Eduardo Mendicutti: "La Iglesia no tiene una postura unánime sobre la homosexualidad"

Vicente Ramírez y Eduardo Mendicutti colaboran en el libro ¿Quién soy yo para juzgarlos? en el que el autor conversa con un obispo y varios sacerdotes para averiguar las diferentes posturas sobre la homosexualidad dentro de la Iglesia Católica.

Mendicutti y Vicente Ramírez

Llevamos muchas décadas quejándonos de los ataques continuos de la Iglesia... ¿Por qué este libro ahora?

Vicente Ramírez: Siempre ha existido la necesidad de este libro. Llevamos aguantando desde hace ya mucho tiempo los ataques continuos de la Iglesia a las personas LGTB, y la respuesta del colectivo siempre ha sido muy comedida. Aunque recibimos el apoyo de los medios, todo se queda ahí. Este libro nace de la necesidad de crear un debate en profundidad sobre la homofobia del discurso eclesiástico y permitirnos elaborar estrategias para superarlo. Nos hemos colado en la intimidad más absoluta de la Iglesia, como gesto de activismo, para desmantelar por completo esos argumentos de supuesta autoridad con los que nos atacan. Si algo queda claro después de este trabajo es que ni hay orden, ni criterio, ni rigor, ni siquiera autoridad, para que se produzcan esos discursos.

La pregunta con la que el papa Francisco quería informarse, en el Sínodo de la Familia, sobre la postura de la Iglesia frente a la homosexualidad tiene su respuesta más correcta en este libro, porque aquí están las opiniones sinceras de los sacerdotes católicos.

Eduardo Mendicutti: Hay un asunto que queda claro: la disparidad de los mensajes. Parece que en público siempre existe una total homogeneidad: la típica doctrina de aceptar a los homosexuales con muchas reservas y rechazando derechos, con ocasionales exabruptos terribles como los del obispo de Alcalá. Este libro refleja que en privado hay muchos sacerdotes que no responden a ese modelo, y son capaces de aconsejar a un hombre gay vivir la vida libremente y disfrutar del amor junto a su pareja; y que otros son brutales, califican la homosexualidad como una perversión e incluso desarrollan teorías peregrinas, muy parecidas, como si hubieran estudiado un argumentario. Un chico que quiera hacer compatible su homosexualidad con sus creencias religiosas tiene un conflicto, y para resolverlo puede encontrarse con curas, como uno de Madrid, que te deja destrozado, y en cambio otro, de Santiago, que te aconseja echar al otro sacerdote de la Iglesia de los pelos porque no es digno de ejercer ese ministerio.

Teniendo en cuenta de lo arriesgado de su contenido, ¿ha resultado difícil publicar el libro?

VR: Este libro ha estado en manos de dos editoriales de alto impacto, ya programado en una de ellas, pero se han echado atrás en el último momento. Les dio miedo.

¿Qué porcentaje de sacerdotes son favorables a la homosexualidad, según el estudio?

Quien soy yo para juzgarlosVR: Aproximadamente la mitad de los entrevistados ofrecen una postura muy tolerante, incluso favorable, mientras que el resto son más o menos firmes en su condena. Eso sí, llega un momento en que piensas que esa mitad que quiere condenarte te está tomando el pelo. Te encuentras con una persona a la que supones cultura, una carrera... pero de pronto defiende unos argumentos excéntricos y te das cuenta de que te debe tomar por tonto... Uno de ellos decía que ser gay es un insulto a la mujer, porque la ridiculiza, e incluso que es una forma de violencia machista. Otro intentaba desprestigiar la homosexualidad diciendo que observase la aceptación que tenía hace cien años la guerra, mientras que ahora no, y que igual puede pasar con la diversidad sexual en unos años. Hay incluso un sacerdote, que dice que toda la vida ha sido farmacéutico, que afirma que existe un medicamento en las farmacias que cura la homosexualidad, pero que no se acuerda de su nombre. Muchos sacerdotes llegan a decir que es la prostitución y los desórdenes sexuales los que nos llevan a la homosexualidad, y no nos olvidemos que estas personas están cobrando indirectamente de fondos públicos. Pero por otra parte es curioso que casi todos aconsejan no salir del armario en el trabajo si eres docente, pero sólo uno que pide que dejes la enseñanza.

EM: Lo más extraño en esto es que cuando siguen el discurso oficial se nota que tienen el argumentario elaborado y más o menos uniforme, pero cuando empiezan a teorizar y a inventar cosas son totalmente delirantes.

VR: Hemos diferenciado modelos de sacerdote, para ser capaces de entenderlos mejor. Por un lado están los que se aferran a la doctrina pero intentan orientarte y protegerte. No son valientes, dan la sensación de que les gustaría decir algo más que apoyara, pero no se atreven.

EM: Están después los que condenan con posturas radicales, algunos muy bestias, otros que son muy liantes, como los jesuitas, que se ponen a desarrollar teorías extrañas, y otros que son tristemente graciosos, como el de Jerez, que parece que tiene interés en desvelar las cosas más personales de tu relación. Algunos llegan a preguntar demasiado, quieren saber exactamente qué hacen dos hombres en la cama, si se tocan en la ducha...

Luego, en tercer lugar, están los que muestran un interés nulo, y despachan el asunto en dos minutos. También los que se atreven a saltarse la doctrina, pero no entran a condenar a la Iglesia por sus ataques, y finalmente los que además de olvidarse del dicurso oficial critican sus posturas homófobas, animan a comulgar, y exaltan la importancia del amor entre dos personas. La sopresa es que hay algunos jóvenes muy radicales en contra , mientras que algunos curas mayores que son extraordinariamente abiertos.

¿Creéis que, cuando la Iglesia conozca este libro, puede reaccionar tratando de unificar su discurso en la homofobia, para evitar grietas?

VR: Por lo menos sería más respetuoso que engañar a la gente como ahora, con las diferencias que puedes encontrar. Es muy llamativo el caso de la ermita de El Rocío, que hablamos con dos curas distintos. En el mismo templo nos encontramos con uno que te dice que por supuesto no dejes a tu novio, sigas adelante y que ese amor está bendecido por Jesús; y cinco minutos después con otro sacerdote que dice absolutamente todo lo contrario. Existe un gran peligro, porque una persona homosexual que entre en una iglesia se está enfrentando al azar. Cualquier persona que lea el libro entenderá que la Iglesia está totalmente desautorizada para dar ningún consejo, porque aunque mantiene una doctrina oficial carece de una postura real unánime. La división tan extrema queda tan evidenciada hasta lo absurdo. ¿Qué rigor puede esperar una persona si puede encontrarse con posturas tan diferentes en un mismo lugar?

EM: Es que lo más doloroso es que es el azar el que va a marcar tu suerte, si te encuentras con un cura que te reconforte y te anime a vivir como eres o que te amargue la vida porque desprecia tu homosexualidad.

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