Juan Gómez Alemán: “Quiero erradicar los tópicos de la 'performance'”

Juan Gómez Alemán (Madrid, 1981) es director y guionista. A través de sus trabajos busca generar nuevas experiencias escénicas en el público mediante la fusión de las artes escénicas, la performance y la instalación artística.

juan gomez alemanJuan Gómez junto al artista Santi Ruiz durante una 'performance'Detrás de esta carta de presentación se esconde Juan Gómez Alemán. De acomodador de cine a galeartista, pasando por paleontólogo. Con un currículum “imposible”, Alemán se autodefine como un inventor. Un inventor de juegos, no otro cualquiera. Quizá lo hayas visto merodear por el 21 de la calle Juanelo, en Lavapiés, donde regenta la autoproclamada casa de los performers de Madrid. Tampoco sería extraño que lo reconocieras por haber ocupado varios titulares en los medios desde que en septiembre diera el pistoletazo de salida a La Juan Gallery. A este caballero dorado del arte vivo no se le ha resistido ni la prensa internacional, habiendo llegado a aterrizar hasta en los medios italianos. Y es que predicar debía ser una de las habilidades de alguien que confiesa haber sentido siempre la personalidad de Jesucristo como profeta.

Un titular a ciegas antes de empezar esta entrevista, Juan.

El MoMA llama por teléfono a La Juan Gallery después de leer Macarrones Intervenidos [risas].

¿Quién es Juan Gómez Alemán?

Un inventor. Un inventor de juegos. Es como volver a cuando era un niño. En mi pueblo nunca sentí que tenía amigos. Me acuerdo una vez, ya de mayor, que un chico del pueblo me dijo: “Tú siempre inventaste los mejores juegos que se hicieron en este pueblo”. Ahí entendí que yo llevaba inventando desde hacía tiempo nuevas formas de hacer, de generar nuevas dinámicas.

¿Tu infancia forma parte de tu inspiración como artista?

Claro que sí. La sorpresa, la inocencia. Lo que hago siempre es que el espectador sea ingenuo, inocente. Que la ficción sea la realidad. Y eso es una cosa muy infantil.

Refiriéndote a tu “complejo” de profeta, has dicho: "Soy una mezcla de Jesucristo y Duchamp".  

Siempre me he sentido un profeta. Cuando era pequeño, una niña me lo dijo: “Tienes las manos de Jesucristo”. Y yo me creí a esa niña. De hecho, interpreté a Jesucristo cuando tenía 33 años. Entonces tenía un look parecido a Jesucristo [risas]. Aunque no soy católico practicante, sí que he sentido la personalidad de Jesucristo como profeta. Siempre he sentido que tenía algo que contar o algo que hacer. En cuanto a Duchamp, me refiero al humor, al juego del arte. A no creerte ni que eres artista, ni teórico. Estar un poco en todo, pero sin serlo.

De acomodador de cine a galeartista hay un gran trecho.

Fui paleontólogo también [risas]. Tengo un currículum imposible. De hecho, mi familia me dice que soy inestable, ya que he tenido como treinta profesiones distintas. Empecé como acomodador para pagarme los estudios de teatro. Esto me hizo observar al público. Desde entonces, siempre he estado obsesionado con el público. Mi obra, Aburrimiento chair, sería como la obra en la que el protagonista es un espectador que observa una ficción. El resto de espectadores solo observan a este espectador.

Antes de La Juan Gallery, este local albergaba un negocio chino llamado Caballero Dorado. Dorado… ¿casualidad?

Creo que todo es una poética. Antes de estar metido en La Juan Gallery, el primer movimiento artístico que trato de hacer es el casual, es decir, entender la realidad como algo en lo que tienes que mantenerte permeable porque es ahí donde se construye tu destino, las obras que hagas, tu vida, todo… Todo depende de esa casualidad. Volviendo a La Juan, todo era símbolo de buen augurio. Augurios que empezaban en mí y que terminaban en mí también. No solo lo de “caballero dorado” sino también el hecho de que la calle se llame Juanelo. Y también eso es como de la magia china.

Juan, dices que no has venido para entrar en el mercado sino para dinamitarlo.

El mercado del arte está muy basado en el coleccionismo, en la compra y venta. En muchos casos, de la venta de humo, de piezas que no tienen el valor, pero que desde el propio entorno del arte se les da valor para que se vendan más caras. La Juan responde a una galería cuyo fin no es comercial ni busca coleccionistas. Es una manera de cuestionar el mercado. Ojalá estalle algún día [risas].

En declaraciones anteriores, has confesado que en lo femenino te encuentras cómodo, que te divierten más las mujeres y que ves en ellas algo más directo. ¿Por qué?

Siempre he escrito para mujeres. Cuando construyo diálogos, siempre pienso en diálogos que harían mujeres. Es muy almodovariano. En Argentina me lo decían. Me divierte mucho más cómo suena dicho por una mujer. Hay algo más cercano. Algo más de la piel. Cuando hablo de las actrices con las que trabajo, siempre digo que son actrices con coño [risas], refiriéndome a alguien que tiene una capacidad de comunicar y de que la gente conecte enseguida con la emoción. Me gusta mucho más ver cosas de chicas.

En consonancia con lo almodovariano, afirmas también que una parte de ti se considera de La Movida.

Me siento de La Movida en el sentido de que soy un nostálgico. Desde muy joven, he estado rodeado de gente que la ha vivido muy de cerca. Esta gente ha ido desapareciendo y al final he sido yo quien se ha quedado con todas esas cosas que me contaban de La Movida. De alguna manera, eso me ha hecho sentir que la viví.

De hecho, al ser preguntado si te considerabas germen de una postmovida, llegaste a establecer un paralelismo con La Movida de la siguiente manera: “Es como si nosotros fuésemos el Imperio Romano y ellos la antigua Grecia; los mismos dioses pero con distinto nombre”.

Sí. Llevamos muchos años de depresión. No es lo mismo, evidentemente, que en la dictadura. ¡Qué pretencioso yo al haber dicho eso! [risas]. Pero me reafirmo. Para mí, todo estallará en los años veinte de este siglo. Ahora eso se está dando, el cambio. Ahora está sucediendo, se está cociendo, tanto en lo político como en lo social, definirnos como siglo XXI. Estoy muy a favor de que esto se dé. Debemos aprender del pasado y continuar. España puede estar a la vanguardia otra vez.

En septiembre del pasado año decides lanzar La Juan Gallery. Entre los titulares que se hicieron eco del proyecto destaco: “Nace La Juan Gallery, con la que Madrid hace las paces con la performance” (ABC), “Cortocircuitar la mente con arte” (El País), “Nace La Juan Gallery, la primera galería dedicada a la 'performance' en Madrid” (El Mundo), “La Juan Gallery: la casa de los performers en Madrid” (Cultura Joven), “La Juan Gallery, ‘arte vivo’ en pleno Rastro” (Madrid Diferente). Y no me quiero olvidar de este: “Juan Gómez, arte tan desnudo como vivo”, para la revista Shangay. ¿Con cuál te quedas?

Me quedo con el de “la casa de los performers”, porque me remite mucho a una atracción de feria [risas]. También me gusta “arte tan desnudo como vivo”.

Llegaste a ser noticia incluso en la prensa italiana. ¿Repercusión buscada o surgida?

La repercusión ha surgido. Sabía que el proyecto estaba bien, pero ha surgido. Estas cosas pasan de repente. Ha sido por la prensa el que la gente piense que somos pioneros del arte vivo. Tampoco voy a negar que la repercusión sí es muy necesaria. Estoy muy agradecido. También me gustan las críticas, que se cuestione lo que es arte y lo que no. Es divertido. Alimenta mucho a mi profeta. A Jesús nadie lo creía [risas].

¿Te ves quizá en los libros de historia?

Me veo en los libros de historia [risas]. Antes de hacer este proyecto, estuve trabajando con Pepín Bello, un personaje de la Generación del 27 que nunca trascendió pero que siempre estuvo rodeado de los grandes artistas. Estuve escribiendo mucho sobre Pepín Bello, el gran artista sin obra. De hecho, hice una pieza en la que el público entraba y vivía la sensación de pasar a la historia en un minuto. Creo que mis obras se han ido convirtiendo en realidad y las he tenido que vivir.

¿Por qué La Juan Gallery?

Estuve buscando nombre durante un mes y Rafa Doctor fue quien me lo puso. Él me dijo que tenía que llevar Juan, como mi universo. Es un álter ego también [risas].

Háblame del ventanal.

Es la gran idea. Te da la posibilidad de situar la ficción donde quieras. El límite entre la realidad y la ficción. Es también un cebo al espectador. La vida en directo. Eso ya crea expectación. Proyecta hacia afuera. Por el mero hecho de pasar por delante el espectador ya se cortocircuita la mente.

¿Cómo es el día a día de La Juan?

Es ir salvando el día. A proyecto por semana. Es algo nuevo. No hay plan establecido de trabajo.

¿Qué debe hacer y/o tener un performer para entrar en La Juan Gallery?

Nos movemos por ideas. Lo que prima es una buena idea. Es lo que nos conquista. No me interesa tanto el currículum sino que la propuesta sea participativa, lúdica, de género y que sea potente sobre todo. Hacemos convocatorias. Nos interesa ver al performer en vivo. Por eso estamos dejando a todo el mundo entrar. Estamos haciendo muchos amigos. Es nuevo el hecho de tener un espacio exclusivo para la performance. Es novedoso. Intuitivo. Pasa la barrera de lo profesional.

El año pasado Esther Ferrer ganó y aceptó el premio Velázquez de Artes Plásticas, pese a su animadversión hacia la política cultural del Gobierno. ¿Cuenta La Juan Gallery con apoyo institucional? ¿Habrías aceptado tú el premio?

No tenemos apoyo institucional. Estoy de acuerdo con Esther. Yo habría hecho igual que ella. Es más importante existir para la sociedad que para el Estado. El arte no debe depender del Estado, aunque las ayudas están muy bien. La clave está en que el propio público genere el que se vayan haciendo más cosas. La autofinanciación la veo viable, como ocurre con el modelo francés. El IVA cultural debería destinarse a subvencionar las obras del año siguiente. Así evitaríamos que tuviera que venir la panadera de arriba diciendo que vivimos de su dinero. Esa postura no me gusta. La gente ve como enemigo al arte porque se está llevando su dinero, sin recibir nada a cambio.

juan gomez aleman 2Juan Gómez y Álex de la Croix, codirectores de la galeríaEn tu discurso ha sido recurrente el “querer tocar las pelotas al mercado”. En ese sentido, ¿podemos decir que lideráis una suerte de 15M dentro del arte contemporáneo?

[Risas] Realmente es que yo vengo de ahí. Esta galería ha sido asamblearia. Convoqué a gente para crearla. Es mucho decir eso de 15M, pero sí que somos una consecuencia de ello. Ha afectado para bien a muchos factores, y al del arte y la cultura por supuesto.

Centrándonos un poco más en el concepto de performance, me gustaría conocer tu grado de acuerdo respecto a la definición de performance que aporta la RAE, esta es: “Actividad artística que tiene como principio básico la improvisación y el contacto directo con el espectador”.

No estoy de acuerdo con esa definición. Yo la defino como una acción que genera una metáfora. Me gusta hablar de metáfora. Cómo un cuerpo vivo compone una metáfora con varias capas de lectura. No estoy de acuerdo con lo de improvisado, puede no serlo.

Tú hablas de cortocircuitar la mente.

Exacto. La gente necesita tenerlo todo clasificado como en carpetas. Entonces, en el momento en que ven algo y no saben dónde archivarlo es cuando se produce el “corte”, el desconcierto, un choque entre fuerzas. Deben crear una nueva carpeta para ubicarlo. De aquí la gente se ha ido al bar a comentarlo, a discutirlo. Se crea comunicación, el boca a boca. Eso es cortocircuitar.

¿Crees necesaria la descontextualización de la performance respecto del museo tradicional?

Creo que tiene que ir a todos sitios. Al ser arte vivo, es interesante que suceda en otros espacios no exclusivos para la performance. La gracia está en que alguien se convierte en una pieza de arte. Ahora bien, en el momento en que no ofreces algo rentable y lo metes en el mercado se rechaza, como ocurrió con Camila Cañeque. Lo interesante es tomar esos sitios.

¿Y el mercado se adaptará a eso?

Se adaptará totalmente. A la gente le apetece vivir una nueva revolución artística, un cambio.

Se habla reiteradamente de acercar el público a la performance, de su integración y participación como elemento clave de la pieza. ¿Cómo se compatibiliza eso con el desconocimiento del espectador?

Es un proceso. No quiero decir que vaya a ser yo quien eduque a la gente sobre la performance, pero sí que creo conversación y debate. Relacionar conceptos. Construir ideas. Yo solo aporto mi granito a la construcción del discurso.

¿Crees que una de las claves es apostar por ese distanciamiento que defendió Brecht?

Nunca llegué a entender ese distanciamiento. A mí quien me conquistó fue Houdini y su teoría del espectáculo perfecto: en el momento en que sacas al espectador de entre el público, el resto se va a sentir identificado. Estoy más con la identificación que con el concepto de distanciamiento.

Respecto al concepto de identificación, en una entrevista hiciste hincapié en que a la gente le gusta mirar y ser mirada. ¿Intervenida también?

En el momento en que miras, ya eres intervenido. Aunque hay unos límites, claro. Pero el simple hecho de mirar ya forma parte de una pieza, una gran pieza de voyeurs.

También quieres demostrar que en La Juan Gallery no sois Marina Abramović, en el sentido de rechazar el dolor y la sangre en pro de lo lúdico. ¿Por qué?

En lo personal, se refiere a mi temor al dolor y al desagrado. Cuando he sido espectador, no me ha gustado. Me gustaría no solo encontrar un lado más lúdico sino también erradicar los tópicos de la performance. A veces la misma palabra en sí no me gusta, por eso prefiero hablar de arte vivo. La palabra “performance” tiene ya demasiado peso, muy asociada al dolor. Lo mío es tomar otro camino. También yo soy cómico. La comedia siempre ha estado y sigue en mí. La risa no tiene precio, pues provoca que la gente baje la guardia. El hacer reír puede llegar a decir muchas cosas. Ya inicias un viaje con el espectador.

Performers conocidos como Abel Azcona han llegado a revelar su deseo de morir incluso dentro de un proceso artístico, como si de una pieza-suicidio se tratase. ¿Dónde está el límite entre la vida personal y la performance?

En mi caso mi vida está llena de piezas de arte vivo que me rodean. No distingo entre vida y performance. Yo no lo llevo tan al extremo como Abel. Voy en otra línea. Yo me defino más por lo popular. Alejarme más de mi yo. Mis procesos catárquicos los he ironizado. Aunque es totalmente lícito lo de Abel.

¿Cómo ves el panorama español de la performance?

Esther Ferrer tiene una trayectoria muy importante con una línea de trabajo muy marcada. Pero España tiene eso que dijo Galdós, que no valora la cultura. En España hay cosas muy importantes. No estamos a la altura de otros países, pero sí tenemos referentes como Isidoro Varcácel. Por supuesto no dudo de que estemos en los libros de historia de la performance.

Antes de pasar a las últimas preguntas, me gustaría saber cuáles son las perspectivas de futuro de La Juan Gallery.

Crear el sello de La Juan y llevarlo también a otros lugares. En definitiva, crecer. Para este año crear también un grupo de trabajo y poder hacer así piezas más ambiciosas. Quiero ocupar los museos.

Juan, algo que quieras decir y que no te haya preguntado.

Algo más mediático, como mi opinión respecto al enfrentamiento Esteban-Toño Sanchís [risas].

¿Algo que quieras preguntar al entrevistador?

¿Harías una performance? [risas].

¿Por qué los domingos Juan Gómez Alemán ve menos luz al final del túnel?

El domingo siempre ha sido el día más triste de la semana. El día final, del ocaso. El tiempo está más parado. También un poco por mi incapacidad de tener pareja. El domingo es el día en el que me doy más cuenta de que sigo siendo incapaz de tener pareja.

Cierra esta entrevista con un titular.

Acabaremos en el MoMa [risas].

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