Carlos del Amor: "La televisión pública es de todos los ciudadanos, no de ningún gobierno"

Actualmente su carrera está vinculada al área de cultura de los servicios informativos de RTVE. Su primer libro, La vida a veces (Espasa), tuvo una magnífica acogida, por eso ha decidido repetir con un segundo título El año sin verano (Espasa).

carlos del amor¿Qué hay de realidad y ficción en el libro?

Todo el libro es una verdadera mentira. Se pueden identificar muchas cosas, el parque, la estatua de Bécquer, el edifico de la calle Alcalá... En definitiva, necesito la realidad para poder escribir. Parto siempre de algo real para que luego vuele la imaginación.

¿Es el libro que realmente querías escribir?

Sí. Afortunadamente no tengo esa premura de escribir como trabajo. Si no publicaba lo que me apetecía no lo hubiera hecho. Ni me voy a hacer rico, ni me voy a jubilar por publicar libros. Lo máximo que puedes hacer es exponerte a la opinión pública, y casi siempre tienes más que perder que ganar. Por todo ello, si no publicaba lo que quería contar, para qué escribirlo... Es una historia de amor contada a través del tiempo, jugando con un pasado y un presente que es como un ascensor, que sube y baja, y sabiendo que el lector siempre es más inteligente, por eso tiene más datos que el narrador que va por los pisos.

Dejando al margen Simón por aquello de las similitudes, ¿cuál es el personaje que más te ha llegado al corazón?

El personaje al que le tengo más cariño es la portera de la casa. ¿Por qué? Porque es el periódico de la comunidad. Es el medio de comunicación del vecindario. Ella va recibiendo y contando sus noticias y al narrador le va dando pistas de por dónde va la actualidad de la escalera. Para mí la portera es algo muy literario. Y también le tengo mucho cariño al cartero. También te diré que tengo sentimientos encontrados con el personaje. Me cae muy bien en momentos, por ejemplo en cómo aprende el oficio y de dónde viene, pero luego juega a ser Dios y cambiar el destino y eso es muy peligroso. Ya no, porque casi no hay cartas, pero el cartero es una de las profesiones que te puede cambiar la vida, echando o no echando una carta, invistiéndose de director. [Risas] No descarto que pueda tener un spin off: El cartero de la calle Alcalá.

En tu edificio, ¿vive un periodista, una coctelera, un actor y así hasta completar los personajes de tu libro?

Sí, los hay. Necesito mirar a izquierda, derecha, arriba, abajo. Y claro, las similitudes saltan.

¿Tus vecinos han leído Un año sin verano?

No lo sé. El otro día me encontré a uno y me comentó: “He leído que has escrito un libro, una novela. Voy a ir comprarla”, pero tampoco les insisto mucho.

¿Alguno ha cambiado la cerradura?

No. Pero no sé si alguno me va a dejar sus llaves más, para cuando viene el del gas, el agua y esas cosas. Dirán este entra y nos invade la casa [risas].

¿Crees que cada ser humano coge inconscientemente una distribución de la casa para estar más cómodo?

Sí. Hay tantas casas como personas. Y las casas nos reflejan mucho. En el libro cada uno tiene su distribución.

En el verano que estabas escribiendo Un año sin verano murió tu padre. Aunque es ley de vida, ¿te cambia a la hora ver la vida y seguir escribiendo?

Te hace ver que la pérdida siempre está cerca. Hasta ese momento no tenía contacto con la muerte directa, obviamente, dejando al margen abuelos, que entran en una segunda línea muy lógica. Te hace pensar que la gente que quieres, que forma parte de tu vida, no va estar ahí siempre. Sí, sí te hace reflexionar. A la hora de escribir sí se nota, sobre todo en esos posos de mención que hago en los primeros capítulos. Aunque sea ley de vida, el duelo hay que pasarlo y si te toca a ti, te jode.

¿Por qué el título?

Ese año mi padre se murió en mitad del verano. Para mí se acabó el verano como tal, como lo conocemos de playa, de disfrutar. Era un verano extraño. El tanatorio estaba cerca de la playa y recuerdo a la gente en la playa y tú en el tanatorio velando por un ser querido. Y escuché que un meteorólogo francés pronosticó que no habría verano. Me pareció un título muy poético. Se juntó lo personal y lo literario. Me pareció un título redondo.

¿Te sientes cómodo a este lado?

Raro. Es como un máster. Comprendes, quizás, por qué se llega tarde, o si ese día están cabreados o con buen humor. Pero vamos, cuando acabamos de hacer la entrevista, vuelo a aquel lado [señalándome].

El año sin veranoEres uno de los rostros y voces más conocidos y carismáticos de RTVE. Si Carlos del Amor tuviera que hacer una reseña de un libro que se titula Un año sin verano, ¿qué diría?

[Imposta la voz, para locución] Los últimos días de invierno quedamos con Carlos del Amor para hablar del verano. Una novela de historias cruzadas, de historias cotidianas, de secretos que se esconden detrás de las puertas, de almas perdidas y una historia de amor.

En RTVE se ha hablado de tu libro.

Sí. Hicieron una pieza. No me atrevía a proponerlo pero el libro le llegó a una compañera. Esta lo expuso y se llevó a cabo. Me sentí afortunado. Por ser la tele no se va tratar de una manera especial, pero tampoco se va a despreciar.

Hablando de televisión, ¿Crees que ha sido más fácil escribir un libro por ser quién eres?

Sí. Vamos a ver. Es más fácil publicar porque no he tenido que mandar manuscritos. No he tenido que esperar a que mi manuscrito se lea entre los quinientos que reciben, que me consta que se leen todos. Pero claro, tienes que esperar a que te llegue el turno. Puede ser un año. Ese paso me lo he saltado. Ese paso es más fácil. Luego estás sujeto al juicio del espectador y del lector. Sí que es verdad que a la gente de la tele que escribe se les ve como unos intrusos. Parece que se aprovechan del tirón mediático. Ahí está la opción de no entrar en la librería y no comprar el libro, igual que cambiar de canal con el mando de la tele. Es imposible gustar a todos.

¿Vas a seguir escribiendo?

Me gustaría, pero necesito tiempo y una historia que me cautive. Es un mundo que está muy bien y a mí me ha tratado me maravilla. Vas a la feria de San Jordi, que solo por eso merece la pena. Estás mano a mano con el lector. Son todo satisfacciones. Pero para escribir necesitas una rutina y yo me he tenido que ir hasta a una biblioteca a terminar esta novela. No voy a echar al niño de casa de momento [risas]. Y además soy bastante caótico para casi todo.

¿Te pondrías el lazo naranja?

Me lo pongo todos los días con mi trabajo. Ese lazo significa la reivindicación de una televisión pública, que es lo que yo hago todos los días. Que cada uno reivindique lo que quiera. Cada uno que se ponga lo que quiera o le parezca.

¿Crees que RTVE esta ninguneada independientemente del color del partido político que esté gobernando en cada momento?

Lo que le pido a cualquier político, da igual las siglas del partido, es que entienda que la televisión pública no es de ningún gobierno, es de todos los ciudadanos. Sin olvidar que tiene un claro objetivo público.

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