fatigas grande

Carta de agradecimiento a los miembros de Hazte oír y a su 'autobús del odio'

Lo dicen todos los manuales de autoayuda. También los libros de psicología. De hecho, existe toda una corriente, la psicología positiva, que se encarga de estudiarlo. Cuando tu pareja te deja es lo que siempre se suele decir y si tu casa se ha quemado será probablemente lo que tu entorno use para animarte. Me refiero a una frase, que tanto malgastan los fans de Paulo Coelho, pero que, utilizada en esta ocasión tiene mucho sentido: Hay que mirar el lado positivo de las cosas.

La verdad es que, a bote pronto, es difícil encontrar la parte positiva a un autobús cargado de odio, discriminación, falta de humanidad, empatía, corazón… –la lista podría seguir interminablemente. Pero sí, la tiene.

La aberración perpetrada por los señores de Hazte oír ha puesto sobre la mesa el tema de la transexualidad infantil. Y eso es muy positivo. Un tema que intentaba encontrar un sitio en la ocupada agenda de la actualidad, pero que en la mayoría de los casos se pasaba por alto. Algunos medios digitales como Verne o programas de televisión como Conexión Samantha ya habían dado un paso al frente, pero no conseguía llegar a una mayoría que nos permitiera analizar socialmente el impacto en la población y determinar la posición en la que se encontraba la opinión pública. De hecho, la campaña de la asociación de familias de menores transexuales Chrysallis, a la que responde este autobús, no era otra cosa que un intento por visibilizar esta situación y hacerla partícipe de una realidad tangible dentro de la sociedad.

Pero hay una noticia aún mejor. No solo no se habla de otra cosa en estos días, sino que hemos comprobado como estas familias, estos hijos, este colectivo, ha encontrado un fuerte apoyo entre el entorno cisgénero heterosexual. Al día siguiente del inicio de la campaña de los señores de Hazte oír, un periódico de tirada nacional, concretamente El País, comenzaba informando que Madrid había inmovilizado el autobús de esta forma: “La respuesta, contundente y multitudinaria, apenas ha tardado 24 horas en llegar. Instituciones, partidos, sindicatos y organizaciones civiles han manifestado este martes su rechazo al autobús tránsfobo (…)”. ¿No es maravilloso? ¿No vale la pena todos los autobuses tránsfobos del mundo -igual me estoy pasando- para saber que esta gente está arrinconada?, ¿qué cada vez son menos y que ya nadie sigue su juego? Ha sido una perfecta forma de medir la actitud con respecto a la transexualidad infantil -¿o contra las ideas retrógadas?-. Hemos comprobado cómo nos estamos liberando de las cadenas de los prejuicios y repudiando, cada vez más unánimemente, este tipo de  actitudes discriminatorias.

La verdad es que me encantaría que llegara el momento en que no se necesitara que una bomba atómica de este calibre irrumpiera en la opinión pública para hablar del tema en medio generalistas. Pero, mientras tanto, alegrémonos. Bastantes tenemos con las noticias de agresiones que van en aumento año tras años, la discriminación, las actitudes homófobas… a las que es imposible sacarles la parte positiva. Ya era hora de tener una buena noticia.

Quisiera terminar agradeciendo, de forma explícita, a los señores de Hazte oír el favor que nos han hecho. Posiblemente los colectivos LGTBI, o las asociaciones de familiares de menores transexuales, se hubieran tenido que gastar mucho dinero en entrevistas y encuestas para analizar el nivel de aceptación que tiene el tema en la sociedad. Pero gracias a ellos no ha sido necesario. Además, estoy prácticamente seguro que ellos también acabaran aceptándolo. Hace poco que han asumido que la Tierra no es plana, así que solo hay que darles un poco de tiempo. Ellos van a su ritmo.

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