fatigas grande

Ladrillo a ladrillo se hace pared

Algo que nos diferencia del resto de animales es la capacidad que tenemos para recordar, para no olvidar el pasado y así poder actuar en consecuencia con nuestra experiencia. Pero, como animales que somos, a veces olvidamos recordar, obviamos las cosas que han pasado a nuestro alrededor.

Quizá sea esta cultura de la instantaneidad la que no nos permite seguir manteniendo la Memoria Colectiva que construye la identidad de un país, una comunidad o un grupo social; nuestras ideas expresadas en 140 caracteres o nuestras emociones plasmadas en imágenes de 18 megapíxeles. Nos permitimos el lujo de poder apartar a las personas de nuestra vida solo con el requiebro de un dedo y creemos que podemos conocer mejor a alguien ampliando su imagen con el pellizco en una pantalla. Dejamos de lado aquello que no se expresa en código binario y olvidamos lo que no se puede almacenar en megabytes.

Como animales que somos algo que nos distingue de ellos es la capacidad para ser conscientes de nosotros mismos. Los Homo Sapiens Sapiens, saben que saben. A veces se nos olvida, con una acostumbrada costumbre, lo que somos, de dónde venimos. Preocupados nos hallamos del pasado para ser omnipresentes: Twitter, Grindr,

Facebook, Snapchat, Youtube, Instagram, Pinterest, Vine, Whatsapp, LinkedIn, Tumblr, Badoo…; nos dejamos guiar por niños que cuentan sus vidas en vídeos de diez minutos a los que atendemos como si no hubiera un mañana. Nos atraen sus historias, sus vivencias y, para los que rondamos los 30, nos dejamos llevar por el soplo de vitalidad que ya empezamos a añorar. 

Las historias del hoy se esparcen como el fuego a través de ese concepto tan preciado por particulares y empresas: la viralidad. Si un gatito hace algo muy gracioso será la estrella durante la semana para quedar después encerrado en el pasado digital y ser condenado al ostracismo virtual. 

Quizá nunca en nuestra Historia hayamos dado tan poco valor al pasado: es antiguo, inservible y obstruye el paso al chorro vital del presente. Nuestras juventudes se han adueñado de la vida, que en su mayor parte es digital, y han instaurado la dictadura del ahora, sin mirar hacia atrás y quizá así, sin girar la cabeza, piensan que podrán evitar el mirar con perspectiva y negarse a reconocer, entre tweet y tweet, que ellos también se están haciendo mayores.

Yo apelo al recuerdo, quiero recordar, no quiero olvidar. Y mucho menos dentro de la comunidad LGTBI, un colectivo que se ha unido recientemente y que ha avanzado a pasos agigantados. Cuesta creer que todas esas personas que consiguieron tantas cosas no son ni el más nimio recuerdo para los que disfrutamos de lo conseguido con su sangre derramada.

Creo que es una obligación para nosotros y un derecho de ellos el que sean recordados una y mil veces; jamás habríamos llegado a tener lo que tenemos sin su actitud pionera y su lucha por una vida digna; además, sin Internet, sin apoyo, sin el refugio de un establishment al que acudir para ser protegidos. Solos con su esperanza, y convicción de traernos de las oscuras fosas de la marginalidad. 

Algunos ni lo llegaron a ver, ni siquiera fueron conscientes de lo que estaban consiguiendo. Por eso, una vez más, quiero que recordemos a nuestros antepasados, los que lucharon en el mundo por conseguir la libertad y el reconocimiento de nuestro colectivo.

Porque ladrillo a ladrillo se hace pared y esta pared es fuerte gracias a ellos. 

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