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La importancia de llamarse Nova

La famosa artista transexual acaba de poner el punto y final a la redacción de sus memorias: Nova: de niño a mujer. En pocos días también saldrá a la luz su nuevo single, Tarántulas rules, un homenaje a su –nuestra– querida Cristina La Veneno.

NovaLa primera vez que coincidí con Nova, hace más de doce años, ni siquiera ella misma sabía aún que era Nova. Se presentó a mí como Richy Bastante, un profesional del transformismo nacido a las orillas del tamarismo, aquella fuente inagotable de personajes en los albores del siglo XXI. Obnubilado por su kilos de laca, sus infinitas capas de maquillaje y sus inconfundibles gestos tamariles no pude resistirme a subirla al escenario de la fiesta dominguera Wateke! –en la ya desaparecida sala Flamingo, donde yo trabajaba– para que interpretara sus personalísimas versiones de clásicos de los ochenta. Y resultó ser toda una epifanía para los allí presentes.

Pero Richy no era solo un personaje. Ni siquiera era un satélite de la familia Seisdedos en busca de fama. En realidad era el precedente de una mujer transexual. El refugio de una persona que había encontrado en las capas de maquillaje la mejor forma de esconder su verdadera identidad de género y de ocultar los golpes —físicos y psicológicos— de un bullying continuado. Richy Bastante, a fin de cuentas, no era un personaje para la televisión, lo era para ella misma.

Pero de entre la oscuridad y el caos, como una verdadera explosión estelar, nació Nova. Consiguió surgir entre el fango como una delicada flor de loto, superar las adversidades y desarrollarse en todo su esplendor. Y yo, por suerte, pude ser testigo de todo aquello. Un buen día llegó a mi teléfono un sms –eso que utilizábamos los no millenials para comunicarnos hace una década– que decía: A partir de ahora llámame Nova. Solo escribió eso. Un escueto anuncio desde Alicante, lugar de residencia de su abuela Conchi y ciudad que había escogido para pasar una temporada alejada de los focos y reflexionar sobre lo que ya empujaba irreprimible desde su interior.

Desde entonces Nova no ha dejado de darnos sorpresas con su múltiples facetas. Ha sido presentadora del I Orgullo Trans Europeo, activista LGTBI, ilustradora, youtuber, adalid de la vida fitness... Pero, sobre todo, ha sido una rara avis del panorama televisivo español. Porque sí, ahora tenemos a Soy una pringada, a Otto Vans, a Platania, a Jedet y a un sinfín de personajes que hablan o se enmarcan dentro del género no binario o del género fluido. Pero no olvidemos que Nova, en aquellos años en lo que lo único que fluían eran las hostias, decía ante millones de personas que era transexual, que tenía pene y que era mujer; que el género no estaba en los genitales. Ni siquiera en el cuerpo. Un mensaje que en esa época resultaba extraño incluso dentro del colectivo.

Y así pasaron los años, retirada del panorama televisivo, hasta que hace pocos días nos ha sorprendido volviendo a la palestra con una entrevista en el programa Sálvame Deluxe. En ella no solo ha recordado su pasado mediático, sino que también ha hablado de la bonita relación que tiene con su marido Alejandro, también transexual, y ha anunciado su inminente incursión en el mundo editorial con Nova: de niño a mujer, sus memorias redactadas con la ayuda del periodista Óscar de la Hoz. Además, como no es mujer de un solo proyecto, también habló sobre el próximo lanzamiento de su nuevo single, Tarántulas rules, un homenaje a Cristina La Veneno, enemigas en platós –enfrentamientos que ya forman parte de la historia de la televisión nacional–, pero amigas en la intimidad.

En definitiva, Nova es un personaje que hay que reivindicar con fuerza porque abrió el camino a quienes venían detrás. Tuvo que pagar un precio muy alto –llegó a recibir una paliza delante de los ojos de su madre o a encontrarse dibujada una esvástica en el buzón de su casa–, pero se convirtió en un soplo de aire fresco en una época en la que la libertad sexual no iba más allá de incluir personajes gay en las tramas de las series de televisión porque estaba de moda. Fuera de eso, cualquier otro concepto, incluida la transexualidad, sonaba a física cuántica. O peor aún, a prácticas desviadas, alejadas de todo decoro social y limitadas a las explanadas de la Casa de Campo o a las aceras de la calle Ballesta. Ella ayudó, junto con otras grandes como La Veneno o Carmen de Mairena, a sacar el tema a la calle, a meterlo en un plató y a ponerlo ante los ojos de millones de españoles. A partir de ahí, las nuevas generaciones LGTBI han recogido el hilo de su discurso y lo han desarrollado hasta quedar impregnado en el tejido social. Pero no olvidemos que una de las pioneras de todo esto, al menos mediáticamente, fue Nova, alias la fisna del colectivo.

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