fatigas grande

Hábitos anales: Manual práctico para plantar semillas en el jardín trasero

“(…) Máxime cuando a ti, pirata, hace tiempo que la semillita te la plantan en tu jardín trasero y te la riegan casi a diario”

Esta maravillosa cita tuitera pertenece a la brillante mente de un concursante de Gran Hermano, a Pepe Herrero concretamente. Este señor, no sé por qué motivos ya que no suelo seguir la novedades informativas de este programa, lanzó este ataque homófobo contra el presentador Jorge Javier Vázquez.

En mi anterior artículo hablaba de cómo se utiliza el concepto de pasivo como insulto dentro de nuestro colectivo. Hoy la actualidad informativa me permite hacerlo extensible a cazurros que lo único que conocen de la tolerancia son sus dos últimas sílabas; rancia actitud que permite dar alas a la faceta más odiosa de la homofobia: reírse de la práctica sexual en sí misma.

Este tal Pepe Herrero es solo un ejemplo de cómo al resto de la sociedad le parece gracioso que dos tíos se vayan a la cama y hagan lo que les dé la gana. Existen esas personas que apoyan sus argumentos homofóbicos con “el culo es una vía de salida, no de entrada”, para luego intentar visitar a sus novias por la puerta de atrás. El otro día, sin ir más lejos, pude comprobar cómo el sexo anal suele ser un chiste muy recurrente en las conversaciones cotidianas. Me encontraba yo en un chiringuito comiendo con unos amigos, al lado dos señoras mayores, de unos 60 años, que hablaban sobre la obra y milagros de todos sus vecinos. Una de ellas le estaba comentando a la otra que el hijo de una amiga se había casado con otro hombre y habían recurrido a la gestación subrogada (vientre de alquiler en palabras de ella) para tener un hijo. Por lo visto, la amiga de esta señora no se llevaba muy bien con su hijo ni su yerno y le dijo que seguía hablándoles por su nieta, ya que si fuera por ellos les podían dar por culo. En ese momento la amiga oyente la interrumpió para espetar un “por culo ya se dan” y todo se convirtió en risas ante tan brillante comentario. ¿Por qué el culo resulta ser un tema tan gracioso para los que hablan y tan vergonzante para el que lo practica? Reconocerse como pasivo puede convertirse en una segunda salida del armario. Identificarse con roles femeninos sigue siendo motivo de vergüenza.

No sólo el sexo anal entre hombres parece tener una vis cómica dentro de las cavernas sociales, también cualquier tipo de práctica que implique a dos hombres tocarse. El otro día me topé por mala suerte con una película, de cuyo nombre no quiero acordarme, del director Sacha Baron Cohen, que tiene en su filmografía, entre otras joyas, Borat o Bruno. En la película, que ya empezaba mal porque creaba una situación en la que se reía sobre el VIH, hay un momento en el que uno de los protagonistas le tiene que chupar un testículo a otro para sacar un veneno mortal. Cuando están en medio de la maniobra de salvación, un grupo de personas entran y los encuentran en pleno acto. Con este argumento no entiendo cómo no se ha llevado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. La audiencia con la que estaba viendo la película se partía de risa (imagino que ese era el cometido de una escena de tan buen gusto). Todo eran risas por aquí y risas por allá;. Un postadolescente que estaba presente lanzó un: “ugh, qué asco”. No me extrañó que le pareciera asqueroso ya que hasta a mí, tal y como estaba planteada la escena, me lo estaba dando. Este chico se iría a casa pensando en lo asqueroso (y gracioso) que es el sexo homosexual. Toda una lección de tolerancia y respeto.

Así que sí, señor Pepe Herrero, nos encanta que nos den por el culo. No le vemos la gracia por ningún lado, aunque si que tiene toda la diversión del mundo. Nos encantan que nos planten la semilla por atrás porque por ese motivo pagamos un precio muy alto en esta sociedad. Vuestras risas y bromas, con una clara intención de menospreciar nuestra afectividad sexual, no es menos válida que la de ustedes. Y les invito a probar, con sus novias, sus mujeres o sus parejas sexuales, quizá se lo pasan aún mejor que haciendo chistes.

Les recuerdo que la sexualidad no está en el cuerpo, pero por si acaso les asalta la duda, la próxima vez que vayan a soltar una carcajada sobre los hábitos anales de sus semejantes, abran un libro (si, es eso que tiene letra, cuenta cosas y abre las mentes) y busquen dónde se encuentra en punto G masculino.

¿Te interesa el contenido?

  

Cáscara amarga no se hace responsable de las opiniones de los firmantes en la sección Opinión de este periódico.