Fernando Tejero y su 'victimización' que es únicamente capitalismo

Como todos saben, es bastante diferente ser LGTB+ que ser activista LGTB+. En esta diferenciación, si se demoniza a las personas LGTB+, se critica aún más desde la religión y la política conservadora neoliberal a quienes se sienten con el derecho de reivindicar su orientación sexual, su identidad de género y el derecho a vivir en libertad. Si ya es triste que se critique el derecho a ser uno mismo desde las posiciones (ultra)conservadoras, es aún más triste que la crítica negativa provenga de las mismas personas LGTB+.

Últimamente Fernando Tejero está dando mucho de que hablar. Ello se ha visto favorecido ya que el activista Shangay Lily, ha escrito un artículo en el periódico Público criticando al actor y al llamado 'gaypitalismo'. Tejero, una persona hiperarmarizada, no deja de victimizarse contando a todos los medios –por una cantidad que no ha sido revelada– que le han sacado del armario "a patadas". Es curioso que hable tanto de privacidad, cuando va publicando entrevistas relatando lo 'desdichado que se siente'.

En mi opinión, Fernando vive una doble moral. Por una parte encontramos la actitud de "el amor y la experiencia LGTB+" es una cosa privada, por lo que está dando una imagen negativa de nuestro colectivo, de nuestra experiencia, de nuestra identidad sexual y de género, de invisibilizarnos, de avergonzarnos, de permitir la fascistoide LGTB+fobia que aún reprime a la sociedad. Por otra parte, encontramos la imagen de "me han sacado del armario y ahora voy a cobrar por todas las entrevistas que haga, favoreciendo el discurso ultraconservador, victimizándome hasta la náusea y demonizando a los activistas".

Esta situación es la vida misma dándonos una bofetada de realidad, recordándonos que hasta la más triste y repugnante LGTB+fobia se encuentra entre los integrantes del colectivo LGTB+. Y ésto no tendría mayor repercusión si no fuese porque, pecando de nuevo de una hipocresía aberrante, Fernando Tejero fue pregonero del Orgullo LGTB+ en Madrid (2006 y 2012) y en Sevilla (2011). Además de ello, curiosamente, el año pasado fue jurado del concurso más heterosexista, normativo y discriminador impuesto por AEGAL (la agrupación de empreasarios españoles LGTB+ (sin contar con la T ni la B en su nombre). Por supuesto, me refiero al concurso de Mr. Gay Pride.

Y sí, la situación puede ser aún peor. Ante los pocos recursos económicos de la FELGTB y de Cogam (que no entiendo por qué se la nombra junto a la FELGTB ya que la segunda pertenece a la primera, por muy organizadora del Orgullo que sea), éstos no tienen más remedio (supuestamente) que permitir que AEGAL 'gaypitalice' el orgullo de la forma más repulsivamente mercantilista. Yo soy de los que piensan que un Orgullo LGTB+ no se mercantiliza si las partes que lo forman no están de acuerdo en tal cosa, pero año tras año, comprobamos que hay más mercantilización y menos manifestación, o al menos, esa es mi sensación.

Pero no nos desviemos (más de lo que ya estamos). En vez de quejarnos sin una conclusión productiva, a mi me gustaría pensar el porqué el señor Tejero hace lo que hace. ¿Por qué habla tanto de vida privada y no le dejamos de ver en los medios del corazón? ¿Por qué se victimiza tanto cuando sus derechos han sido conseguidos por la lucha incansable de activistas LGTB+ desde Stonewall en 1969? ¿Por qué se arrodilla ante la casta más fascista criminalizando a quienes luchamos para que su dolor LGTB+fóbico (que dirá que no siente, pero es mentira) desaparezca? Porque ante un marco socio-económico-político neoliberal conservador, lo que este hombre quiere potenciar es el 'sálvese quien pueda'. Este actor prefiere despreciar 45 años de lucha incansable para salvar su propio trasero, antes que ayudar a quienes más lo necesitan.

La despreciable imagen de un "yo no soy culpable de nada" y "los malos son los otros" sólo hace que nos avergoncemos un poco más de los estragos tan visibles que la LGTB+fobia hace a nuestra propia gente. Y si se victimizara en silencio, pues por lo menos no haría daño a tantas personas que quizás algún día le tuvieron como referente, pero en cuanto lo hace público añade más estiércol a la montaña que ya habían aglutinado las multitudes conservadoras.

Y sí, seguiremos a pie de lucha para desmontar los prejuicios y los estereotipos que ha propiciado este señor. Porque al igual que tantos y tantos otros, es una figura pública más que no nos representa. Y para qué engañarse, cuanto antes desaparezca de los medios de comunicación mejor. Cuanto antes se de cuenta Fernando que su historia del 'pobrecito' no le importa a nadie, mejor. Porque la LGTB+fobia quizás nunca será erradicada, pero no nos faltarán ganas para combatirla desde la base hasta la más alta cúspide.

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