La jueza y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Jirka y Rasmus, un matrimonio gay checo-danés, son los padres de Olivia y Lukas, nacidos en California mediante Gestación Subrogada (GS). Jirka y Rasmus quisieron que los menores fuesen considerados por la Republica Checa como lo que son: su hija, su hijo. Pero las autoridades se negaron a reconocer esa filiación, dado que la ley no contemplaba que dos hombres pudiesen ser padres. Chequia no se posiciona claramente en contra de la GS, pero sí lo hacía en contra de conceder la filiación a favor una pareja de hombres. Jirka y Rasmus no aceptaron la negativa y el caso llegó hasta el Tribunal Supremo checo, que falló a su favor en julio de 2017. El veredicto tuvo una tremenda publicidad en el país, en gran parte negativa. El presidente checo incluso expresó, públicamente, su total desacuerdo con el mismo. Pero la decisión se mantuvo. Y la ley se cambió y hoy dos hombres pueden inscribir a sus hijos y ver reconocida su paternidad. Ahora la familia ha comenzado la misma lucha en Dinamarca, estado moderno, gay-friendly y.… y donde tampoco se admite que dos hombres puedan ser padres. El proceso podría acabar en los tribunales y llegar, dado el caso, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo.

Los tribunales, las juezas y jueces que los conforman, tienen una doble función. De un lado, aplicar y hacer cumplir las leyes. De otro, cambiar esas leyes cuando no son justas. Ejemplos de esto último hay en muchos países, como Chequia o España, donde sentencias judiciales han obligado a realizar cambios legislativos. Un jurista no debe, no puede, limitarse a aplicar la ley sin reflexionar sobre lo justo o injusto de la misma, sin sopesar la necesaria evolución de las leyes en relación a la sociedad. La administración de la Justicia no puede ser ejecutada como simple acto funcionarial pues, de ser así, perdería toda su trascendencia.

Además, el desarrollo de los Derechos Humanos no se basa, a la hora de la verdad, en la Declaración Universal de todos conocida. Antes bien, es la moral individual la que dicta normas y obliga a toda la ciudadanía a vivir bajo el imperio de la moral ajena. Las decisiones que toman los poderosos, fundadas en su propia ética, influyen profundamente en la vida de los ciudadanos, pues les otorgan o niegan derechos y futuros. Los tribunales pueden y deben velar porque futuros y derechos sean respetados más allá de la moralina de los dirigentes de cada época.

Al TEDH acaba de llegar, en olor de multitud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, doña María Elósegui Ichaso. No fue la mejor valorada de la terna propuesta por el Gobierno de España. El Comité de juristas, que debía dar el visto bueno a los candidatos, consideró que había otro aspirante con un mejor perfil, pero en la votación asamblearia fue la elegida. Elósegui obtuvo 114 votos, frente a 76 de Pérez de Nanclares y 37 de Pérez de los Cobos. Entre otros méritos valorados -abundantes a buen seguro-, como haber trabajo antes para el Consejo de Europa, la Asamblea quiso incorporar una mujer a un Tribunal en el que están aún en clara minoría, razón por la que obtuvo el apoyo mayoritario de la izquierda. La candidata ideal había llegado, propuesta por un gobierno conservador y apoyada por la izquierda europea. Pero solo es ideal de puertas para afuera. Su señoría ha realizado declaraciones y generado escritos en los que su perfil, conservador y religioso, va más allá de lo esperable en quien va a tener que entender no solo leyes, sino también de Justicia y Derechos.

Una persona, con independencia de su sexo, que estima que "Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías", no parece la más idónea para juzgar sobre igualdad o diversidad.

Alguien que opina que las personas transexuales deberían recurrir a "las terapias psicológico-psiquiátricas" apoyándose en la supuesta existencia de "numerosas revistas científicas" que así lo atestiguan (¿?), no parece la más adecuada para emitir opiniones que afectarán a la dignidad de miles de individuos.

Una jueza que considera, al hablar del matrimonio igualitario, que «Ningún ordenamiento jurídico europeo ha llamado a esas relaciones matrimonio, aunque les intente otorgar cierta protección jurídica que yo también considero justa dentro de ciertos límites» no puede ser quien juzgue sobre derecho de familia, máxime cuando considera que no todas las familias deben recibir el mismo tratamiento.

"¿Está a favor del matrimonio homosexual?", se le preguntaba en una entrevista tras su elección para el Tribunal de Estrasburgo. "Es una pregunta comprometida", dijo. "No es estar a favor o en contra. No voy a contestar… ...yo tendré que aplicar la ley, independientemente de lo que me guste". Ite missa est y amén, que hay silencios que son más elocuentes que un elaborado discurso.

Si el Tribunal Supremo checo se hubiese limitado a aplicar la ley, no habrían reconocido los derechos de Olivia y Lukas. Si una jueza o un juez se limita a aplicar la ley acabará por no administrar Justicia y, en un círculo vicioso, perpetuará los males que la legislación contenga.

La primera jueza española en el TEDH deberá apartarse cuando se trate de enjuiciar asuntos que conciernan a España. Lo que nos da un respiro. Pero no ocurrirá lo mismo con el resto de ciudadanos europeos, quienes cuentan desde este momento con alguien presto a defender los conceptos más tradicionales y las buenas costumbres.

Ignoro si una magistrada del Alto Tribunal europeo puede ser recusada, pero, si es posible, la recusación en causas donde se hable de ciertos DDHH debería plantearse desde ya. Al menos en las atinentes a colectivos LGTBI.

Y también habría que recusar, públicamente, a una Asamblea donde derechas e izquierdas se unieron para su elección. Sin saber a quién se votaba ni a quien se otorgaba poder de decisión sobre la vida, la familia, los hijos o el amor de millones de europeos.


Pedro Fuentes es presidente de la asociación Son Nuestros Hijos.

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