fatigas grande

La necesidad de ser lo que uno es

Hoy me apetece jugar. El juego comienza recordando el momento en el que salimos del armario, los que lo hayamos hecho; cómo se lo dijimos a nuestra familia, amigos y círculo más cercano. También, por qué no, pensar a quién no quisimos o no tuvimos la necesidad de contárselo. Para algunos será un recuerdo agradable, para otros neutro y para otros doloroso.

La segunda parte del juego empieza ahora. Vamos a jugar a imaginar, transformaremos el recuerdo que tenemos de ese momento. Imaginemos que en el momento que salimos del armario nos ponen un sello justo en mitad de la frente con letras bien grandes: GAY. Y toda persona que se cruza por nuestro camino puede verlo. Si vas solo por la calle de noche y ves a un grupo de gente que te da mal rollo ya no puedes estirar la espalda y andar a horcajadas para disimular.

Después de ir cargando con ese sello en la frente, vamos a necesitar pasar un análisis psicológico de aptitud para ser homosexuales y poder desarrollar nuestra necesidad de expresarnos tal y como somos. Según nos dicen, lo hacen para que no nos arrepintamos más tarde de la decisión.

Ya, por último, para poder por fin convertirnos en lo que realmente somos tendremos que pasar por un tratamiento médico y, en algunas ocasiones, por quirófano.

Una vez hecho todo esto y habiendo pasado las diferentes etapas, perdiendo gente, familiares y amigos por el camino que no acaban de entender por qué lo hacemos, habrá gente que aún nos llame "heterosexuales" y que dirán que por muchas cosas que hagamos nunca vamos a dejar de serlo.

A mí, desde luego, solo con imaginarlo se me han pasado las ganas de salir del armario; pero lo peor de este juego es que no es un juego de imaginación; hay un colectivo, unas personas, mujeres y hombres, que tienen que vivir con esto todos los días de su vida. Hablamos de unas personas donde en muchos casos son caricaturizados por los medios, que no son retratados de una forma realista y que están estigmatizados por una sociedad que no es consciente de sus problemas. Si ya a nosotros, y cuando hablo de nosotros me refiero a gays, lesbianas y bisexuales nos cuesta mirar hacia sus problemas (bastante tenemos con los nuestros) imaginemos que clase de atención le puede prestar el resto de la población.

Somos muchos dentro de este colectivo. Todos con necesidades e inquietudes muy diferentes. Las siglas LGTBI abarcan un universo que rema en la misma dirección, pero que dentro de ese barco los marineros son muy diferentes. Nuestro objetivo es común, nuestras necesidades diferentes.

Es el colectivo transexual el que a día de hoy se encuentra más castigado dentro de una sociedad que no está aún preparada, por muchos años que pasen, a integrarlos de forma completa. Problemas laborales, personales, agresiones, falta de oportunidades, todo se multiplica dentro de este colectivo. Afortunadamente, poco a poco, la sociedad va abriendo los ojos y asimilando la diversidad existente entre sus filas. Pero queda muchísimo por andar.

Dentro del colectivo homosexual nos enfrentamos a un retroceso en la tolerancia, la igualdad y la libertad. Nos encontramos cada día con un aumento en las agresiones sólo por cogernos de la mano o por expresarnos libremente. El colectivo transexual se enfrenta a problemas mucho mayores, a discriminaciones de mayor magnitud y a un enorme riesgo de exclusión dentro de la sociedad.

Han sido muchos los años en los que el colectivo transexual no ha tenido una voz propia, ni dentro ni fuera de las siglas LGTBI. Ellas y ellos mismos, por culpa de la estigmatización de la sociedad, no se han dado cuenta de sus necesidades, radicalmente diferentes a las de un colectivo homosexual. Simplemente echando un vistazo a documentales de la época postfranquista, como puede ser el documental Vestida de Azul, nos damos cuenta que se consideraban maricones pintaos, como ya dijo La Veneno no hace muchos años.

Por suerte, personas dentro del colectivo transexual se han encargado de reaccionar, de darse cuenta que las necesidades de una persona homosexual son radicalmente diferentes a los de una persona transexual; y como tal, se han encargado de reclamar unos derechos necesaria y exclusivamente suyos.

Aunque fueran nuestros precursores en la lucha, se han quedado atrás por quedarse diluidos en unas exigencias que no cubrían totalmente lo que necesitaban. Ahora estan despertando y desde la hermandad que supone la completa obligatoriedad de reclamar nuestro derecho a expresarnos tal y como somos, el colectivo homosexual debería ser un apoyo al colectivo transexual para conseguir, poco a poco, lo que ellos nos han ayudado a conseguir durante todos estos años.

Héroes y heroínas de carne y hueso, que todos los días se lanzan a la calle a luchar contra una sociedad que no acaba de entenderlos, pero que poco a poco mira hacia ellos detectando sus necesidades y comprendiendo, como ya hace años se comprendió con el colectivo homosexual, que el ser diferente no es una cuestión de gusto o capricho sino una necesidad imperiosa de mostrar al mundo exterior lo que se es en lo más profundo del Ser.

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