¿Por qué era necesaria una Ley LGTB?

La discriminación tiene muchos y muy diferentes motivos y, aunque la base es la misma para todos, la manera de combatirlos no puede ser la misma para cada circunstancia.

¡ENHORABUENA MADRID! Sin duda hoy es un día grande para nuestra Comunidad, para toda su gente tanto de nacimiento como de adopción, pues hoy, 14 de julio, Madrid se pone a la cabeza en la defensa de los derechos LGTBI en España y repara con ello tan largo tiempo de connivencia con la discriminación y el odio sufrido por el colectivo LGTBI. Pero seamos prácticos y empecemos por el principio: ¿por qué tanta alegría? ¿Por qué una ley LGTB? ¿De dónde viene todo esto?

En septiembre de 2015, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, planteaba un proyecto “dulcificado” de ley LGTB, que si bien rompía con el inmovilismo en materia LGTB de sus predecesores en el cargo, no vino acompañado del apoyo mayoritario de los diferentes sectores del activismo y asociacionismo madrileño.

Desde diferentes partidos políticos, así como desde organizaciones y asociaciones LGTBI, se puso en duda la idoneidad de esta norma argumentando, en la mayoría de los casos, que la aprobación de una ley específica en esta materia crearía una especie de “minoría de primera” con respecto al resto de minorías, que también cuentan con necesidades específicas. Es decir, que básicamente las personas LGTBI pasamos de ser discriminados a -supuestísimamente- discriminar, en tanto que proponíamos una protección específica para nuestro colectivo minoritario.

Así que intentemos explicar por qué esta ley era -qué bonito suena hablar en pasado- necesaria. Las alternativas a dicha ley eran varias, si bien eran dos las más escuchadas: una Ley de Delitos de odio, esto es, una ley que persiga y castigue cualquier tipo de acción discriminatoria y punible a cualquier colectivo mientras el móvil de la misma sea siempre el odio al diferente; y una Ley de Igualdad de Trato, es decir, una ley transversal en la igualdad de trato y en la eliminación de toda discriminación dentro de muy diversas áreas.

Nadie niega lo imperativamente urgente que resulta contar con una Ley de Delitos de Odio, si bien el marco autonómico no es el más adecuado para solicitarlo. Si de verdad queremos conseguir una norma que persiga y castigue situaciones susceptibles de reproche penal el lugar adecuado para proponerlo es el Parlamento español, ya que, conforme a nuestra Constitución, el Estado es quien tiene competencia exclusiva en materia penal. Hablar por tanto de una Ley de Delitos de Odio a nivel autonómico es dejarla vacía de contenido, así como crear una confusión en la ciudadanía que, con ese nombre, piensa que los deleznables actos de odio llevan consigo un reproche penal efectivo, cuando no es verdad.

En lo relativo a la Ley de igualdad de Trato, ya en el 2011, el Gobierno de Rodríguez Zapatero, planteó un proyecto de norma donde se quiso luchar contra la discriminación, protegiendo a sus víctimas y luchando por la efectiva aplicación del artículo 14 de nuestra Constitución de una manera general e integral. Dicha norma, ciertamente ambiciosa, aglutinaba en su lucha a colectivos y personas de muy diversa índole, siendo hasta 9 los posibles motivos discriminatorios a erradicar: sexo, origen racial o étnico, discapacidad, edad, religión o creencias, orientación sexual, enfermedad, identidad sexual y lengua. Así pues, la intención de crear una norma de igualdad de trato ajustada a las competencias autonómicas de Madrid, puede resultar interesante. No obstante, tratar de paliar todo motivo discriminatorio desde una única ley, con ese carácter generalista, puede crear una falta de protección integral de cada colectivo en su contexto particular.

El proyecto de Ley LGTBI planteado por Cristina Cifuentes pretende centrarse en la realidad de este colectivo, haciendo más eficiente la lucha contra su discriminación en todos los ámbitos posibles. Pero puesto que resultaba evidente que el proyecto de Ley del gobierno de la Comunidad era poco ambicioso, desde la Asociación ARCOPOLI planteamos un proyecto reformado de dicha norma, en donde a través de 78 artículos pretendíamos aportar ideas para crear un texto que garantizase una defensa integral de nuestro colectivo, adaptando la ley a las reclamaciones específicas de sus diferentes y diversas realidades, y atendiendo así a toda su diversidad dentro de las reivindicaciones del propio colectivo.

Por todo ello, resulta ingenuo pensar que una Ley de Igualdad de Trato podía profundizar tanto en la realidad de las especificidades del colectivo LGTBI como lo hace una ley específica para ello. Sólo a modo de comparativa, el Anteproyecto de Ley integral para la igualdad de trato y la no discriminación del Gobierno de Zapatero, aplicable en todo el territorio nacional, contaba con 47 artículos para atender a 9 tipos de discriminaciones distintas. Yo planteo una pregunta: ¿sería posible dentro de la Comunidad de Madrid acercarse a la realidad de cada colectivo y tipo de discriminación, que a su vez tienen especificidades propias, con una única ley?

La discriminación tiene muchos y muy diferentes motivos y, aunque la base es la misma para todos (el rechazo al diferente), la manera de combatirlos no puede ser la misma para cada circunstancia. La Justicia nunca será tal, si pretendemos igualar a los desiguales. Luchar por una igualdad real sin adecuarnos al contexto particular, acaba unificando la realidad social, que nunca es igual ni homogénea.

La idoneidad de que desde Madrid tengamos desde hoy una especifica ley integral LGTBI se basa en la especificidad de este colectivo, nuestro colectivo, que requiere una atención determinada para acercarse a los problemas que sufre, igual que cualquier otro colectivo lucha desde sus propias circunstancias. Pretender subsumir nueve realidades dentro de una misma defensa de derechos, no hace sino que cada colectivo, siempre minoritario, acabe diluyéndose aun más dentro de un conjunto de minorías con realidades diferenciales evidentes.

Por tanto hoy debemos estar todos y todas muy contentas, orgullosas de lo que hemos logrado, pues esta norma no solo garantiza el reconocimiento de toda la histórica discriminación sufrida, sino que permitirá contar con las armas para combatir la homofobia, la transfobia y la bifobia de raíz, en todos los ámbitos posibles dentro de las competencias de la Comunidad de Madrid, pasando a convertirnos en la Región modelo para el resto del país. Debemos sentirnos orgullosas, hoy más que nunca, por una ley que nos dignifica algo más, que ha contado con la laboriosa aportación de Arcopoli, reconocida en la asunción de muchas de las propuestas que planteamos, así como de otras asociaciones y grupos parlamentarios que sí creyeron en la necesidad imperiosa de apoyar y aprobar esta norma.

Hoy es un día grande, un día feliz, un día en el que respiramos algo más libres, algo más iguales, donde las Instituciones se han comprometido a acabar con la lacra del sufrimiento de muchas personas que padecen la discriminación día a día, donde se ha dicho basta, se ha tendido la mano, y se nos refuerza para seguir luchando por la igualdad real de todos y todas. Enhorabuena de nuevo Madrid, porque hoy se ha hecho Justicia, y por esta ley arcoíris que te sienta extraordinariamente bien.

Diego Rey

Vocal Jurídico de Arcópoli

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