Gema Nieto: "Vivir en democracia no ha de hacernos bajar la guardia"

Ya está a la venta “Haz memoria” (Dos Bigotes, 2018), una novela que habla sobre el precio de la libertad y la importancia de retener el pasado, tanto personal como colectivo.

Haz memoria portadaGema Nieto (Madrid, 1981) ya dio que hablar con “La pertenencia” (Caballo de Troya, 2016), ópera prima que cosecho grandes críticas gracias a su exquisita prosa lírica. Con su última novela parece querer tomar el mismo camino, ya no solo por la forma, rozando la perfección estilística, sino también por el fondo: “Haz memoria” es una novela que habla —de forma no pretendida— de un tema de rabiosa actualidad. En ella presenta a la Rusa, una matriarca de carácter fuerte que junto al marido de esta, apodado el Zar, las tres hijas y el único hijo varón, la autora consigue esbozar un retrato de la época más oscura de la historia reciente de España.

Aunque la obra, como ya hemos dicho, es de una gran calidad literaria, el principal mérito de “Haz memoria” reside, sin lugar a dudas, en poder dar voz a todas aquellas personas que, por querer vivir en libertad, sufrieron el azote de un régimen sanguinario.

— ¿De dónde nace “Haz memoria”?
Fundamentalmente de una de mis mayores inquietudes, la memoria como identidad. La memoria es uno de los temas que más me obsesionan a la hora de escribir; es el sustrato del que intento extraer la inspiración y la historia, porque siempre he pensado que sin memoria no hay nada. Nuestro pasado nos determina en gran medida, y sin su reconocimiento no podemos aceptarnos ni crecer. Y, por otra parte, la historia también nace del deseo de trascender el plano individual e iluminar el pasado más oscuro de nuestro país, intentando hacer justicia a tantas personas olvidadas o represaliadas.

— La sombra de Federico García Lorca parece sobrevolar la historia de alguna forma, ¿qué tiene esta obra de él?
Es un enorme honor que los lectores aprecien ciertas semejanzas entre mi novela y la inmensidad de Lorca, ciertamente es uno de mis principales referentes literarios y he tenido siempre su simbología muy presente. Además de la inspiración en Bernarda Alba para el personaje de la Rusa, extraigo de Lorca, sobre todo, la intensidad dramática, el conflicto siempre trágico entre la represión y los instintos. La tragedia surge del intento frustrado por querer detener un impulso vital o cualquier corriente imparable.

— Has publicado con Dos Bigotes, una editorial que solo cuenta en su catálogo con obras de temática LGTBI y feminista, ¿qué tiene “Haz memoria” de esto?
La mayoría de mis personajes son mujeres, es a través de ellas como se va desgranando la historia y gracias a ellas conocemos su visión de los sucesos y sus puntos de vista, muy diferentes según cada una. Quería mostrar otras perspectivas a las que nunca se ha prestado tanta atención o que no se han considerado tan importantes. Junto a ellas, me parecía también interesante retratar distintos modelos de masculinidad con los personajes varones y, sobre todo, dedicar especial atención al hecho de que durante la Guerra Civil y la posterior dictadura fueron miles las personas represaliadas, torturadas o asesinadas por su orientación sexual. Hasta 1979 (es decir, prácticamente anteayer) ser homosexual se consideraba un delito en España: las personas LGTB eran sujetos “peligrosos” y “a rehabilitar”.

— Solo uno de los personajes tiene nombre propio, ¿por qué?
Ésta es una de mis fijaciones, sí: no me gusta, o me cuesta mucho, ponerles nombre propio a mis personajes. Es una responsabilidad enorme: el nombre lleva consigo siempre una carga simbólica demasiado poderosa, y además quiero que quien lo lleve “se lo gane” de alguna manera. De todos modos prefiero utilizar pseudónimos o nombres genéricos, creo que lo hace todo mucho más sugerente.

conbigote— ¿Qué personaje tiene más de ti?
Tal vez me identifico más con la nieta de la Rusa, por esa vertiente buscadora e insatisfecha y porque en ella se amalgaman todas las características de las generaciones anteriores... Y, por supuesto, simpatizo mucho con la rebeldía de la hija pequeña y sus ansias de justicia, y también confieso que tengo mucho de la Rusa, en el fondo es un personaje que me encanta.

— A la Rusa, ¿hay que amarla u odiarla?
Pues ambas cosas, claro, de hecho ésa era mi intención. La Rusa es una mujer fascinante, voluntariosa, capaz de todo, que no se resigna a la debilidad o a una sumisión impuesta... y profundamente equivocada en muchas cosas. La Rusa es también la herencia del pasado, la represión, el miedo. Era un reto construir un personaje digno de admirar por un lado y miserable por otro, capaz a la vez de la mayor valentía y de la mayor mezquindad, y a pesar de todo, que cayera bien, que resultara en el fondo comprensible en su complejidad y su humanidad.

— ¿Consideras que ese carácter fuerte de la Rusa es un rasgo feminista?
Lo es en muchas de sus actitudes aunque ni ella misma lo sepa, porque a esa voluntad de hacerse valer en un mundo de hombres y a esa determinación es a lo que le ha lanzado su condición de mujer. Y su bando elegido no es tanto por ideología ni por fanatismo político sino por puro instinto de supervivencia, tanto para ella como para su familia, de quien se considera cabeza responsable mucho más que su marido, que en personalidad resulta su claro antagonista.

— ¿Todos estos personajes hubieran cometido los mismos errores si hubieran nacido en democracia?
Tal vez sí, de hecho aún se siguen cometiendo errores semejantes en muchas casas y muchos rincones de este país debido precisamente a la herencia recibida de oscurantismo, ignorancia y represión. Vivir en una democracia, aunque por supuesto nos aporta derechos esenciales como la libertad y la educación, no ha de hacernos bajar la guardia y pensar que ya no queda nada más que conseguir. Y la educación, sobre todo, es vital en esto, como lo es conocer nuestro pasado colectivo y saber de dónde viene cada actitud retrógrada y por qué.

— ¿Qué tiene la Guerra Civil para que nunca termine de agotarse a nivel narrativo?
Es verdad que hay muchos autores que han tratado el tema y a menudo tenemos la impresión de agotamiento, pero al abordarlo desde una perspectiva literaria me he dado cuenta de que es un pozo inagotable de simbolismo. Si te soy sincera, no era mi intención inicial escribir una historia sobre la Guerra Civil pero me vi inmersa en él de manera casi inevitable al reflexionar sobre pasados personales y familiares: qué mejor que el tema de la represión y de la memoria histórica como metáfora global de las carencias que arrastramos. Me di cuenta de que era idóneo para encauzar lo que quería contar: los peligros del olvido, voluntario o no, y la inutilidad de querer enterrar el pasado.

— En “La pertenencia”, tu anterior novela, tu protagonista también revive el pasado, ¿podríamos empezar a hablar de obsesión?
Absolutamente. Vuelvo a lo mismo que comentaba al principio: para mí, sin pasado, y sobre todo sin reconocimiento y aceptación del mismo, no hay historia, ni identidad, ni crecimiento ni hay nada. El rechazo al propio pasado, sea por miedo, por vergüenza, por represión... es negarnos a nosotros mismos, así como la construcción del olvido es un arma política tan mezquina como efectiva.

— ¿Qué es mejor: recordar o no olvidar nunca?
Es un matiz interesante, porque da la impresión de que en “no olvidar nunca” se esconde cierto sentimiento de rencor, y no es así porque en cualquier caso ambas acciones se asientan sobre la misma base: la reivindicación de la memoria como punto de partida para todo. El error es precisamente huir de la memoria, pretender que el olvido haga su trabajo sin cobrarse ningún precio. Es lo que se hizo en la Transición de este país: hacer del olvido ley y creer que al enterrar la memoria todo se arreglaría solo cuando ha sucedido precisamente lo contrario: el lodo ha ido creciendo hasta convertirse en una bola gigantesca. De hecho, es un error pensar en la Historia como algo pasado y muerto. La Historia es un cuerpo vivo, cuyas consecuencias llegan hasta nuestro presente y lo determinan. Por eso no sirve el argumento de “dejar el pasado atrás”. Los conflictos sobrevienen y se enquistan cuando no se solucionan las cosas a tiempo. Sucede con todo, con cualquier problema mínimo de la vida cotidiana. Cuando te niegas a remediarlo pensando “ya se solucionará solo, o ya se olvidará”, es cuando aumenta.

— ¿Qué obra consideras que es el mayor exponente de la literatura LGTBI?
Es muy difícil quedarse con una sola... De mención obligada, tanto por su valor literario y testimonial como por el impacto y consecuencias que tuvieron, me parecen “De profundis”, de Oscar Wilde, “Orlando”, de Virginia Woolf y “El pozo de la soledad”, de Radclyffe Hall. Pero no puedo dejar de citar autores como Jeanette Winterson, Tom Spanbauer, Lorca, Luis Cernuda, Djuna Barnes, Alison Bechdel, Marguerite Yourcenar... todos ellos y ellas escribieron textos fundamentales en la literatura LGTB.

— ¿Cómo resumirías “Haz memoria” en una frase?
Pretender construir un país o una identidad basándonos en el olvido y el silencio es como querer levantar un edificio sobre cimientos de niebla.

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