fatigas grande

Tan lejos y tan cerca

Tristeza. No encuentro otra palabra, ni tengo otro sentimiento. Por más que intento pensar en otra cosa, en distraerme, no consigo quitármelo de la cabeza. 50 personas han muerto esta noche, mientras nosotros volvíamos de bailar en Delirio, en Bearbie o en Six Colours; mientras yo mismo dormía en mi cama, después de haber celebrado el 5º aniversario de esta misma página; mientras acabábamos de hacer lo que estaban haciendo estas personas cuando, de repente, se los llevaron. Cada una de esas 50 personas tenía una vida, una familia, un trabajo. Salieron a divertirse, a ligar, a emborracharse. No sabían que iban a ser víctimas de los instintos más bajos del ser humano.

Nunca hubiera imaginado sentir una ciudad tan lejana de una forma tan cercana como la siento ahora; llorando por gente a la que ni he visto jamás y que nunca hubiera conocido en el caso de que los hubieran dejado vivir. Tan lejos y tan cerca.

Han matado a 50 personas, pero nos han matado a todos; acabamos de recibir un tiro y todos lloramos hoy la pérdida. No son nuestros padres, ni nuestros primos, ni nuestros hermanos. Somos nosotros. Todos nosotros. Ahora mismo estamos sintiendo el frío aliento del odio y la irracionalidad en nuestra nuca.

Solo espero que estas muertes no sean en vano, que abra los ojos de la sociedad, que se den cuenta que no somos un colectivo acomodado, que tenemos que seguir luchando, educando, enseñando a amar lo que es igual y lo que es diferente; a enseñar en los colegios el respeto, a intentar frenar ideas extremistas, sea del tipo que sean y de la confesión que sean. Que nadie muera por ser lo que tiene que ser, que nos miren, que nos vean. Seguimos sufriendo y seguimos perdiendo.

No solo el colectivo homosexual es al que han atacado hoy, han atentado contra toda la sociedad, contra la libertad, contra la vida, contra el amor, contra los pilares que permiten que aún no sigamos llamando seres humanos. Lo de Stonewall fue un gran paso, personas derramaron su sangre por luchar por unos derechos tan fundamentales que prefirieron entregar su vida antes que seguir sin ellos. Hoy, en Pulse, nadie lo ha hecho conscientemente, nadie ha luchado por nada, nadie le ha dado elección. Por eso tiene que haber un paso más allá, una transformación más grande. No hay forma de compensar una vida que se pierde, mucho menos 50, pero la muerte solo puede transformar la vida y espero que sea la de todos; es un antes y un después.

Se acerca el día del Orgullo, el recuerdo de Stonewall, de los que murieron antes que ellos. Hace muchos años de eso y hay personas que no se sienten identificadas. Ahora, cada vez que nos planteemos de nuevo la finalidad del Orgullo pensemos en los 50 muertos de Orlando, gente que ha dado su vida, perdón, que le han robado la vida sólo por amar.

Sólo por amar.

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