El feminismo y la crítica a la masculinidad en el movimiento LGTB

El movimiento feminista y el de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) han compartido históricamente luchas y enfoques. Y pese a compartir eso, no siempre la relación ha sido fluida, ni siempre se ha visto clara una vinculación que ahora es para muchos transparente: la discriminación parte del mismo sistema social el heteropatriarcado. El machismo otorga roles y derechos en función del género y también delimita qué hombres y mujeres han de ser heterosexuales.

No fue siempre así. Todo el mundo ha visto esta interconexión. Hubo momentos históricos en los que el movimiento feminista no visibilizó el lesbianismo y, por otra parte, el movimiento lésbico tampoco siempre se sintió claramente feminista. La relación con el movimiento de hombres gays ha sido diferente: el movimiento gay no se ha postulado mayoritariamente como feminista, aunque pueda apoyar sus luchas por la igualdad o considerar al feminismo un aliado. Es un hecho, por ejemplo, que en las asociaciones y eventos mixtos LGTB suelen predominar los hombres, de una forma abrumadora. En muchas no se aplica una perspectiva feminista que promueva el empoderamiento a las mujeres bisexuales, lesbianas y transexuales a participar en unas asociaciones muy androcéntricas, aunque no necesariamente machistas.

En cambio, la tercera ola del feminismo se entrelaza con el movimiento queer (y con otros como el ecologismo, el antirracismo, etc) tanto desde un punto de vista teórico como de las mismas prácticas y de las asociaciones que se generan. En los nuevos movimientos alternativos no existe en muchas ocasiones separación por luchas ya que se consideran por igual feministas y a favor de las diferentes opciones del deseo, de los cuerpos y de los afectos. Incluso plantean, en algunos casos, nuevas formas de relación afectivo-sexual que superen la pareja tradicional, como el llamado “poliamor”. Con todo, esta tercera ola está muy circunscrita –al menos en el Estado español– a movimientos alternativos, sin ser todavía hegemónica. Aún perviven muchas asociaciones LGTB y feministas que trabajan en colaboración si hace falta, pero de forma separada y que no buscan espacios en común. La interrelación y la colaboración continuada o incluso el trabajo desde una misma entidad (por el feminismo y por los derechos del colectivo LGTB) no es lo hegemónico aún, pero sí una tendencia en crecimiento.

Feminismo en el colectivo gay

Y creo que donde menos conciencia hay de la conexión con el feminismo no es en el movimiento gay sino entre los gays (sobre todo si no son activistas). El colectivo de hombres gays, como tal, diría que comparte actitudes machistas e incluso misóginas en la misma medida que el colectivo de hombres heterosexuales. No creo que como colectivo seamos más machistas que los heterosexuales, pero no tengo claro que lo seamos menos. Tampoco creo que hayamos incorporado como colectivo (ni en algunas ocasiones como movimiento social) aprendizajes clave del feminismo como cuestionarnos las relaciones personales y pensar que lo personal es político.

Mucho ha reflexionado el movimiento gay sobre la discriminación que padecemos y la homofobia de la sociedad. Por pura necesidad: hasta hace nada nos mataban o encarcelaban en este país, y aún lo siguen haciendo en muchos otros países. El movimiento LGTB en sus inicios tenía como prioridad evitar la discriminación y la violencia que padecíamos en una sociedad hostil. Era lógico que el movimiento gay se centrara en conseguir que la sociedad asumiera la diversidad sexual: por pura supervivencia. Pero ahora, con las cotas de libertades conseguidas en este país -aunque todavía quede mucho por conseguir una igualdad real- es un buen momento para que los gays como movimiento y como colectivo trabajemos nuestra cotidianidad con las herramientas del feminismo. ¿Hasta qué punto reproducimos en nuestras relaciones con las mujeres y con otros hombres actitudes del machismo y de la masculinidad más tóxica y generamos violencias intragénero?

Y aquí aparece la conexión entre el movimiento gay y el feminista y entre el movimiento de hombres gays y el de hombres feministas o por la igualdad: la deconstrucción de una masculinidad machista y tóxica en la que también hemos sido educados los homosexuales. En mi caso participo de ambos movimientos y considero especialmente interesante este intercambio de conocimientos y de prácticas y el inicio de un trabajo conjunto de deconstrucción de la homofobia como elemento básico de la nueva masculinidad feminista pero también de deconstrucción del machismo y la toxicidad social de la masculinidad hegemónica de la que también participan los gays.

El machismo niega a los hombres la expresión de los sentimientos, de los afectos, el reconocimiento de la vulnerabilidad propia y el establecimiento de relaciones de cuidado con los demás. ¿Reproducimos los gays esas violencias de género en nuestras relaciones con mujeres o hombres? ¿Las convertimos en violencias intragénero, bien sea en pareja, con amantes o con amigos? En algunas subculturas del colectivo gay se valora y se potencia la masculinidad más rancia y más machista, más dominante y más agresiva. Esto pasa en un contexto social que fomenta la desigualdad de género y el machismo. Si trabajamos en pro de la igualdad, el feminismo tiene que ser parte del ideario del movimiento LGTB y del colectivo y al revés. En este punto, la colaboración, e incluso confluencia, entre el movimiento de hombres por la igualdad y LGTB puede ser muy interesante.

Y reconozco que no tengo las respuestas pero sí tengo preguntas que creo que deberíamos hacernos como colectivo (y como movimiento) sobre nuestra masculinidad para mejorar nuestras relaciones personales y nuestras vidas y hacerlas más igualitarias. En este camino creo que el feminismo nos puede ayudar.

Vicent Canet es miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE)

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