Historia de la gestación subrogada

Últimamente no dejan de verse publicaciones on-line y programas de televisión donde personas ajenas a la realidad hablan de la gestación subrogada desde la más profunda ignorancia.

La primera lección sobre gestación subrogada es saber diferenciar entre la subrogación tradicional y la subrogación gestacional.

La infertilidad no es un nuevo problema de la sociedad moderna. Mujeres de todos los tiempos han tenido dificultades para concebir y la única manera posible de construir una familia era a través de la ayuda de una mujer gestante.

Los primeros indicios de gestación subrogada que aparecen en nuestra cultura se remontan 2000 años antes de Cristo, y el Antiguo Testamento (Génesis 16) narra cómo Sara, la esposa de Abraham, era infértil y le ofreció a su marido la esclava Agar para que le gestara su hijo. Sara dijo a Abraham "Ya que el Señor me impide ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podre tener hijos" y así fue.

Este tipo de "acuerdo" (lo pongo entre comillas porque dudo que lo hubiese tratándose de una esclava) se conoce como acuerdo de subrogación tradicional, y la gestante pone su material genético, dando a luz un bebé que biológicamente es suyo.

Esta práctica ha ido sucediendo a lo largo de la historia hasta llegar a 1976, donde se documenta el primer embarazo por subrogación con testimonios y detalles. Fue el abogado Noel Keane quien negoció el primer contrato legal de subrogación tradicional entre los padres de intención y la madre gestante, quien no recibió ninguna compensación por ello. Keane creó un Centro de Infertilidad, organizando cientos de embarazos subrogados al año. También estuvo implicado en notorios casos y demandas sobre algunos de los acuerdos llevados a cabo, como el caso Kane (1980) o el caso Baby M (1986)

En 1978 nace en EE.UU el primer "bebé probeta", término despectivo de la época para referirse a lo que técnicamente se conoce como fecundación in vitro. Aunque no se trató de ningún acuerdo de gestación subrogada, este evento histórico allanó el camino hacia la subrogación gestacional) de hoy en día, donde la mujer gestante no usa su material genético y el recién nacido no será biológicamente hijo suyo.

Es en 1980 que se produce el primer acuerdo de subrogación tradicional (la subrogación gestacional todavía no era de uso común) donde la gestante, Elizabeth Kane (seudónimo), recibió una compensación económica. La Sra. Kane era una buena candidata para la subrogación tradicional porque, además de estar casada y tener hijos propios, previo al matrimonio ya había dado un hijo en adopción. Sin embargo, justo después de renunciar sus derechos sobre el bebé, empezó a arrepentirse de su decisión. A raíz de este suceso, Kane se convirtió en defensora contra cualquier tipo de práctica de gestación subrogada.

En 1983 se produce el primer nacimiento por fecundación in vitro en Canadá. Margaret Reid, la madre del primer bebe canadiense nacido por fecundación in vitro, dijo que se sintió como el sujeto de "alguna cosa de clonación o ciencia ficción". Para ese entonces, la gente todavía dudaba sobre la ética de la fecundación in vitro.

En el mismo año, en Melbourne (Australia), una mujer fue la primera madre a dar a luz a su bebé gracias a la donación de óvulos. Aunque no se trató de ningún acuerdo de subrogación, este evento hizo la subrogación gestacional posible.

Finalmente fue en 1985 cuando se produzco el primer caso de subrogación gestacional donde la gestante se quedó embarazada por la transferencia de un embrión creado a partir de la donación de óvulos.

En 1987, el New York Times publicó un reportaje tratando el mayor escándalo sobre gestación subrogada sucedido en los EE.UU: el caso Baby M. Se trató de un caso de subrogación tradicional donde la madre gestante (y biológica), Mary Beth Whitehead, decidió que quería quedarse con el niño y se negó a entregar el bebé a la pareja con la que tenía el acuerdo. Finalmente el tribunal, considerando el interés del menor, adjudicó la custodia de la niña Melissa al padre biológico (William Stern) y su esposa (Elizabeth Stern). A la madre biológica, Beth Whitehead, se le concedieron visitas.

Melissa Stern es hoy en día adulta, y a sus 18 años terminó su relación legal con su madre biológica, y fue adoptada legalmente por la mujer que la crió Elizabeth Stern. En 2007, Melissa habló para una revista de New Jersey sobre la familia Stern: "Quiero mucho a mi familia y soy muy feliz con ellos. Estoy contenta por haber terminado con ellos. Los quiero, son mis mejores amigos en el mundo entero, y esto es todo lo que tengo que decir al respecto".

En 1988, Patty Nowakowski dio a luz gemelos, un niño y una niña, por el método tradicional. Tras el parto, los padres de intención dijeron a Patty que sólo querían a la niña, y se marcharon dejando al niño en el hospital con ella. Patty, quien había recurrido a la subrogación tradicional sin tener ninguna intención de quedarse con los niños, de repente se encontró con la situación de tener que criar al niño. Patty y su marido, no solo decidieron criar al bebé, sino que lucharon para conseguir también la custodia de la hermana. Después de la batalla legal, la familia Nowakowski ganó la custodia de ambos niños.

Pero el caso Baby M no frenó los contratos de gestación subrogada, sino que supuso un punto de inflexión en la historia de la gestación subrogada. A partir de entonces, los acuerdos de subrogación tradicional fueron remplazados por acuerdos de subrogación gestacional tal y como los conocemos hoy en día, donde gracias a la fecundación in vitro y la donación de óvulos, la mujer gestante no tiene ninguna implicación genética.

En 1990, la mujer gestante por subrogación gestacional, Anna Johnson, puso en pleito a los padres de intención de un bebé concebido por fecundación in vitro, usando material genético de ambos. El juez dictaminó que el papel de Anna Johnson fue simplemente el de una madre de acogida, adjudicando todo el derecho legal a los padres de intención, que a su vez, eran los padres biológicos.

En 2005, la gestante Teresa Anderson (54 años) dio a luz quintillizos por subrogación gestacional. Cuando se dio cuenta de que estaba embarazada de 5 bebés, renunció a su compensación económica de 15.000 dólares a favor de los padres, suponiendo que los necesitarían para criar a sus hijos.

En 2007, Ann Stopler, 58 años, dio a luz a sus propias nietas (gemelas). Su hija no era capaz de concebir debido a un cáncer cervical.

En 2008, Jaci Dalenberg de 56 años de edad, se convirtió en la mujer de mayor edad en dar a luz trillizos. Y en Japón, país en el que se desaprueba la gestación subrogada, se batió el record de la mujer, también de mayor edad (61 años) en dar a luz a un bebé. Ambas mujeres fueron gestantes de sus propios nietos, ya que sus hijas no podían concebir.

Después de haber visto y analizado los hechos anteriores, se pueden sacar las siguientes conclusiones, que se resumen objetivamente a continuación:

1. La subrogación tradicional es más polémica que la subrogación gestacional, porque la gestante pone su material genético y la implicación emocional es mucho más grande.

2. A pesar de los conflictos puntuales que sucedieron en los años 80 relacionados con la subrogación tradicional, esta práctica no se ha detenido, y aunque oficialmente no hay un registro exhaustivo de los nacimientos por subrogación tradicional o subrogación gestacional, todo apunta a que los nacimientos por gestación subrogada no paran de crecer.

3. Siempre habrá algún caso donde la mujer gestante se arrepienta, o por otro lado, casos donde los padres de intención abandonen a sus hijos antes o después del parto. Todo el mundo puede cometer errores, ya sea por parte de los protagonistas o por los profesionales que los han evaluado. Para evitar este tipo de conflictos hay que preguntarse: ¿Qué ha fallado? Y ¿Cómo se puede mejorar la ley para que no vuelva a ocurrir?

4. La adopción está implícita en la gestación subrogada, porque muchas veces, uno de los padres de intención no tendrá ningún vínculo genético.

5. Finalmente, y para que no se nos olvide: la buena fe de las personas. Abuelas gestando a sus nietos, gestantes renunciando a su compensación económica sabiendo que los padres de intención lo van a necesitar... Siempre va a haber más historias bonitas y con final feliz que historias trágicas.

Entonces:

1. Queda claro, pues, que la desvinculación genética ayuda a que la gestante tenga menos dudas en el momento de devolver el bebé a los padres de intención. Y en el caso de hablar de un acuerdo de subrogación tradicional, habrá que tener en cuenta que la madre biológica y a la vez gestante, siempre va a tener derechos sobre el bebé, a no ser que decida darlo en adopción, como ya ocurre en los casos de adopción actuales.

2. Si nos preguntamos el porqué del incremento de bebés nacidos por gestación subrogada en los últimos años, la respuesta es fácil: el deseo de ser padres es (afortunadamente) mayor al hecho de que algunas mujeres decidan dar a sus hijos en adopción, habiendo más intención a adoptar que niños a adoptar. Formar una familia es un instinto que tiene el ser humano. Por ese motivo las parejas que quieran tener hijos no se detendrán cuando la puerta de la adopción se les cierre, y cruzaran fronteras para ir a otros países, algunos de los cuales sin leyes garantistas que defiendan a las gestantes, ni a los padres de intención.

3. Los pocos casos problemáticos de gestación subrogada no son motivo suficiente para rechazar su regulación. ¿Recordáis el accidente aéreo de 2015 donde 150 personas perdieron la vida? El piloto no estaba mentalmente preparado para esa actividad. Lo que se hizo fue cambiar el protocolo para que siempre hubiese dos personas en la cabina. Creo que a nadie se le pasó por la cabeza ilegalizar los aviones. Pues eso es lo que hay que hacer: regular la gestación subrogada de tal manera que incidentes como los de los años 80 (o sin ir más lejos, lo que pasaba en la India no hace tanto) no vuelvan a suceder, respetando siempre los intereses de todas las partes implicadas.

4. Uno de los errores más comunes que comenten los detractores a legalizar la gestación subrogada es pensar que los padres de intención acuden a la gestación subrogada porqué quieren continuar con el linaje familiar extendiendo sus genes generación tras generación. Creo que estas personas se olvidan que en algunos casos, uno de los padres no tendrá ningún vínculo genético con el bebé, porque en una pareja heterosexual donde la mujer no produce óvulos, o en una pareja de hombres gay, siempre habrá, al menos, un miembro de la familia que tendrá que “adoptar”. Y con adopción no me refiero al proceso legal que actualmente es necesario en España para reconocer la filiación de un menor (y que con una regulación adecuada debería desaparecer), sino que hablo de la capacidad de amar y criar a un niño que biológicamente no tiene ninguna conexión con uno o ambos padres de intención.

5. La gestación subrogada siempre ha existido, y seguirá existiendo mientras no se descubran otras técnicas que curen cualquier tipo de infertilidad. Siempre habrá gente dispuesta a ayudar, igual que siempre habrá gente que se opondrá a que otros ayuden. Y gente que se mantendrá neutral, viviendo y dejando vivir.

La Gestación Subrogada es el estigma social del siglo XXI. La pregunta es, ¿cuánto van a tardar los estigmatizadores en darse cuenta que con su actitud no van a ninguna parte y que la mejor manera es regular?


Por Xavi Díez, de la asociación Son Nuestros Hijos

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