Sofía Cristo: "Quizás ahora entiendo más a mi padre"

En El amor de mi vida, de la editorial Aguilar, Sofía relata el daño que le hizo su relación con la droga: “Para seguir avanzando es necesario cerrar cicatrices y seguir adelante y con este libro lo he conseguido”.

sofia cristo¿Cuándo te das cuentas de que tienes un problema?

Sabía que tenía un problema hace mucho. No lo quieres ver. Te autoengañas mucho. Tienes temporadas mejores y peores. Te vienen épocas medio buenas y vas tirando del carro. Pero al final tienes que tocar fondo para darte cuenta de la realidad. Tienes que tener un detonante, cada uno tiene el suyo. En mi caso fue la ruptura con mi pajera, que era lo que más quería.

Cuando una persona “está puesta”, ¿es consciente de sus actos?

Una parte sí, pero no es muy real. Lo que no eres es consciente de las consecuencias.

En el libro cuentas que es una pescadilla que se muerde la cola, por aquello de que: "me arrepiento, como me arrepiento me encuentro fatal, como me encuentro fatal me meto un 'tiro' para olvidar y así sucesivamente".

Sinceramente sí. Esa infidelidad la viví como un colocón más. No me iban muy bien las cosas con ella. Ella tampoco estaba bien conmigo.

¿No te iban bien las cosas por culpa de la droga?

Digamos que es un detonante importante. La droga tiene la culpa en un porcentaje muy elevado. No te deja ser como tú eres un cien por cien. Te hace ser muchas cosas que tú no eres realmente. Y luego el desgaste del coadicto, que te intenta ayudar pero no tiene nada que hacer. Eso te acaba por desesperar y cansarte de la persona que quieres. En definitiva, te acabas por desenamorar. Eso fue lo que pasó.

¿Es difícil ocultar una adicción?

Al principio sí, al final ya no. O puede ser que tú te crees que lo estás ocultando y lo sabe todo el mundo. Puede ser un secreto a voces. Al final llega un momento que es muy complicado.

En el libro cuentas que también fuiste a la tele a contar tu problema, entre otras cosas, para conseguir dinero para pagar deudas.

Sí, pero no por la droga. Quiero decir, yo nunca debí dinero porque me endeudara por la droga. Si ganaba dos euros, esos los gastaba en droga y luego tenía que ir pidiendo dinero para las facturas. Y mira, al principio no quería ir para decirle a todo el mundo que eres una drogadicta. Luego, con el paso del tiempo, te explican y eres consciente de que eres enferma. No me hacía mucha gracia. Y eso sin saber que no podría volver a tomarme una cerveza con alcohol en la vida. Si no lo hubiera contado, me hubiera puesto más en riesgo. Ya tenía unos síndromes de abstinencias brutales.

Tu estuviste en la isla de Supervivientes y allí no te drogabas. ¿Cómo pasabas el síndrome de abstinencia allí?

Parones hacemos todos. En el momento que tú ves muy subjetivamente que te estás pasando te dices a ti misma: "me estoy pasando, tengo que dejar la droga".

Y, ¿cómo vuelves a la droga si haces parones y eres capaz de no tomar nada durante meses?

Porque sabes que no la vas a dejar para siempre. Tu cabeza funciona así de rara, o así de lista. De hecho, allí fue la primera vez que yo fui para desintoxicarme. Por las cosas que hacía, en aquella época me asustaba y siempre pensaba “tengo que ser drogadicta”. No me gusta lo que voy a decir pero era así. Fui para ponerme a prueba a ver si estaba enganchada. Me fui para ver hasta qué punto

En el libro te pasas cada capítulo justificando a tu padre. Con lo que has pasado, ¿le entiendes ahora un poquito más?

En algunas cosas sí. Otras para mí no tienen justificación. Intento empatizar con él. Para mí el maltrato no tiene justificación. Y te digo, hay muchas maneras de maltratar.

Cuentas en el libro un episodio muy desagradable con tu madre, en la biblioteca de la casa. ¿Por falta de droga?

No, en esa época no. Mi padre tenía un perfil bastante agresivo, que con la droga se perfilaba mucho más. Él era muy buena persona, pero no supo querer a mi madre, ni supo ser un buen padre. Insisto, no voy a defender ningún tipo de maltrato, eso lo tengo claro. No todo el mundo es igual. No quita que un día tengas una discusión subida de tono por parte de ambas partes. En la parte que no ha podido hacer más, como enfermo, no le puedo reprochar nada. En su época no había la información que hay hoy en día. No sabía en que se iba a convertir su vida. Entre lo que bebía, lo que fumaba, las pastillas que tomaba, lo obsesionado que estaba con mi madre… También te digo, ha sufrido mucho hasta que salió adelante. Mis padres tuvieron momentos muy bonitos, que con el tiempo se fueron al traste. Quizás por eso desde pequeñita tengo una devoción por mi padre, aunque me he enfrentado mucho con él por mi madre. Pero quizás sí, ahora le entiendo más.

Tu cuentas que le habías ido a “pillar” a él, pero, ¿tu padre sabía que tú te “metías”?

Creo que no. Él sabía que yo fumaba porros, de hecho él se lo dijo a mi madre, y luego me daba la coca para que no me metiera cualquier cosa. Al principio nos hicimos muy colegas para sonsacarme las cosas y luego se las contaba a mi madre, que era la que realmente nos ponía firmes. He sufrido mucho con los síndromes de abstinencias durísimos. Si realmente se pudiera contar todo lo que he visto, lo que he vivido, no habría libros suficientes. Me imagino que como la vida de cualquiera.

Es la primera vez que escribes. ¿Vas a seguir escribiendo?

Me ha encantado. Me lo he pasado fenomenal. También te digo, a nivel terapéutico lo he pasado muy mal, recordando ciertas cosas que me han removido mucho por dentro a nivel de sentimientos.

¿Te gustaría volver a escribir?

Sí. Me encantaría. No te voy a decir que mañana mismo me ponga con uno. ¿Por qué no? Lo que me da miedo es cansar. Cansar a la gente. Pero creo que otra segunda parte sería posible.

Siempre hablas de un posible gen culpable de las adicciones, o al menos, si no culpable, sí responsable de esa acción. Si tu padre no hubiera sido adicto, ¿tú crees que no hubieras consumido?

Nunca se sabe. En el libro me cachondeo de la genética [risas]. Y después de lo que contó mi madre en Sálvame Deluxe; la una con el casino, el otro con la botella, así estoy yo. ¿Cómo no voy a ser así? Bastante bien que he salido [risas]. En serio, no puedo echar la culpa a la genética.

¿Ha cambiado mucho tu vida desde la última vez que “metiste” algo para el cuerpo?

Sí. Por de pronto no puedo volver a beber alcohol nunca más.

¿Por qué?

Porque es una sustancia que te desinhibe. Vaya, que te cambia la personalidad. Es una droga como otra cualquiera, bien vista por la sociedad, se vende en los supermercados y tal. La recaída no tiene que ser de golpe. Puede ser poco a poco. Es muy duro decir esto, pero es una enfermedad y te cuesta reconocerlo. Soy adicta al cocolón y me doy este mensaje o no me recupero en la vida.

La única “droga” que te dejan es el tabaco.

Sí, porque no te trastorna la personalidad.

En el libro cuentas que entraste en el tratamiento por tu pareja de entonces. ¿Por quién lo vas a acabar?

Entre para recuperarla, eso es cierto, pero también porque sabía que si no lo hacía me quedaban los días contados. Y ahora lo tengo clarísimo, lo acabo por mí. Aun no le he acabado. Es un proceso lento.

¿Cuánto te queda para acabarlo?

Los terapeutas dan un mínimo de dos años y un máximo de cinco. Por ejemplo, ahora voy a terapias más espaciadas. Poco a poco.

¿Por qué te vas a Barcelona para seguir con el tratamiento?

Mi terapeuta me lo recomendó. Y tenía razón. Allí he sentido que somos una familia desde el minuto uno, desde que entras por la puerta. He trabajado allí muchos valores que piensas que los tienes perdidos. Te enseñan que la droga no te hace falta para ser feliz, que era una de mis preocupaciones.

¿Pensabas que no podrías ser feliz sin sustancias?

Ese era mi miedo. Cada uno tiene su rutina con sus drogas. Tú no lo ves como droga.

Tú empezaste en los Alpes, cuando estabas allí estudiando. ¿Es la circunstancia o la persona lo que hace que caigas en las garras de las sustancias?

Es una mezcla multifactorial. Pero, por supuesto, la persona. Quiero decir, quizás haya nacido con más predisposición al mundo de la drogas que otra persona. Si te ofrecen un porro y lo pruebas, de vez en cuando te fumas uno, o lo haces en la adolescencia, puedes no pasar de ahí. La primera vez que pobré la cocaína... Ufff, ¡que subidón! Me sentía guapa, poderosa, sin complejos. Tapa tus tristezas y tus carencias, que cuando eres jovencita tenemos todos. Ya luego llega un momento que es imposible de parar.

¿Has dejado de ver amigos que se siguen metiendo?

Sí. Pero no por miedo. Porque ya no quiero. Siempre hay un respeto y me he encontrado con ellos muchas veces. No me da ningún miedo recaer. Sé lo que quiero ahora mismo. Otra gente me da mucha pena y además no me encuentro muy bien a nivel sentimental. Como te digo, estoy aprendiendo aún. Por eso digo que no estoy curada. Estoy en pleno tratamiento. Es un camino muy largo la desintoxicación. Aún en algún sitio somatizo y empiezo a moquear, mandibulear, a tener la boca seca,… como si me hubiera metido. No me compensa por cinco minutos estar mal toda la semana.

¿Te ves con fuerzas para volver a pinchar como DJ?

Tengo que volver como sea. Menos puesta, como sea. Pero no lo sé. No quiero engañarme. Ya veremos. Empecé por vocación, así que prefiero ir poco a poco. Si no vuelvo a pinchar, que sea porque yo lo decido. Lo bueno del tratamiento es que te conoces y, si sabes que algo te puede sentar mal, no lo haces. Las cosas hay que hacerlas poco a poco y de momento en un “after” no pinto nada.

Una última pregunta. Si me la quieres contestar, perfecto, y si no, entiendo que no quieras decir nada delante de la grabadora. En el libro hablas de un supuesto secreto a voces de tu madre. ¿Conociste al personaje masculino de ese supuesto secreto?

No sé de qué me hablas…. [Apaga la grabadora].

 

Sofía Cristo, sin cáscara

¿Te interesa el contenido?