultura sodomita, quizá debido a que carece de verdaderos y profundos conocimientos sobre el significado último de su extremada dignidad y no desean, en consecuencia, apartarse suficientemente de los vicios torpes tan frecuentes en esta tierra de 'heterosexuales', que es como se llaman, ya os conté, las personas que yacen indebidamente con otras de sexo distinto.

Perdonad, de nuevo, que deba relataros estas aberraciones pero, como os indiqué con anterioridad, es tan habitual esta inversión moral que todo lo invaden sus costumbres. Y aunque según me dijeron también son aquí cada vez más frecuentes, por desgracia, es esta zona de la ciudad la única que queda a salvo de su completa influencia.

Para mejor conocer este barrio quise buscarme un guía en la tercera de las tardes que pasé en sus calles. Y dentro de ese local que he tomado como punto central de mi investigación quise elegir a un joven de apariencia inteligente y no poco hermoso que me pareció el indicado por el modo en que quería entretenerse.

Sentado a solas en una esquina, bebiendo uno de esos líquidos de burbujas, no apartaba la mirada de un curioso aparato que aquí todo el mundo usa con frecuencia y sirve para las más diferentes cuestiones, desde la más básica comunicación a la caza de una especie extraña de invisibles gamusinos que ha ocupado las horas de las gentes de Occidente en estos días. Otro había encerrado en la lectura de un voluminoso libro, pero creí más apropiado acercarme a aquél y solicitar sus instrucciones para mejor moverme por este barrio de Chueca.

Quiso, además, acompañarme una vez me presenté y le expuse mis intenciones, y así me llevó de un lado a otro, indicándome los lugares más propicios para realizar cada una de las comidas del día, las tiendas donde comprar tanto cualquier objeto engalanado con esta bandera arcoíris como algunos libros sobre estas gentes y también las ropas que acostumbran emplear para usos diarios y de gala.

Sobre éstas quiero hablaros en otro momento, por ser tan distintas a las nuestras y ser preciso un mayor estudio; y sobre aquello de la cultura creo que preguntaré al hombre que leía si vuelvo a verlo. Os cuento por el momento que este joven que me guiaba fue quien me indicó que, como os digo, ha cambiado notablemente este barrio a lo largo de los últimos años.

Parece que lo que hoy veo en sus calles dista ya mucho de lo que podía observarse hace no poco más de una década, que ahora es notable la presencia de esos heterosexuales cuando antes apenas era perceptible y podían lesbianas, gais, bisexuales y transexuales considerar este espacio como un territorio más propio.

Más tarde entendí, y así os contaré, el motivo por el que ha sucedido esto; os digo ahora que este muchacho muy amablemente me explicó no sólo la naturaleza de este barrio sino que también me introdujo en las características y condicionamientos que viven sus iguales, y quiero pediros licencia para trasladar sin ofenderos los muchos padecimientos a los que estas gentes que creo tan nuestras han tenido que enfrentarse.

Penas de muerte y reclusión, torturas y exilios, maltratos, multas e insultos han sido constantes a lo largo del último milenio. Esta sucia y vil calaña hetero ha perseguido y exterminado a nuestro pueblo en esta tierra durante más de mil años y parece que ahora sólo pretende ofrecernos una cara amable regalándonos algunas migajas de esos privilegios que han forjado a nuestra costa.

La narración de estos terrores me hizo palidecer, y fue inmensa la ternura que me produjo aquel joven que todo esto me contaba, sólo con pensar qué habría sido de su juventud, inteligencia y belleza si hubiera tenido la poca fortuna de nacer en un tiempo menos propicio para su dignidad.

Ahora ya no es como antes, me decía, porque son muchas las leyes que nos protegen en España y empiezan a cambiar las cosas. No hace más de unas horas que en la región capital del Reino se ha promulgado una ley que protege de manera especial los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, y me contaba el chico con ilusión, y como si se tratara de algo extraordinario y no de una cuestión fundamental, que cuando entre en vigor podrá denunciarse cualquier intento de discriminación.

Me decía que desde hace poco más de una década España ha evolucionado notablemente y que ahora son impensables algunas de las barbaridades que antes fueron tan comunes. La evolución del barrio se debe, entre otras cuestiones, a dichos cambios y, según mi nuevo amigo, el principal entre todos ellos fue la aprobación de lo que aquí llaman Matrimonio Igualitario.

Le pedí que me explicara con más detenimiento esa reforma y entonces, ruego me disculpéis, no pude soportar lo que me contó, y os ruego os sentéis antes de seguir leyendo, porque es cosa increíble. Sucede que en esta tierra, y junto a ella en otras muchas, hasta hace muy pocos años el Matrimonio era, os pido me perdonéis, sólo posible para personas de sexo diferente.

Tras oír esta barbarie no recuerdo más que volver a despertar poco después, asistido por mi amigo, pues caí desmayado. El relato de tanto sufrimiento a lo largo de la Historia y de tal abuso que se ha cometido contra nuestro pueblo fuera de Sodoma se me hizo insoportable, como supongo que también os habrá afectado inmensamente conocer que en esta tierra salvaje no sólo se tolera el vínculo matrimonial para personas de distinto sexo sino que era ésta la única unión posible hasta hace bien poco tiempo.

Más allá de nuestras tierras nuestra gente sufre de forma extrema: se nos asesina en un total de siete países, se nos considera ilegales en más de setenta, y en la mayoría la sagrada institución del Matrimonio se permite, como digo, a personas de distinto sexo. Sólo unos pocos estados han ampliado sus leyes para darnos cabida en ellas.

Sabed, rey Kirta, que es grande la inquietud que me provoca este aprendizaje. Tengo una suerte de sentimiento de culpa por haber dejado a estas personas LGTB abandonadas durante tanto tiempo, sin que nadie más que ellas mismas se preocuparan de defender sus libertades.

Nuestro reino de Sodoma debe tomar cartas en el asunto cuanto antes, y será tan necesario como urgente adecuar nuestras intenciones en el exterior a esta serie de noticias que os hacemos llegar desde estas tierras que sólo guardan violencia para nuestro pueblo.

Seguiré estudiando y os haré llegar nuevas noticias. Rezad a la madre Asera, entre tanto, por estas personas que en nuestra ignorancia hemos condenado al sufrimiento.

Sótades de Adama

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