Duro relato de la víctima del ‘caso Romanones’ sobre abusos y sexo en grupo

El denunciante ratifica los abusos de los curas de Granada durante el tercer día de juicio. Ha ratificado episodios de "masturbaciones", "penetraciones" e "intentos de felaciones" cuando tenía entre 14 y 17 años.

Daniel romanones

El joven que ha denunciado al padre Román M.V.C. por supuestamente abusar sexualmente de él cuando era menor de edad ha declarado que este sacerdote "era todo" para él, "su guía y único referente", casi "como un padre" que le "manipuló y anuló por completo".

Esto explica que le impidiera alejarse de él y del grupo que conformaba durante el periodo en el que se produjeron los presuntos abusos, desde 2004 a 2007. El joven añadió sentía "auténtico pánico de dormir" junto a esta persona porque "sabía" que le "iba a tocar".

El denunciante ha relatado ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Granada que juzga al padre Román, que se enfrenta a una petición fiscal de nueve años de cárcel, los distintos abusos y "violaciones" a las que supuestamente fue sometido por parte de este sacerdote en la casa parroquial del templo de San Juan María Vianney del barrio granadino del Zaidín y en el inmueble que el grupo de Los Romanones tenía en los Pinillos.

Afirma que en este inmueble llegaron a participar otros tres curas más del grupo, que, según su testimonio, también mantenían relaciones sexuales en grupo entre ellos, si bien afirma que todos los miembros de este colectivo eran "conocedores de lo que allí sucedía".

Cinco horas de declaración

Lo ha hecho en el transcurso de una extensa declaración en calidad de testigo que se ha prolongado durante cinco horas y en la que se ha derrumbado en varias ocasiones, llegando a tener que salir una vez de la Sala, momento en el que ha insultado a algunos de los sacerdotes que estuvieron inicialmente imputados en la causa, de la que fueron excluidos tras declararse prescritos los delitos que se le atribuían.

El joven se ha referido a episodios de "masturbaciones", "penetraciones" e "intentos de felaciones" cuando tenía entre 14 y 17 años, un periodo en el que se ha definido como "vulnerado y pisoteado" y en el que mantenía una relación de "dependencia sentimental" respecto del padre Román, al que veía como "el todopoderoso", su guía y "único referente moral y espiritual".

"Era como si perteneciera a una secta cerrada y virulenta, que él lideraba, asumiendo todos sus abusos", ha relatado para explicar el porqué de seguir durante años en el llamado grupo de Los Romanones durante esta época de su adolescencia, cuando, afirma que la "única moral que conoció" fue "la del abuso sexual".

"Él -por el Padre Román- era capaz de hablar de amor fraternal en la Homilía y por la tarde estar violando a niños", ha clamado, afirmando que decidió acudir a la Justicia porque tras escribir al Papa y poner el asunto en conocimiento de la Diócesis de Granada no se sintió "ni apoyado, ni acompañado ni respetado" por el arzobispo de Granada, que también declarará como testigo en esta vista.

La carta al Papa

El joven ha relatado cómo se sucedieron los primeros momentos en los que decidió dar el paso de contar los supuestos abusos que había sufrido. Lo hizo primero enviando una carta al Papa Francisco en agosto de 2014 en la que le explicó su "calvario", lo que motivó una llamada del Pontífice en la que le pedía perdón por estas "heridas que son de la Iglesia" y le dijo que se pusiera en contacto con el Arzobispo de Granada.

En aquel momento, el arzobispo se puso a su disposición, ha dicho, y le informó de la puesta en marcha del procedimiento eclesiástico para esclarecer el asunto, llegando a hacerse cargo la diócesis de algunas facturas por la asistencia psicológica que recibió.

No obstante, el joven afirma que pasado el tiempo no vio "reacción" a su denuncia ante la Iglesia, por lo que decidió llevar los hechos ante la Justicia, lamentando que el arzobispo no hiciera caso a su petición de que no iniciara el interrogatorio a los sacerdotes que él había señalado hasta que interpusiera su demanda por miedo a que destruyera información.

El joven ha narrado los "daños psicológicos y físicos" derivados de estos episodios, llegando a tener en la actualidad "aversión a los sacerdotes", con los que le "cuesta mantener una relación". "No puedo ir a misa porque me parte en dos (...) no puedo escuchar a un cura ahí subido hablar de amor fraternal porque me suena al amor fraterno que llevó a que abusaran de mí", ha llegado a decir.

El juicio continúa este jueves con la declaración de nuevos testigos propuestos por las partes.

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