Asier Etxeandía: "Tenemos que eliminar ya los clichés porque nos convierten en guetos"

El polifacético actor Asier Etxeandía, conocido por sus papeles como Raúl de la Riva en la serie Velvet y como protagonista en el film La Novia de Paula Ortiz, ha finalizado su segunda visita a Madrid con su gira de El Intérprete, un show apto para todo aquel al que lo políticamente correcto le parezca demasiado aburrido y que próximamente desembarcará en Tenerife.

asier el interpreteEn El Intérprete, que se ha estado representando en el Teatro Calderón de Madrid, has hecho un viaje en el tiempo hacia tu niñez. ¿Qué echa de menos Asier de ese niño?

A mi padre, porque con El Intérprete yo he vuelto a ser el niño que era, y he empezado incluso a quererlo más de lo que me quería entonces. Con el tiempo me di cuenta de que era un niño maravilloso, pero yo entonces me sentía un imbécil que no tenía cabida en ningún lado. Entonces, realmente lo único que echo de menos es ver a mis padres jóvenes por la casa, porque ya no puedo mirarlos igual.

En alguna ocasión te has definido como un artista con ego y seguro de ti mismo y de tu trabajo. Pero, ¿cuál es tu mayor inseguridad como artista?

No ser interesante. El momento en el que te expones no puedes quedarte solo en el ego, yo tengo un ego muy grande, pero también tiendo a querer desaparecer. Además, a mí hay algo que me obsesiona mucho, es decir, si puedo sacar algo de luz dentro de mí no quiero que sea para cegar, sino para iluminar un camino, encontrarme a mí mismo o simplemente entender cosas. Y me asusta mucho el que no tenga valor, o no se cree catarsis en lo que haga, que se quede simplemente en una mera exposición, que la gente no vibre, que yo me quede estancado... Hay muchos miedos, y, cuanto más te expones, mayores son estos, pero es porque tienes la responsabilidad de hacerlo. De todas formas, todo lo que da miedo es interesante, cuando algo te atemoriza tienes que seguir por ahí porque significa que ahí es donde tienes que investigar.

Te has definido en alguna ocasión como un chico "friki" cuando eras pequeño. ¿Qué te hacía diferente del resto?

Sí, pero en esa época no existía el término "friki". De todas formas, a mí este término no me gusta demasiado, porque se relaciona con reírse de otras personas. Yo era raro, no porque fuera diferente, sino porque era raro con respecto a los demás niños que había alrededor. Ni jugaba a lo mismo, ni sentía de la misma manera y además tenía otros sueños y romances en la cabeza, eso me hacía distinto y al mismo tiempo que no me sintiese nada comprendido.

Dices que cuando uno está cerca de hacer el ridículo te ayuda a crear. ¿Cuál es el momento profesional en el que te has sentido más próximo a ese pudor?

Este, El Intérprete, creándolo. Cuando me empecé a dar cuenta de que quería hablar de mi madre, de lo que me ocurría, etcétera. Hay un ejercicio muy importante, además, que se hace en todas las escuelas de teatro, que es el momento íntimo. Es muy interesante, porque realmente es cuando conectas con tu verdadera esencia, y yo creo que esto es un momento íntimo en toda regla.

Cuando estuviste representando La Avería con Blanca Portillo te costaba dejar a un lado a ese personaje anciano cuando terminaba la obra. Ahora, ¿te resulta difícil apartar a tu niño interior cuando acaba el show?

Estoy descubriendo muchas cosas de mi infancia gracias a esta obra. Para mí, este trabajo ha sido un acto psicomágico que me ha colocado muchas cosas con más claridad. Creo que siendo niño he aprendido a ser un hombre, más maduro y honesto conmigo mismo.

¿Qué te da el teatro que no te de el cine y la televisión?

El aquí y ahora, el ritual, la misa sagrada cuando de repente hay un montón de gente juntándose en un mismo espacio. Hay una frase maravillosa que dice Juan Mayor, y es que el teatro consiste en que uno juega y el otro decide creer, o sea, no es solamente que yo juego, es que tú también haces un esfuerzo. El teatro y la música nos coloca como un público activo, no es como la televisión, no es cultura fácil que nos deja 'atontaos': necesita de ti y de tu energía. Para que yo brille, para que yo te dé, hay que retroalimentarse, y eso solamente ocurre en el teatro. Es un acto acojonante, muy parecido al sexual.

¿Crees que el ser homosexual o bisexual da una libertad creativa dentro del mundo artístico que un heterosexual no podría alcanzar?

Yo es que no lo creo, y me parece que debemos de eliminar ya ese tipo de tópicos. Porque la sexualidad está claro que te marca muchas cosas, te hace tener experiencias y te define. Pero al final creo que todos partimos del mismo lugar, y la creatividad es una necesidad de todos. No me gusta pensar en el hecho de que uno por ser homosexual pueda ser más sensible, conozco a homosexuales que son como piedras duras y tienen cero inteligencia emocional. Pero como personas heterosexuales, lesbianas, etcétera, creo que tendríamos que eliminar ya los clichés a la hora de separarnos, porque nos convierten en guetos. Yo intento vivirlo con absoluta normalidad, y ni siquiera pienso en lo que soy o dejo de ser a la hora de crear, y no considero que a mí me haya conformado tanto porque incluso mis gustos son muy variados; pueden ser de muy petardos a muy masculinos o muy clásicos. En mi caso creo que además dejaría de ser interesante.

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