Visibles y orgullosos

Llegadas estas fechas de junio en las que en ciudades como Madrid se respira ya “ambiente de Orgullo”, de forma recurrente y reiterativa alguien asoma de su caverna para reivindicar un “orgullo hetero”.

Resulta, cuanto menos, esperpéntica esta postura de quienes no entienden (y seguramente no llegarán a entender nunca) que nos estamos moviendo en el terreno de los derechos y no atrincherados en la lógica de los privilegios de unos pocos.

Son evidentes las razones por las que no es necesario un orgullo hetero, y todas pueden resumirse en una sola: no existe constancia de que se vulneren los derechos de las personas heterosexuales por el mero hecho de serlo. Y esto es algo que sí sucede hacia las personas LGTBI: son perseguidas, acosadas, torturadas, condenadas a muerte por la única razón de su orientación sexual e identidad de género.

España lidera, desde hace años, los ránkings internacionales de actitud positiva hacia la homosexualidad. El camino para que esto sea así ha sido largo y no exento de contradicciones, pues estas estadísticas conviven, a día de hoy, con el aumento de las agresiones a personas LGTBI (en 2014 fueron el principal delito de odio de los más de 1200 registrados).

“4.000 homosexuales se manifestaron por las ramblas”. Así, de forma escueta, titulaba La Vanguardia la (pequeña) crónica de aquella primera manifestación en defensa de los derechos LGTB celebrada en Barcelona el 26 de junio de 1977 con los lemas “¡Amnistía, ya!” y “No somos peligrosos”. Aquellos gais, lesbianas y transexuales valientes se echaron a las calles en un entorno más que hostil, con la plena vigencia de la Ley de Peligrosidad Social. Y fueron ellos quienes prendieron la mecha de un movimiento imparable que ya se había puesto en marcha tras los disturbios de Stonewall, en Nueva York, en 1969.

Distan mucho aquellas primeras marchas, de las manifestaciones, teñidas de alegría, a las que estamos acostumbrados ahora, gracias al trabajo y la valentía de quienes se enfrentaron a la represión de un país recién salido de la dictadura.

El Orgullo sigue siendo más necesario que nunca. Reivindicamos, desde la alegría, los derechos que, como sociedad, nos quedan por conquistar al mismo tiempo que celebramos, también colectivamente, los derechos ya conquistados. Y lo hacemos con la responsabilidad de dar voz a aquellos que no la tienen porque viven invisibilizados por miedo al rechazo; porque son rehenes de leyes como la que en Rusia prohíbe la “propaganda homosexual”; porque son perseguidos, como en Marruecos, por evidenciar un simple gesto de amor en plena calle; porque sufren violaciones correctivas para ser curadas de su lesbianismo.

No. No es necesario un “Orgullo hetero”, porque la heterosexualidad no es una causa de ese odio irracional que genera exclusión, aislamiento, miedo. Hemos avanzado mucho como sociedad desde aquellas oscuras épocas en que la homosexualidad era delito. Nos hemos dotado de leyes que garantizan los derechos y la dignidad de todas las personas, independientemente de su orientación sexual. Pero aún queda terreno que cultivar en la lucha por la igualdad real y efectiva. Y lo haremos en común, desde el Orgullo que supone construir una sociedad en la que quepamos todos y todas.

¡Feliz y reivindicativo Orgullo LGTBI 2015! Leyes por la igualdad real, ¡ya!

Por Beatriz del Hoyo y Juantxo López de Uralde, candidato en las primarias de EQUO.

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