Cartas Sodomíticas III

Mucha preocupación me tengo, rey Kirta, después de ya muchos días en esta tierra de España sin haber tenido noticias de nuestro Imperio. Me dice Melquisedec que os envía sin tardanza todas las embajadas que yo os reporto, e intuyo que cualquier posible retraso se deba a los servicios de comunicación que aquí se ofrecen, que distan mucho de tener la eficiencia que caracteriza a los que disfrutamos en Sodoma, donde nadie siquiera puede reflexionar para sí sobre alguna cuestión de su interés sin que vuestra excelencia quede enterado de tales pensamientos. Pero no vayáis a creer que en España es poco el correo: estas gentes parecen no hacer otra cosa, aunque las cuestiones que les interesa comunicar os moverían a risa. Intuyo que odian el papel y ya sólo interactúan a través de sus endiablados mecanismos metálicos. He conseguido hacerme con uno de ellos no sin tener antes que responder cientos de preguntas en su tienda, y junto a ésta os remito otro aparato igual, de estos que llaman móviles, para intentar establecer el contacto entre nos como suele hacerse en esta tierra.

Con todo, y así os iré enviando pruebas, parece que cuando una España habla hay otra España que la ignora...

Esta capital de Madrid tiene calles sucias como si estuviera habitada por gente de poca instrucción, aunque esté repleta de unos curiosos carteles que a nadie parecen importar y que recuerdan el lugar donde han de arrojarse los despojos. De igual manera, la comunicación por vía inalámbrica, con estos instrumentos que os cuento, resulta igual de ineficiente. Tienen estos occidentales mil maneras de hablarse unos a otros, pero para nada les sirven. Para estudiarlas en mi nuevo aparato me ha colocado Melquisedec, cuya capacidad de adaptación a los medios que se emplean en España es digna de admirar, una serie de aplicaciones, como les dicen; y resulta de lo más curioso observar para qué son empleadas. No vayáis a pensar que sus reflexiones son de verdadero interés, pues nada más lejos de su verdadera función. Ya sea en el Facebook, el Twitter o el Instagram, que son las más comunes herramientas, se dedica este pueblo a contar cualquiera de los pensamientos que a la cabeza se le vienen, sin ningún filtro, y así resultan mundos inundados por chistes incomprensibles e imágenes de sus alimentos, que supongo sirven para fingir la instrucción que tanto les falta y hacer gala una capacidad económica que les permite comer a diario, no como otras muchas personas que aquí andan condenadas a la pobreza. Por toda respuesta sólo es habitual apretar un botón que dice 'me gusta', y por si esto fuera poco extraño más inquietante resultan las fotografías que sin cesar se ofrecen de unos curiosos animales peludos, de apariencia enternecedora pero realmente fieros y salvajes, que parecen adorar como dioses del mismo modo en que nosotros honramos al toro de Baal. Estos gatos, que es como se llaman, inundan tanto la realidad tecnológica como la callejera, y por todas partes aparecen fingiendo ofrecer afecto a la humanidad para cobrárselo luego a cambio de arañazos. No os diré más, mi señor, que son tan populares estos seres que sirven de gentilicio para los pobladores de esta ciudad: un vecino me respondió hace unos días, al preguntarle su origen, que él era gato, sin más señas; y aún tardé en comprender que quería decirme que era de aquí, de Madrid.

Pretendía informaros, como en la anterior os prometí, de algunos rituales del vestido y el ocio de esta minoría que se llama de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales; pero un acontecimiento de importancia en este país se ha celebrado esta semana y deseo hablaros sobre ello. Hace unos días, y no del todo de forma fortuita, volví a encontrarme en la taberna que os dije con el joven que me enseñó la tierra de Chueca y me asistió en mi desmayo la pasada semana y, pues yo andaba inquieto por conocer a qué se debían los enfrentamientos que observaba en esas aplicaciones donde todos hablan, quise preguntarle qué día era aquél en que tantas disputas nacían. Sucede que, si bien la mayor parte de los estados de Occidente se enfrentaron en dos ocasiones durante el pasado siglo, esta tierra española sólo conoció un gran enfrentamiento, que comenzó hace ahora ochenta años y en que se enfrentaron una y otra España, supongo que las mismas que antes os dije: aquella que habla y aquella que ignora. Y aunque haya pasado ya el tiempo de una vida la cuestión de aquella guerra sigue palpitante, y aún quedan quienes defienden las ideas de uno y otro bando, cuya oposición radica en cuál resulta el mejor sistema de gobierno, si aquel en que un hombre decide y diseña los destinos de toda una nación u otro extraño que me resulta apenas comprensible, donde toda la población tiene una capacidad de decisión prácticamente infinita. Llaman a esta forma, que parece ser ahora la vigente, democracia y, aunque no acabo de comprender cómo funciona, ni sé si alguna de sus supuestas virtudes resultaría útil a nuestro pueblo de Sodoma, entiendo que debo aprender más sobre ella para satisfacer la curiosidad de vuestra excelencia.

Dejando la cuestión del sistema de organización civil a un lado, el tema que más suscitó mi interés, señor, fue cómo se enfrentan estos españoles a su pasado, cómo ejercen su memoria. De nuevo he descubierto que son aquí muchos pueblos los que parecen encerrarse en uno solo, y que son dos los principales, como antes os he ido transmitiendo. Quienes resultaron vencedores de aquella contienda emplearon ese día que os cuento para mirar hacia otro lado, en tanto que la España vencida no deja de reclamar la compensación por el daño padecido, y que todo cuanto fue transformado por aquella guerra vuelva a quedar como antes estaba.

Creo que esta división perpetua debe ser uno de los fundamentos, si no el principal, de que esta parte de Occidente que he recibido como embajada me resulte de sumo interés por su falta de desarrollo. Mucho ganarían observando nuestra tierra, que cuenta ya con más de cien años de paz. Gracias a nuestro modo de honrar nuestra milenaria historia, sin olvidar nunca ningún gran acontecimiento ni falsear la realidad tomando lo que se pretende por lo que realmente es, nuestro Imperio Sodomita puede servir de modelo de memoria para este pueblo incapaz que es el de España pues, mientras aquí de manera constante el pueblo se divide entre vencedores y vencidos, la población de Sodoma celebra anualmente y en perfecta comunión el final de nuestra Última Batalla, ceremonia que tanto desearía compartir con nuestros hermanos y hermanas esta vez en que se cumplen 130 años desde nuestra victoria.

Con todo bien pudiera ser también que los torpes vicios a los que la mayor parte de estos españoles se dedican, esa heterosexualidad, como la llaman tratando de dignificar tal aberración, fueran los culpables de no sólo la poca perdurabilidad de sus tiempos de paz sino también de la incapacidad para la reconciliación de los adversarios. Llegué a pensar, mientras Roberto -que el extraño nombre de mi guía-, me narraba los hechos relevantes de la Historia reciente de España, que nuestro pueblo aquí, estas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, podría diferenciarse aprovechando la ventaja que les otorga su sexualidad avanzada. Pero cuán grande sería mi engaño que descubrí gracias a mi amigo que nuestros hermanos y hermanas de estas tierras andan igualmente infectadas por el padecimiento de la desmemoria. Supongo que el influjo perverso de sus gobernantes heterosexuales es el que propicia que no acierten a reivindicar sus propias tradiciones, aunque éstas no sean más que tristes trasuntos de costumbres ajenas.

Imaginaos, mi señor, a qué pobreza de pensamiento está sometida esta comunidad LGTB que creen que la historia de su dignidad se remonta en el tiempo a poco más de cuarenta años, cuando fueron capaces al fin de alzarse tímidamente contra sus opresores en esas revueltas que conmemoran con la celebración de su Orgullo. Ni saben más ni parecen querer saber, y me enfada no encontrar el modo de transmitirles la grandeza de la Historia del pueblo sodomita, y cuánto esfuerzo fue preciso para recuperarla tras el incendio que nuestros enemigos provocaron en nuestras academias durante nuestra Última Batalla. El trabajo de nuestros escribientes, que salieron al mundo hace más de cien años por deseo de vuestro predecesor el rey Kirta LXIV, primero de nuestra era, resulta titánico al compararlo con la dejadez con que aquí lesbianas, gais, bisexuales y transexuales se enfrentan a su pasado. Sólo quienes ahora salimos en nueva embajada siguiendo vuestros deseos podría acercársele, tal es nuestra dedicación; y para mejor cumplir con sus mandatos le prometo informarle en mi próxima carta no sólo de a qué se dedican aquí nuestros semejantes en lugar de a honrar su memoria, esos ocios que os dije que os transmitiría, sino también de estudiarla para poder confrontarla con la de nuestra Sodoma. Os interesará de seguro, como a mí me interesa, saber punto por punto qué ha sido de estas gentes que pudieran parecérsenos apartadas de nuestro ejemplo durante tan largo tiempo.

Entre tanto guárdeos Baal y la divina Asera, y responded cuanto antes, si os es posible, dándome cuenta de la gran belleza de nuestro Imperio, que tanto añoro sumido en esta tierra tan hostil.

Sótades de Adama

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