Javier Abil: víctima de la homofobia

Javier Abil fue brutalmente asesinado y descuartizado el 5 de mayo de 2014 a la playa de Gandía. Los primeros indicios, producto de las investigaciones de la Guardia Civil, apuntaban a la homofobia como uno de los posibles móviles del crimen. Casi dos años después, en junio de 2016, se emitió una sentencia en primera instancia que incluía el agravante de homofobia, pero fue desestimado en segunda instancia con la consiguiente reducción de condena. Se trata de un caso que ha dejado la familia de Abil destrozada por la brutalidad del crimen y por el largo y duro camino que les ha supuesto pedir justicia. Un alto coste económico, entre abogados y tasas, pero también un alto coste emocional: un gran desgaste ante un contexto que no les entiende y no les da suficiente apoyo. En este camino no siempre han sido suficientemente acompañados ni por el movimiento de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB), ni por la sociedad, ni por las instituciones.

En mi opinión, el movimiento LGTB podría haber generado un debate social a partir de este caso: visibilizarlo como ejemplo de hasta dónde puede llegar la homofobia y reclamar la necesidad que las leyes, las políticas y las instituciones actúen contra la violencia LGTBfóbica. Pero ni se ha generado este debate, ni el caso ha recibido la atención que merecía por parte del movimiento, de las instituciones, ni tampoco de los medios de comunicación, que lo han tratado más como un suceso, de forma escabrosa, que como un posible caso de violencia homofóbica. En mi opinión, el periodismo tendría que plantearse también si este es el tratamiento adecuado o hace falta que sea más sensible y contextualizado que explique la violencia LGTBfóbica no como hechos aislados y desafortunados, sino como parte de un sistema social que nos discrimina y que requiere respuesta social e institucional.

Desde el movimiento LGTB, sólo el Observatorio Contra la Homofobia, ubicado en Catalunya, realizó actuaciones desde el primer momento. Comunicaron los hechos al fiscal de delitos de odio de Valencia, pidieron acciones a los grupos parlamentarios de las Cortes Valencianas y promovieron una pregunta al ministro del Interior sobre los hechos. El observatorio catalán ha hecho seguimiento y ha publicado el caso en su memoria. Algunas entidades LGTB locales de Gandía también han realizado homenajes o reconocimientos a esta víctima de la homofobia, pero en mi opinión no ha habido suficiente fuerza en la denuncia y la reivindicación. Las entidades LGTB locales, así como las de ámbito valenciano y español no han sido, desde mi punto de vista, suficientemente reivindicativas y sí demasiado “discretas” en este caso. No nos hemos preguntado, como movimiento, si los jueces tienen suficiente sensibilidad y conocimientos para evaluar la homofobia. Tampoco nos hemos preguntado si hay que hacer formación específica sobre violencia LGTBfóbica entre los jueces o hay que hacer activismo de calle para remover conciencias y generar sensibilización en la sociedad y la judicatura sobre las agresiones al colectivo LGTB.

El movimiento feminista, en su momento, reaccionó de una forma muy valiente ante sentencias que echaban la culpa de agresiones sexuales a las mujeres por "vestir provocativas" o por "no ofrecer resistencia". Hicieron denuncia pública inmediatamente: en la calle y a los medios. Para mí, el movimiento feminista es todo un ejemplo a seguir. En cambio, en el caso de Javier Abil ha habido muy pocas declaraciones públicas del movimiento LGTB –y menos aún movilizaciones–, ni cuando se dio a conocer el caso, ni cuando se juzgó en junio de 2016, ni con la sentencia en firme de noviembre del año pasado.

Sentencia en firme, sin agravante de homofobia

Finalmente, el pasado noviembre llega la sentencia en firme. No había presentes ni la acusación popular, ni la particular. La familia, agotada por un llevar camino en el que ha estado demasiado sola en demasiadas ocasiones, no recurrió esta decisión y, por lo tanto, la sentencia ya es en firme y definitiva. Ahora, sólo nos queda acatar la sentencia. Pero a acatar añado una cosa: reflexionar. Reflexionar en qué hemos fallado el movimiento LGTB, a parte de las honrosas excepciones, porque un caso tan brutal tenga una sentencia final como ésta. En la sentencia se atribuye la agresión que provocó la muerte de Abil, no a la homofobia, sino a las insinuaciones que hizo al tocarle la pierna y los genitales al asesino y que “parece que la mala interpretación de una acción de Javier obtuvo una respuesta exagerada y fatal para su vida”, según informaba la SER de Gandía.

Creo que nos tendríamos que preguntar como movimiento que hace que no tengamos como una de nuestras prioridades conjuntas la lucha contra la violencia LGTBfóbica en cualquiera de sus manifestaciones –como sí tiene el movimiento feminista en el caso de la violencia machista–. Creo que tendríamos que reclamar de forma contundente las herramientas necesarias para combatir esta violencia: una ley y unas políticas específicas, una sociedad concienciada y unos jueces sensibles. En este sentido, creo que tenemos que hacer pasos muy similares a las que ha hecho el movimiento feminista contra la violencia machista, que para mí es todo un referente: una reivindicación clara, rotunda y unitaria contra la violencia LGTBfóbica y un activismo constante por visibilizarla. Sin esta actitud, el agravante de homofobia que recoge la ley podrá seguir sin ser tenido en cuenta.

Vicent Canet, activista LGTB y vocal de comunicación del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de la Safor-Valldigna. (CLGS)

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