Mayra Gómez Kemp: "Nunca volvería a presentar el Un, dos, tres"

La icónica presentadora del concurso Un, dos, tres, ha escrito sus memorias en ¡Y hasta aquí puedo leer!, una carta de amor a la profesión y un mensaje positivo de superación ante la adversidad.

mayra gomez kemp portadaMayra, tú naciste en La Habana, Cuba, pero desde pequeñita has estado viajando de un país a otro, ¿eso te ha servido para abrirte la mente?

Sí. El viajar te abre la mente. El conocer otras costumbres, otras culturas hace que la mente se abra. ¿A qué tiene miedo el ser humano? A lo que no conocemos, a lo desconocido. Una vez que conocemos algo nos deja de preocupar. La mejor manera de aprender es viajar por el mundo.

¿Has vuelto a La Habana alguna vez?

No. Cuando me fui, lo tenía muy claro, mirando por la ventana del avión, me dije: "Cuba se hundió en el Caribe, que pena". Además, no tengo familia allí, con lo cual no se me ha perdido nada por allí.

¿Ni curiosidad?

Sí, mucha, pero el gobierno cubano es de la forma de pensar de que todo el que ha nacido en Cuba es cubano. ¿Y si les da por decir " tú ya no sales"? Noooo, gracias.

¿Cómo aterrizaste en España?

Por miedosa. No me quería quedar en Miami. Allí las opciones son muy limitadas. Tendría que haberme ido a Los Ángeles o Nueva York. La idea de vivir sola con veinte años en cualquiera de esas dos ciudades me aterraba. Una íntima amiga mía se casó con un pelotari vasco, se quedó embarazada y me convenció para que me viniera aquí a España para ayudarla con él bebe. En principio iban a ser solo unos meses y mira, se convirtió en toda una vida.

Naciendo el 14 de febrero, tienes que ser romántica por naturaleza...

(Risas) Si soy muy romática. Pero tengo que decir que siempre me escatiman un regalo.

Llevas 40 años casada, ¿cómo se consigue eso hoy en día?

Tú lo has dicho, día a día. Esa es la mejor respuesta. Tenía muy claro que, en cualquier relación, si no me iba bien, la dejaría. Estar sufriendo no, por favor. Pero mira, esto demuestra que me ha ido muy bien. Lo más importante de todo es comunicarse. Nunca perder esa comunicación. Después de tantos años juntos, esas personas conocen todos los chistes, todas las anécdotas. Hay que crearlas juntos. Hablar de lo que sientes, de lo que te hace feliz, infeliz. Compartir en definitiva. Si se rompe la comunicación, se rompe la pareja. Que eso nunca te canse. Que sea una tarea de felicidad.

¿Qué echas de menos de aquella televisión en la que empezaste?

Nada. En aquella televisión miraras donde miraras eran todo hombres, iluminación, cámaras… Ni una sola mujer. Las mujeres estaban en peluquería, maquillaje y alguna que otra en producción. Ahora, afortunadamente, no. Ahora te sientas en cualquier plató de televisión y puedes mirar una mujer detrás de la cámara, una que pone el micro, otra con las luces... Lo único que me faltaba por ver lo vi hace poco en Canal Sur; una mujer conduciendo coches de producción. Diversidad, unificación e igualdad. No tenía que ser un feudo masculino.

Fuiste la primera mujer en el mundo que presentó un concurso. ¿Te imaginabas el boom que ibas a tener?

Nadie se lo planteo así. Chicho no quería comparaciones con el antiguo presentador y pensó que lo más distinto sería una mujer. Ninguno de los dos éramos conscientes de lo que estábamos haciendo: romper un techo de cristal. Fui consciente cuando los ingleses compraron el formato para su tele. Vinieron a ver cómo era la mecánica del concurso. Al terminar se me acercó un productor inglés y me dijo: "¿Usted sabe que es la primera mujer en el mundo que presenta un concurso?". En ese momento no le di la mayor importancia. Luego me di cuenta que si hubiera fracasado, hubieran tardado mucho tiempo en darle a la mujer otra oportunidad. Creo que a partir de ahí, cuando buscan a alguien para presentar un concurso, buscan profesionales sin importar el sexo.

¿Cómo se llevaba la fama cuando solo había una cadena de televisión y las audiencias eran cifras millonarias?

Por suerte no existían redes sociales ni internet. Si no, nos hubieran machacado continuamente. Te daba una popularidad que no te lo imaginabas en ese momento.

¿Cómo era cuando salías a la calle a comprar un jersey por ejemplo?

Muy difícil, la verdad. Salía, claro. Pero imagina, te reconocían a las once de la noche en un semáforo dentro de un coche con gafas de Sol. Es algo con lo que aprendí a vivir.

¿Por qué Chicho pensó en ti?

Nunca se lo pregunté. Creo que él sabía que yo tenía memoria fotográfica. Piensa que cuando se hacia el programa no existía el autocue, esa pantalla colocada en la cámara que te indica el guion, ni el famoso pinganillo para el diálogo con los actores y la mecánica del concurso. Por otro lado también tenía, tengo, mucho nivel de improvisación. Nunca sabíamos cómo un concursante iba a reaccionar, qué iba a decir o qué no iba decir. El concurso no se podía parar. Era, como ahora se dice, un falso directo.

¿Era muy difícil hacer el Un, dos tres?

Era un portaviones. La presentadora estaba en plano desde el minuto uno hasta el último. Hay cosas que no se pueden prever en un guion en ningún concurso del mundo.

¿Cómo se te ocurrió la famosa frase ”una tarjetita por aquí”?

Si yo hubiera dado la tarjeta a una afata del programa, al perder el premio, algún listo podría decir “está a dicho lo que ha querido”, pero al lanzarla al púbico no había trampa. Y la tiraba aleatoriamente a la derecha o izquierda. Chicho, que era muy listo, sin que nadie se lo dijera, todas las semanas ante notario firmaba los premios. Es decir, cada premio tenía su tarjetita y esta estaba firmada ante notario. Vamos que si coche, coche, si vaca, vaca.

… y ¿si Ruperta?

Ruperta.

mayra gomez kemp¿Por qué no se contó contigo para seguir presentando el programa?

No lo sé. Siempre he dicho que él era dueño y señor de su programa. Era su creación, su hijo, su feudo. A mí no me falla el director del programa. Me falla el amigo. Me hizo volar durante la Guerra del Golfo, que vuelve el programa, que vuelve la Ruperta, y un buen día abro El País y me entero que lo presenta otra persona. Lo menos que podía hacer, si no se atrevía a decírmelo en persona, es llamarme. Fui muy prudente. Me llamaban a todas horas amigos y medios de comunicación diciéndome “vuelve el Un, dos, tres”; y no me cansaba de repetirles “No se nada, no sé nada”. Imagina que digo que si lo presento y luego lo presenta otro. ¿Cómo hubiera quedado yo? ¿En qué papelón? Como te digo, nunca supe el porqué.

¿No se lo preguntaste?

No. Pasaron años que ni nos vimos ni nos hablamos. Un buen día le vi y decidí quedarme con lo bueno que me había dado: con la fama, con el programa que habíamos hecho y con los buenos momentos, y decidí acercarme a darle un beso. Nunca le pregunte y nunca me lo dijo. El tendrá sus razones. Y yo tengo mi opinión.

¿Te gustaría que Un, dos, tres volviera a alguna televisión?

Sinceramente me daría igual. Lo que sí te digo que nunca lo haría. No se me ocurriría luchar con la imagen de mi misma. Las cosas con el paso del tiempo se engrandecen, y no soy ni tan alta, ni tan guapa como la gente me recuerda. Ya lo hice y eso terminó.

¿Le has perdonado a RTVE que no te dejara llevarte de recuerdo una Ruperta para ti?

Televisión Española me ha ninguneado de todas las maneras posibles, así que ya a estas alturas me da igual. He decirte que hace poco estuve en Televisión Española Catalunya y los artesanos de allí me hicieron una Ruperta y me la han regalado. Para que no estuviera yo sin mi calabaza. De alguna manera me lo han compensado.

¿Por qué crees que RTVE no siguió contando contigo cuando acabó el programa?

Televisión Española, al menos hasta hace unos años, era como una especie de ministerio. Lo último que querían era crear estrellas. El único director del ente público que me mostro un poco de cariño fue Calviño.

Y de ahí das el salto a Antena 3, convirtiéndote en la primera encargada de dar las campanadas en una televisión privada en España.

Lo de Antena 3 fue un desembarco en que nos dejábamos la vida, y a la gran mayoría nos pagaron como nos pagaron. No salí bien de Antena 3.

¿Qué te pasó con Jesús Hermida?

No lo sé. Me lo encontré muchos años después de hacer alguna que otra cosa juntos, televisivamente hablando. Me lo encontré en un pasillo de la tele y le fui a dar un beso. Y me dijo "no". Hizo un ademán con la mano de separación y siguió hacían adelante. No lo entendí.

¿De dónde sacas tantas fuerzas para luchar y superar dos cánceres?

Personalmente lo que me daba fuerzas era pensar en los míos. No podía fallarles. Sé que me necesitan. No podía fallarles.

Mayra, te han dado cuatro premios TP, a la mejor presentadora, y un premio IRIS, a toda una vida por tu carrera profesional. ¿Se han dejado alguno en el tintero?

No. No me tenían que haber dado ninguno (risas). El poder trabajar en lo que me gusta y poder vivir de lo que me gusta ha sido el mejor de los premios. Agradezco todos esos galardones por supuesto. El que no me esperaba era el IRIS.

¿Por qué has decidido hacer esta biografía?

Mi marido me decía “tienes que escribir tu vida, que es muy interesante”. Después de mi enfermedad me dijo que si a mí “me hubiese pasado algo, no la habría escrito y alguien la haría. Y ese alguien no sabe tu verdad, porque no ha vivido tu vida”. Lo pensé y me dije que era verdad. Antes de que viniera alguien y la escribiera mal, la haría yo.

Hasta aquí puedo leer, hasta aquí puedo escribir. ¿Te has guardado cosas?

Muchas. El único motivo por el cual no he escrito cosas, que sé que son verdad porque las he vivido, es por si podía herir a terceros. Este libro lo he escrito para contar mi verdad, no para pisar los callos a nadie.

 

Mayra Gómez Kemp, sin cáscara

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